Editorial

Tiempo ordinario


«Partir es, ante todo, salir de uno mismo. Romper la coraza del egoísmo que intenta aprisionarnos en nuestro propio yo» (Helder Cámara)

Al iniciar el mes de noviembre con la solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los fieles difuntos, nos orientamos como comunidades de fe a abrazar esa promesa de eternidad en Dios. Referirnos a la eternidad es pensar en lo bueno, lo noble y lo bello de las realidades, experiencias que no caducan, que no son efímeras y que permanecen en la memoria. Y para comprenderlo mejor la liturgia de la Palabra de estos días nos ayudará a poner el corazón en lo realmente importante, en aquello que genera vitalidad y alegría verdadera. Llega el tiempo de la revisión de lo vivido durante el año, es la oportunidad de hacer un balance que nos permita reconocer los logros, las dificultades mayores y los desafíos de cara al nuevo año litúrgico que se avecina. Luego de la fiesta de Cristo Rey nos corresponde rendir cuentas no sólo al Dios justo y misericordioso sino, ante todo, a nosotros mismos. No dejemos de orar por la paz en el mundo y por las personas que más sufren a consecuencia del egoísmo humano.

«Al final del camino me dirán: - ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres...» (Don Pedro Casaldáliga).

Diario Bíblico

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