Diario Bíblico en Español

9 de Agosto del 2022

Primera lectura: Ez 2,8–3,4: 
Comí el volumen y me supo dulce
Salmo: 119:
¡Qué dulce, Señor, son al paladar tus promesas!
Evangelio: Mt 18,1-5.10.12-14: 
No desprecies a los pequeños

18a Semana Ordinario Teresa Benedicta de la Cruz, mártir (1942) Cándida María de Jesús (1912)

1 En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el reino de los cielos?».
2 Él llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos
3 y dijo: «Les aseguro que, si
4 no se convierten y se hacen como los niños, no entrarán en el reino de los cielos. El que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
5 Y el que reciba en mi nombre a uno de estos niños a mí me recibe.
10 Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños. Pues les digo que sus ángeles en el cielo contemplan continuamente el rostro de mi Padre del cielo.
12 ¿Qué les parece? Supongamos que un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una: ¿no dejará las noventa y nueve en el monte para ir a buscar la extraviada?
13 Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve no extraviadas.
14 Del mismo modo, el Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños».
 
Comentario 

Vino un rayo de luz para el pueblo en medio del panorama devastador que significó la invasión extranjera: sin tierra, sin identidad, sin Dios. La voz del profeta que usualmente presagia desgracias ahora anuncia un cambio favorable en la suerte de los fieles, capitaneados por un líder que lo hará posible. Se vislumbra la celebración de una alianza nueva para hacerlos un pueblo resguardado por su Dios. El ser pueblo de Dios, como lo vislumbra el profeta, no se reduce a constituir una asamblea cultual, sino en configurarse como comunidad de bienestar que celebra y ama la vida.

No es un ideal ajeno a nosotros y nuestras sociedades devastadas por el crimen y la corrupción. ¿Qué luces de esperanza vislumbras en la realidad donde vives? Recordemos que el bienestar más básico comienza por la tierra, el techo y el trabajo, como lo señaló el Papa Francisco. Al rezar hoy el Padre Nuestro, preguntémonos: ¿Qué podemos hacer para garantizar el acceso a las tres “T” (Tierra-Trabajo-Techo) que señala el Papa Francisco?

 

 

 

 

 

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