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Agosto nos invita a recorrer un auténtico camino de discipulado de la mano del Evangelio de san Mateo. En cada página descubriremos que seguir a Jesús no significa caminar por senderos libres de dificultades, sino aprender a confiar en Él en medio de la vida cotidiana.
Comenzamos contemplando la multiplicación de los panes, donde Jesús transforma la escasez en abundancia y nos recuerda que la generosidad siempre abre caminos de esperanza. Después, en la noche agitada del lago, Pedro representa nuestras propias dudas y temores. Cuando el viento parece más fuerte que la fe, la mano de Jesús continúa tendida para sostener a quien se atreve a clamar: «¡Señor, sálvame!».
La fe perseverante de la mujer cananea ensancha nuestro horizonte y nos recuerda que el amor de Dios no conoce fronteras. Finalmente, la confesión de Pedro y el anuncio de la pasión nos revelan que el verdadero discipulado pasa por la entrega: tomar la cruz no es buscar el sufrimiento, sino amar con la misma fidelidad de Jesús.
En este itinerario brillan también dos grandes celebraciones: la Transfiguración del Señor, que anticipa la luz de la Resurrección en medio del camino, y la Asunción de la Virgen María, signo de la esperanza que Dios ofrece a toda la humanidad.
Que la Palabra encuentre espacio en tu corazón, ilumine tus decisiones, fortalezca tu fe en las tormentas y renueve cada día tu deseo de seguir a Jesús.
¡Feliz camino junto a la Palabra durante este mes de agosto!
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