Diario Bíblico en Español

25 de Marzo del 2023

Primera lectura: Is 7,10-14; 8,10:
La virgen está encinta.
Salmo: 40: 
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Segunda lectura: Heb 10,4-10:
Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.
Evangelio: Lc 1,26-38:
Concebirás y darás a luz un hijo

La Anunciación del Señor

28 Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
29 Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél.
30 El ángel le dijo: «No temas, María, que gozas del favor de Dios.
31 Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús.
32 Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
33 para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin».
34 María respondió al ángel: «¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre?».
35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios.
36 Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses.
37 Pues nada es imposible para Dios».
38 Respondió María: «Yo soy la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra».
 
Comentario 

 

Dios hace de María, la joven campesina de Nazaret, protagonista de un proceso liberador que la dignifica a ella y a su Pueblo. Hoy recordamos y celebramos esta noticia: que también las mujeres son portadoras de la bendición de Dios. En María, mujer, Dios nos regala el cumplimiento de las promesas hechas a su Pueblo empobrecido y marginado. El anuncio de la vida nueva en Dios conlleva en sí un proyecto de esperanza para quienes todavía hoy son menospreciados y olvidados. Toda vida es presencia viva de Dios que merece ser respetada y atendida, a la vez que sanada, custodiada y amada. Dios actúa en la historia, aunque no siempre comprendamos en quién y cómo. Renovemos con María nuestro compromiso de ser oyentes y servidores de esa Palabra de Dios que dignifica. ¡Atención! No todo anuncio en nuestro mundo engendra vida.

“Y como María, la Madre de Jesús, «queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida” (FT 276).