3 de Febrero del 2026

4a Semana Ordinario

San Blas (316); San Ascario (865)

 

2Sm 18,9-10.14b.24-25a.30–19,3: «¡Absalón, hijo mío, Absalón!»

Sal 86: «Inclina tu oído, Señor; escúchame» 

Mc 5,21-43: «Contigo hablo, niña, levántate»

En aquel tiempo, Jesús cruzó, de nuevo en la barca, al otro lado del lago, y se reunió junto a él un gran gentío. Estando a la orilla 

22 llegó un jefe de la sinagoga llamado Jairo, y al verlo se postró a sus pies 

23 y le suplicó insistentemente: Mi hijita está agonizando. Ven e impón las manos sobre ella para que sane y conserve la vida. 

24 Se fue con él. Lo seguía un gran gentío que lo apretaba por todos lados. 

25 Una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, 

26 que había sufrido mucho en manos de distintos médicos gastando todo lo que tenía, sin obtener mejora alguna, al contrario, peor se había puesto, 

27 al escuchar hablar de Jesús, se mezcló en el gentío, y por detrás le tocó el manto. 

28 Porque pensaba: Con sólo tocar su manto, quedaré sana. 

29 Al instante desapareció la hemorragia, y sintió en su cuerpo que había quedado sana. 

30 Jesús, consciente de que una fuerza había salido de él, se volvió a la gente y preguntó: ¿Quién me ha tocado el manto? 

31 Los discípulos le decían: Ves que la gente te está apretujando, y preguntas ¿quién te ha tocado? 

32 Él miraba alrededor para descubrir a la que lo había tocado. 

33 La mujer, asustada y temblando, porque sabía lo que le había pasado, se postro ante él y le confesó toda la verdad.

34 Él le dijo: Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia

35 Aún estaba hablando cuando llegaron algunos de la casa del jefe de la sinagoga y dijeron: Tu hija ha muerto. No sigas molestando al Maestro. 

36 Jesús, sin hacer caso de lo que decían, dijo al jefe de la sinagoga: No temas, basta que tengas fe. 

37 Y no permitió que lo acompañara nadie, salvo Pedro, Santiago y su hermano Juan. 

38 Llegaron a casa del jefe de la sinagoga, vio el alboroto y a los que lloraban y gritaban sin parar. 

39 Entró y les dijo: ¿A qué viene este alboroto y esos llantos? La muchacha no está muerta, sino dormida. 

40 Se reían de él. Pero él, echando afuera a todos, tomó al padre, a la madre y a sus compañeros y entró a donde estaba la muchacha. 

41 Sujetando a la niña de la mano, le dijo: ’Talitha qum’, que significa: ‘Chiquilla, te lo digo a ti, ¡levántate!’ 

42 Al instante la muchacha se levantó y se puso a caminar –tenía doce años–. Ellos quedaron fuera de sí del asombro. 

43 Entonces les encargó encarecidamente que nadie se enterara de esto. Después dijo que le dieran de comer.

 

Comentario 

El evangelio de hoy nos presenta dos milagros entrelazados: la sanación de una mujer con flujo de sangre y la resurrección de la hija de Jairo, un jefe de la sinagoga. Jairo se acerca a Jesús con confianza: se postra y suplica por su hija. Mientras caminan, una mujer enferma toca a Jesús con fe y es sanada. Ambos milagros tienen un mensaje claro: la fe es clave para experimentar la vida nueva que Jesús ofrece. Tanto la mujer como la niña reciben sanación, y las palabras de Jesús a Jairo, “No temas, solo ten fe”, nos invitan a confiar en Él, incluso en medio de las dificultades. Hoy, recordemos que la fe en Jesús no solo sana, sino que renueva y da esperanza. ¿Dejamos que nuestra fe en Él guíe nuestra vida? 

Pensamiento del día.

“Es propio del corazón joven disponerse al cambio, ser capaz de volver a levantarse y dejarse enseñar por la vida” (ChV 12).