6 de Julio de 2026

14º Ordinario

Santa María Goretti (1902)

 

Os 2,16.17b-18.21-22: Me casaré contigo

Sal 145: «El Señor es clemente y misericordioso»       

Mt 9,18-26: «Mi hija acaba de morir»

 

En aquel tiempo, mientras Jesús les explicaba, se le acercó un jefe, se postró ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven a imponerle tu mano y ella recobrará la vida. 

19 Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. 

20 Entre tanto, una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, se le acercó por detrás y le tocó el borde de su manto. 

21 Pues se decía: Con sólo tocar su manto, quedaré sana. 

22 Jesús se volvió y al verla dijo: ¡Ten confianza, hija! Tu fe te ha sanado. Al instante la mujer quedó sana. 

23 Jesús entró en casa del jefe y al ver a los flautistas y el barullo de gente, 

24 dijo: Retírense; la muchacha no está muerta, sino dormida. Se reían de él. 

25 Pero, cuando echaron a la gente, él entró, la tomó de la mano y la muchacha se levantó. 

26 El hecho se divulgó por toda la región.

 

 

Comentario 

Justicia y derecho, cariño y afecto. Cuatro valores que reflejan el amor de Dios por nosotros, su pueblo y su creación. Nunca dudamos de la elección de Dios por nosotros, pero ¿se nota en nuestra vida que estamos viviendo esa hermosa experiencia “esponsal” con Él? A veces, cuando preguntan cómo se nota que alguien que bebía está cambiando, la mejor respuesta sería: la conversión se nota en el impacto positivo que genera en los demás. No se trata solo de dejar de beber, sino de que, al hacerlo, podamos aportar vida y frescura a quienes nos rodean, especialmente a la familia. Eso es lo que significa vivir la hermosa experiencia del amor de Dios con nosotros. “Ten confianza”, nos dice Jesús. Es una invitación a confiar en la nueva creación que va surgiendo en nosotros, pero, sobre todo, a confiar en Él. ¡Ánimo con este hermoso reto! 

 

Pensamiento del día.

“Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría” (ChV 119).