Diario Bíblico en Español

22 de Enero del 2023

Primera lectura: Isaías 8,23b–9,3: 
En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una gran luz
Salmo: 27: 
«El Señor es mi luz y mi Salvación»
Segunda lectura: 1 Corintios 1,10-13.17: 
«Pónganse de acuerdo y no estén divididos»
Evangelio: Mateo 4,12-23: 
«Vengan y los haré pescadores de hombres»

3a Ordinario Laura Vicuña (1904) Vicente, mártir (304)

12 Al saber que Juan había sido arrestado, Jesús se retiró a Galilea,
13 salió de Nazaret y se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí.
14 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:
15 «Territorio de Zabulón y territorio de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos.
16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa, a los que habitaban en sombras de muerte les amaneció la luz».
17 Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: «¡Arrepiéntanse que está cerca el reino de los cielos!».
18 Mientras caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos –Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano– que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores.
19 Les dijo: «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres».
20 De inmediato dejaron las redes y lo siguieron.
21 Un trecho más adelante vio a otros dos hermanos –Santiago de Zebedeo y Juan, su hermano– en la barca con su padre Zebedeo, arreglando las redes. Los llamó,
22 y ellos inmediatamente, dejando la barca y a su padre, lo siguieron.
23 Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias.
 
 
Comentario 

 

Uno de los símbolos más hermosos de la Biblia es el de la luz. Está presente en la Creación al inicio del mundo y dirige el camino de Moisés para encontrar la zarza ardiente donde se manifiesta Dios. La luz entra por los ojos de las personas curadas por Jesús, siendo metáfora de la sanación física; en los evangelios, es signo de quienes pueden ver en Jesús al Mesías esperado.

El símbolo de la luz es presencia divina en el caminar del pueblo creyente. El profeta Isaías usa el lenguaje de luz y tinieblas para anunciar el fin de una vida en angustia. En una proclamación que denuncia los sufrimientos del pueblo, el profeta recuerda la opresión de los pueblos de Zabulón y Neftalí al anunciarles que son territorios que pasarán de una marejada de tinieblas a una inundación de luz. La luz es símbolo de una transformación concreta de la vida de las personas, manifestada en la prometida e inminente caída del opresor. Llega así el fin del yugo que ha impuesto terribles cargas sobre los hombros del pueblo. Para Isaías, luz es el fin de la dominación de los poderosos, y causa la alegría y el gozo de las personas.

Muchos años después el evangelista Mateo, cuyo mensaje bebe fuertemente de las tradiciones del pueblo de Israel, anuncia el ministerio de Jesús utilizando también la metáfora de la luz. Mateo toma el texto de Isaías sobre Zabulón y Neftalí para explicar la llegada de Jesús a Galilea. Para el evangelista su venida es como el arribo de la luz que acaba con la oscuridad. Jesús inicia en este territorio la proclamación del reino de Dios, proyecto salvífico dirigido al pueblo. Tanto para Isaías como para Mateo esta luz trastoca la vida de las personas. Proclamar el Reino tiene como consecuencia inmediata el acto de sanar enfermedades y dolencias, liberando a las personas de sus sufrimientos físicos y emocionales, reintegrándolos a la sociedad. El proyecto del Reino liberador trae luz a las personas que han vivido en la oscuridad, la exclusión, el dolor y la agonía.

Pablo hace una llamada fuerte a la comunidad que se ha dividido entre su liderazgo y el de Apolo o Cefas. La luz de la comunidad se alcanzará cuando los lazos de unión estén por encima de las disputas y divisiones internas. La responsabilidad de construir esa Iglesia sinodal, comunidad de comunidades, es la invitación que nos hace hoy la Escritura. Sólo así gritaremos a una voz: ¡Y el pueblo ha visto la gran luz de Dios!

“El camino es Jesús: hacerle subir a nuestra barca y remar mar adentro con Él. ¡Él es el Señor! Él cambia la perspectiva de la vida” (CV 141).