|
Al iniciar este mes de julio seguimos recorriendo el camino del Tiempo Ordinario con la certeza de que Dios continúa actuando silenciosa y fecundamente en nuestra historia. En este horizonte, la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV nos recuerda que edificar un mundo en el que todos puedan “florecer” exige una corresponsabilidad valiente y que ninguna mano es tan débil como para no poder ofrecer su contribución (Magnifica Humanitas 13).
El evangelista Mateo nos acompañará en este itinerario espiritual con textos que nos invitan a renovar nuestra confianza en el Señor: la oración de Jesús al Padre, que revela cómo el Reino se manifiesta con predilección a los pequeños y sencillos; la parábola del sembrador, que muestra la generosidad de Dios al esparcir la semilla del Evangelio en toda clase de terreno y confiar en su fecundidad; la del trigo y la cizaña, que nos enseña a esperar con paciencia el tiempo de Dios mientras el bien y el mal crecen juntos en la historia; y finalmente las parábolas del tesoro escondido, la perla preciosa y la red, que nos invitan a discernir aquello que verdaderamente tiene valor y a elegir lo que nos conduce a una vida más plena, más humana y más conforme al Reino.
Cada una de estas páginas nos revela que el Reino de Dios crece muchas veces de manera discreta, pero transformadora; que el bien continúa sembrándose incluso en medio de las contradicciones del mundo; y que el Evangelio sigue ofreciendo un modo alternativo de vivir, capaz de generar comunión y devolver esperanza a nuestra humanidad.
Que este mes nos ayude a descubrir nuevamente el tesoro del Reino y a reconocer que Dios sigue obrando también en lo pequeño, en lo cotidiano y en aquellas manos que, unidas a otras, hacen posible que el Reino florezca entre nosotros.
|
|