El extranjero no me da miedo
“Conocer al otro es tomar parte en su vida, compartirla con él y permitirle participar también en la nuestra.
Hay que hacer el camino hacia el otro.
Estamos acostumbrados a decir que estamos frente al otro. Pero yo rechazo ese discurso. Estar uno frente al otro significa que yo tengo que hacer la mitad del camino y él la otra mitad. Yo me niego a esto; yo hago todo el camino porque soy capaz de hacer todo el camino. Soy yo el que voy hasta el otro. Así, él aprenderá y hará como yo. Confió en él. No tengo miedo del otro, del extranjero. Hay que decirlo, hay que pronunciar esta frase: “El extranjero no me da miedo”.
El extranjero de religión, de cultura, de civilización, de destino, de país. Yo hago ese camino porque voy a encontrar a alguien que tiene valores, valores comunes como los míos. Expresados, pensados o dichos de otra manera, pero me encuentro en el mismo terreno de valores.
Él necesita amor, y yo también. Él necesita respeto, y yo también. Así es como intento responder a la pregunta de si podemos vivir juntos o no, si podemos crear una vida común. Y no oculto que no es fácil. Es algo que no es dado”.
(Emile Shoufani, sacerdote árabe cristiano)