Diario Bíblico en Español

31 de Julio del 2022

Primera lectura: Eclesiastés 1,2; 2,21-23:
¿Qué saca el hombre de sus trabajos?
Salmo: 90:
Señor, eres nuestro refugio de generación en generación
Segunda lectura: Colosenses 3,1-5.9-11: 
Busquen los bienes de allá arriba
Evangelio: Lucas 12,13-21: 
Lo que has acumulado ¿de quién será?

18o Ordinario Ignacio de Loyola, fundador (1556)

13 En aquel tiempo uno de la gente le dijo a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo».
14 Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?».
15 Y les dijo: «¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!».
16 Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha.
17 Él se dijo: “¿Qué haré, que no tengo dónde guardar toda la cosecha?”.
18 Y dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes”.
19 Después me diré: “Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come y bebe, disfruta”.
20 Pero Dios le dijo:“¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será?”.
21 Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios».
 
 
Comentario 

Los bienes materiales son necesarios para vivir bien. Pero ¿vale la pena dejar la vida persiguiéndolos? El sabio judío mira el sinsentido de afanarse para volverse rico, porque la riqueza termina en manos que no la trabajaron; “nadie sabe para quién trabaja”, dice el refrán popular. ¿Vale la pena gastar la vida buscando riquezas? El sabio está decepcionado porque a la vuelta de los años mira que lo conseguido no compensa los sacrificios invertidos; y resta la muerte a la que ninguna riqueza soborna.

Él puede ver incluso los afanes bien calculados de los jóvenes emprendedores que sueñan con engrosar su haber con el correr de los años y la fortuna en los negocios, pero concluye que nada de eso vale la pena. Es pesimista: todo es ilusorio, porque ser dueño de algo es pasajero y lo que ha de quedar no son sólo bienes acumulados sino existencia bien vivida. En otro lugar de sus meditaciones, el mismo sabio asegura que hay que darle su tiempo a cada experiencia humana; esto es lo único valedero; hacer planes a largo plazo es un sinsentido. En su horizonte no hay más allá.

El autor de Colosenses dice cosas muy diferentes a las del Qohélet, porque tiene sus ojos en el más allá. Los cristianos deben distinguirse por llevar una vida nueva, es decir, más libre y dignificada. La vida humana sin trascendencia no vale la pena porque la sofocan los afanes de este mundo. La humanidad impregnada por la fe y la esperanza cristianas se encauza en el ejercicio de la compasión entrañable, que es lo único capaz de generar un mundo donde la fraternidad y sororidad solidarias cobran sentido: la común-unidad de los hijos e hijas de Dios. Los divisionismos e impulsos egoístas deben ser controlados para experimentar la gloria de Dios con una forma de vivir que lo honre; de lo contrario, nuestro cristianismo sería puro cuento.

El evangelista nos refiere a la cuestión del sentido de las riquezas para la vida humana. Los bienes son necesarios para vivir, pero acumularlos mientras otros carecen de ellos es negar la solidaridad del reino de Dios. Nunca el mundo produjo más bienes que en nuestros días y nunca fue mayor el abismo que separa a ricos de pobres. Vivir ante Dios significa implementar mecanismos que nos lleven a una redistribución equitativa y sustentable de los bienes de la creación, pues no somos dueños absolutos de nada y mucho menos de nadie. ¿Qué bienes son indispensables en nuestra vida? ¿Cómo los compartimos con los necesitados?

 

 

 

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