1 de Febrero del 2026

4ta Ordinario

Santa Brígida de Irlanda (525)

 

Sofonías 2,3; 3,12-13: Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde

Salmo 146: Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos 

1 Corintios 1,26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo  

Mateo 5,1-12a: «Estén alegres; su recompensa será grande»

En aquel tiempo, al ver a la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. 

2 Tomó la palabra y comenzó a enseñarles del siguiente modo: 

3 Felices los pobres de corazón, porque el reino de los cielos les pertenece. 

4 Felices los afligidos, porque serán consolados. 

5 Felices los desposeídos, porque heredarán la tierra. 

6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 

7 Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia. 

8 Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios. 

9 Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. 

10 Felices los perseguidos por causa del bien, porque el reino de los cielos les pertenece. 

11 Felices ustedes cuando los injurien y los persigan y los calumnien falsamente de todo por mi causa. 

12a Alégrense y pónganse contentos porque el premio que les espera en el cielo es abundante.

Comentario 

El profeta Sofonías nos habla de un lugar donde no habrá muerte ni mentira, un sitio de tranquilidad. Es un mensaje lleno de esperanza, especialmente para quienes vivimos rodeados de violencia, hambre e injusticia. Ese lugar que anuncia Sofonías solo puede existir en Dios y a través de Él. Nuestro papel es buscar al Señor y seguir sus mandatos. Debemos contribuir a construir ese lugar, buscando siempre la humildad y la justicia, que son pilares fundamentales para una sociedad justa y en paz. 

Pablo, en su carta a los corintios, nos describe a aquellos que han sido llamados por Dios para formar la comunidad de los elegidos, una comunidad de hermanos donde florecerá el Reino de Dios. Es importante recordar que toda elección implica una exclusión; de otro modo, no sería una verdadera elección. Pablo nos presenta a los elegidos según el plan de Dios: A los locos del mundo, para humillar a los sabios; A los débiles, para humillar a los fuertes; A los despreciados, para anular a los que se creen importantes. 

Este “elenco” es la prueba de que Dios siempre elige lo que el mundo considera insignificante. La lógica de Dios es clara y contundente, y nos interpela a todos, incluida la Iglesia. Es urgente que confrontemos nuestras decisiones con las elecciones de Dios y que actuemos para estar más cerca de su corazón.

El Evangelio de las bienaventuranzas refuerza el mensaje de Pablo. Jesús, como un nuevo Moisés, habla desde la montaña y nos presenta un camino claro hacia el Reino de Dios. Llama la atención la bienaventuranza que nos dice quiénes serán los dueños del Reino:  

“Felices los perseguidos por causa del bien, porque el Reino de los cielos les pertenece”.

El Evangelio pocas veces afirma claramente de quién será el Reino, pero aquí lo deja claro: de aquellos que trabajan por el bien. Y no solo por su bien personal, sino por el bien común, por los débiles, los que parecen no valer nada, como nos recuerda la carta a los corintios. Hoy, muchos se autoproclaman defensores del bien común, pero es fácil olvidar a quienes Dios ha elegido. El Señor nos ha escogido desde siempre. ¿Lo hemos elegido nosotros a Él? ¿Sigue la Iglesia la lógica de Dios, proclamando las bienaventuranzas y estando al lado de los pobres? 

Pensamiento del día.

“Ojalá siempre haya cerca de un joven sufriente una comunidad cristiana que pueda hacer resonar esas palabras con gestos, abrazos y ayudas concretas” (ChV 77).