19 de Abril del 2026

3º de Pascua

San Expedito (303) 

Hechos 2,14.22-33: No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio

Salmo 16: «Señor, me enseñas el sendero de la vida»

1 Pedro 1,17-21: «Han sido redimidos con la sangre de Cristo»        

Lucas 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan

 

Aquel mismo día, dos discípulos de Jesús iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén. 

14 En el camino conversaban sobre todo lo sucedido. 

15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. 

16 Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo. 

17 Él les preguntó: ¿De qué van conversando por el camino? Ellos se detuvieron con rostro afligido, 

18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que desconoce lo que ha sucedido allí estos días? 

19 Jesús preguntó: ¿Qué cosa? Le contestaron: Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. 

20 Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 

21 ¡Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel!, pero ya hace tres días que sucedió todo esto. 

22 Es verdad que unas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado; ellas fueron de madrugada al sepulcro, 

23 y al no encontrar el cadáver, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles asegurándoles que él está vivo. 

24 También algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como habían contado las mujeres; pero a él no lo vieron. 

25 Jesús les dijo: ¡Qué duros de entendimiento!, ¡cómo les cuesta creer lo que dijeron los profetas! 

26 ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria? 

27 Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura se refería a él. 

28 Se acercaban al pueblo adonde se dirigían, y él hizo ademán de seguir adelante. 

29 Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día se acaba. Entró para quedarse con ellos; 

30 y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. 

31 Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 

32 Se dijeron uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura? 

33 Se levantaron al instante, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros, 

34 que afirmaban: Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. 

35 Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

Comentario 

Jesús, un joven adulto lleno de vida y utopías, fue brutalmente asesinado en la cruz por el imperio, en complicidad con los líderes religiosos de su tiempo. ¡Pero ha resucitado! Este es el Kerigma, el primer anuncio que Lucas nos presenta tanto en su evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, donde se recoge la vida de Jesús. En este mensaje, el crucificado y el resucitado no están separados. La encarnación y sus consecuencias (persecución, injusticia, pena de muerte) son parte inseparable de la presentación del Resucitado. La vulnerabilidad de Jesús en un mundo hostil otorga un nuevo brillo y fuerza a la experiencia de la resurrección.

Dios no se queda al margen, ni es distante o impasible. En la Resurrección, Él toma partido por el crucificado, el condenado injustamente, y por la vida de los más pobres. Es el grito de Dios que exige el fin de la violencia, de la corrupción y del poder que aplasta a inocentes. Es la confirmación divina de la vida coherente de Jesús: sus palabras, acciones y opciones siempre estuvieron del lado de los pobres, los enfermos y los marginados.

Este proceso de comprensión y transformación lo vivieron también los discípulos en el camino a Emaús. Al principio, confundidos y desesperados, no reconocían al Resucitado, pero fue en la fracción del pan donde sus ojos se abrieron. Al igual que ellos, nosotros estamos invitados a reinterpretar nuestras vidas a la luz de la Resurrección. La experiencia del encuentro con Jesús vivo les dio a ellos y nos da a nosotros la fuerza para sanar las heridas del pasado y transformar el dolor en energía renovada para continuar la misión.

En este tiempo de Pascua, revivamos ese mismo espíritu. Proclamemos con alegría que Jesús está vivo, y que sigue compartiendo su pan con quienes sufren. Como los discípulos de Emaús, retornemos a nuestras comunidades con el corazón ardiendo y el compromiso renovado de ser testigos de la vida y la justicia.

¿Te atreves a reinterpretar tu vida personal, familiar y comunitaria a la luz de la Resurrección? ¿Te sientes ubicado junto al Dios de Jesús, en lo social, espiritual y existencial? ¿Te animas a seguir el ejemplo del Nazareno, pasando por la vida haciendo el bien y liberando del sufrimiento?

 

Pensamiento del día.

“Jesús es el pan de vida que alimenta nuestra vida. Al compartir su mesa, encontramos la paz que buscamos y la fuerza para enfrentar cualquier desafío” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).