2 de Febrero del 2026

4a Semana Ordinario

Presentación del Señor

 

Mal 3,1-4: Ya llega el mensajero del Señor

Sal 24: «El Señor es el Rey de la gloria»

Heb 2,14-18: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos  

Lc 2,22-40: Mis ojos han visto a tu Salvador

Cuando llegó el día de su purificación, 

23 de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor. 

24 Además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. 

25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. 

26 Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. 

27 Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, 

28 Simeón tomó al niño en brazos y bendijo a Dios diciendo: 

29 Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu servidor muera en paz, 

30 porque mis ojos han visto a tu Salvador, 

31 que has dispuesto ante todos los pueblos 

32 como luz para iluminar a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. 

36 Estaba allí la profetisa Ana, de edad avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años, 

37 desde entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos. 

38 Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.

 

Comentario 

Hoy celebramos la Presentación del Señor, fiesta también conocida como la Candelaria, la fiesta de la luz. En el evangelio, María y José presentan a Jesús en el templo, cumpliendo con la ley, y allí Simeón, guiado por el Espíritu Santo, lo proclama como Salvador y luz para todos. Simeón actúa siempre bajo la guía del Espíritu, el mismo que ungirá a Jesús. Este niño presentado en el templo manifiesta la fuerza de Dios, trayendo esperanza y alegría. Su vida será un camino de transformación: de Dios hacia la humanidad y de regreso, renovándola. Además, la profetisa Ana confirma con fe lo dicho por Simeón: en Jesús se cumple la promesa de Dios y la liberación de su pueblo está cerca. Hoy pidamos que, como Simeón y Ana, reconozcamos a Jesús como la luz que transforma nuestra vida. 

Pensamiento del día.

“Jesús se fue formando, se fue preparando para cumplir el proyecto que el Padre tenía. Su adolescencia y su juventud lo orientaron a esa misión suprema” (ChV 27).