Editorial

Pentecostés


Dios enamorado de esta “Casa Común”, su casa y nuestra casa

En el seguimiento de Jesús también es necesario alcanzar la madurez, la edad adulta, que permite no sólo ser testigos de su acción sino ser nosotros mismos presencia viva de Dios. Esta ha sido la insistencia de Jesús en estos últimos días de Pascua. A partir de Pentecostés comienza la andadura cristiana de las comunidades de fe que se dejan acompañar por el Espíritu -fuerza, energía, vitalidad, soplo, impulso- sin que nada ni nadie les arredre. Ya no hay cálculos, ni condiciones, sólo deseos de entrega generosa de la vida; tampoco son un problema los tropiezos u obstáculos en el camino, son más bien oportunidades para demostrar que la gracia de Dios los asiste. El Dios de Jesús continúa haciéndose presente en cada gesto o acción humana a favor de la VIDA (en todas sus formas); el Dios misericordioso que provoca el compartir comunitario; el Dios entrañable que sostiene con su ayuda providente la vida de los empobrecidos; el Dios amigo que realiza con otros y otras su obra redentora; el Dios enamorado de esta “Casa Común”, su casa y nuestra casa.

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