8 de Marzo del 2026
Descripción
3º de Cuaresma
San Juan de Dios (1550)
Éxodo 17,3-7: Danos agua de beber
Salmo 95: Ojalá escuchen al Señor: “No endurezcan el corazón”
Romanos 5,1-2.5-8: El amor ha sido derramado en nosotros
Juan 4,5-42: Un surtidor de Agua que salta hasta la vida eterna
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José.
6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía.
7 Una mujer de Samaría llegó a sacar agua. Jesús le dice: Dame de beber.
8 Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida.
9 Le responde la samaritana: ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Los judíos no se tratan con los samaritanos.
10 Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.
11 Le dice la mujer: Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva?
12 ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños?
13 Le contestó Jesús: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed;
14 quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna.
15 Le dice la mujer: Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla.
16 Le dice: Ve, llama a tu marido y vuelve acá.
17 Le contestó la mujer: No tengo marido. Le dice Jesús: Tienes razón al decir que no tienes marido;
18 porque has tenido cinco hombres, y el que tienes ahora tampoco es tu marido. En eso has dicho la verdad.
19 Le dice la mujer: Señor, veo que eres profeta.
20 Nuestros padres daban culto en este monte; ustedes en cambio dicen que es en Jerusalén donde hay que dar culto.
21 Le dice Jesús: Créeme, mujer, llega la hora en que ni este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre.
22 Ustedes dan culto a lo que no conocen, nosotros damos culto a lo que conocemos; porque la salvación procede de los judíos.
23 Pero llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y verdad. Porque esos son los adoradores que busca el Padre.
24 Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en Espíritu y verdad.
25 Le dice la mujer: Sé que vendrá el Mesías – es decir, Cristo–. Cuando él venga, nos lo explicará todo.
26 Jesús le dice: Yo soy, el que habla contigo.
27 En esto llegaron sus discípulos y se maravillaron de verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le pregunto qué buscaba o porqué hablaba con ella.
28 La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a los vecinos:
29 Vengan a ver un hombre que me ha contado todo lo que yo hice: ¿no será el Mesías?
30 Ellos salieron del pueblo y acudieron a él.
31 Entretanto los discípulos le rogaban: Come, Maestro.
32 Él les dijo: Yo tengo un alimento que ustedes no conocen.
33 Los discípulos comentaban: ¿Le habrá traído alguien de comer?
34 Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y concluir su obra.
35 ¿No dicen ustedes que faltan cuatro meses para la cosecha? Pero yo les digo: levanten los ojos y observen los campos que ya están madurando para la cosecha.
36 El segador ya está recibiendo su salario y cosechando fruto para la vida eterna; así lo celebran sembrador y segador.
37 De ese modo se cumple el refrán: uno siembra y otro cosecha.
38 Yo los he enviado a cosechar donde no han trabajado. Otros han trabajado y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.
39 En aquel pueblo muchos creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: Me ha dicho todo lo que hice.
40 Los samaritanos acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días,
41 y muchos más creyeron en él, a causa de su palabra;
42 y le decían a la mujer: Ya no creemos por lo que nos has contado, porque nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es realmente el Salvador del mundo.
Comentario
La tentación que enfrentaron los israelitas en el desierto, preguntándose si el Señor estaba con ellos, nunca ha desaparecido por completo: “¿Está o no con nosotros el Señor?”. Esto surgió como reacción a la difícil situación a la que su líder los había llevado. ¿Es esto lo que Dios quiere para su pueblo liberado? Esta pregunta requiere un discernimiento rápido y claro.
Es natural y lógico querer asegurarse de que uno está en el camino correcto hacia el objetivo deseado. Debemos tener indicadores que nos muestren dónde nos encontramos. Pero, ¿qué pasa cuando los recursos básicos no están disponibles? En estos casos, lo lógico es cuestionar si las decisiones tomadas fueron las correctas, analizar la situación real, identificar las fallas y proyectar soluciones. Los israelitas en el desierto, sin embargo, no hicieron esto; en lugar de eso, atacaron a su líder, lo que se interpreta como una rebelión contra Dios.
En nuestras sociedades latinoamericanas, con profundas raíces católicas y una inclinación hacia el monarquismo, cuestionar a las autoridades no es bien visto. Se asume que las autoridades están allí “por voluntad de Dios” y se consideran casi divinamente asistidas, por lo que no se sienten obligadas a rendir cuentas. La Biblia parece reprobar la rebelión contra la autoridad, según la lectura de hoy. Sin embargo, la narrativa del Éxodo tiene otro objetivo: mostrar que es Dios, y no Moisés, quien asiste al pueblo en sus necesidades. Moisés es simplemente un instrumento del Señor.
El episodio del Éxodo se conecta con el evangelio de san Juan a través del tema del agua. El agua es esencial para la vida; sin ella, el ser humano perece. No importa el costo, no hay sustituto para el agua. Esta esencialidad también representa la revelación de Jesús para la humanidad, según el evangelio. La mujer en el pozo también tiene necesidad, ante todo, de esa agua viva que refresque su existencia, algo que sólo Dios puede proveer; el encuentro de vulnerabilidades suscita aquella conversación transformadora, y es un componente importante para todo diálogo saludable. En el encuentro de Jesús con la samaritana, las diferencias de etnia, estatus, sacralidad, religión y género son irrelevantes. Lo que importa es la vida. Que no priven más tus complejos y silencios, sino la apertura a ese manantial de vida que Dios te ofrece.
Pensamiento del día.
“Jesús habla del agua viva, como una fuente inagotable de fe y esperanza. Nos da fuerzas para enfrentar los desafíos, como un surtidor que nunca dejará de fluir” (Marcia Chumpitaz, Colegio Claretiano Lima, Perú).
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