Diario Bíblico en Español

19 de Junio del 2022

Primera lectura: Génesis 14,18-20: 
Melquisedec ofreció pan y vino
Salmo: 110:
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec
Segunda lectura: 1 Corintios 11,23-26: 
Esta copa es la nueva alianza
Evangelio: Lucas 9,11b-17:
Comieron todos y se saciaron

Cuerpo y Sangre de Cristo Romualdo, fundador (1027)

11 Jesús recibió a la multitud y les hablaba del reino de Dios y sanaba a los que lo necesitaban.
12 Como caía la tarde, los Doce se acercaron a decirle: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y campos de los alrededores y busquen hospedaje y comida; porque aquí estamos en un lugar despoblado».
13 Les contestó: «Denle ustedes de comer». Ellos contestaron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros a comprar comida para toda esa gente».
14 Los varones eran unos cinco mil. Él dijo a los discípulos: «Háganlos sentar en grupos de cincuenta».
15 Así lo hicieron y se sentaron todos.
16 Entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, los bendijo, los partió y se los fue dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.
17 Comieron todos y quedaron satisfechos, y recogieron los trozos sobrantes en doce canastas.

 
Comentario 

Hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, memoria de los gestos y de las palabras de Jesús en la Última Cena. Memoria de las “Mesas Compartidas” de Jesús con sus discípulos. Fiesta que resume toda la existencia del Señor. Celebramos la memoria de una existencia donada al servicio de los demás hasta la muerte. La fiesta del Corpus Christi, como popularmente se conoce en algunos países, es una de las principales solemnidades del año litúrgico porque sintetiza aquello que debe ser la vida de los discípulos y discípulas de Jesús, vidas entregadas por amor para la transformación del mundo.

Recordamos el memorial de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús en tan singular sacramento. Memorial que, al actualizarlo, nos remite a las personas crucificadas de hoy en quienes se encuentra hoy sufriendo Jesús redentor. En esos rostros estamos invitados a seguir el camino redentor que nos salve del egoísmo y la indiferencia.

Desde antiguo o, mejor dicho, desde siempre, compartir la mesa y los alimentos ha sido algo sagrado, no sólo porque se satisface una necesidad básica sino porque quien comparte se comparte así mismo. La narración de la multiplicación de los panes y de los peces presagia el don de sí mismo que Jesús compartirá hasta la muerte de cruz.

El evangelista Lucas dice que Jesús, después de haber hablado del Reino y sanado a los sufrientes, invita a sus discípulos a renunciar a la mentalidad individualista, despertando la solidaridad entre todos para compartir y compartirse. Propuesta que sorprende y pone a prueba la fe en el proyecto de Jesús que apenas empiezan a hacer suyo. ¿Acaso Jesús fomenta el paternalismo? ¿O crees que se trata de un compartir justo?

El gran milagro de Jesús no está en multiplicar “panes y peces” sino en generar la donación de unos para con otros. Jesús prioriza la necesidad que tiene su pueblo, despertando inquietud frente a la insensibilidad y mentalidad mercantilista de sus seguidores. Para Jesús interesarse por quienes tienen hambre no era un asunto de caridad asistencialista, sino demostrar que, si dejamos de acaparar, los bienes de la creación alcanzan y sobran.

¿Cuál tradición eucarística hemos heredado? Ojalá que no reduzcamos nuestra participación en la Eucaristía a un rito vacío, a una experiencia intimista, que me tranquiliza la conciencia, pero no me cambia interiormente. El símbolo sacramental del Cuerpo y Sangre de Cristo me invita a transformarme en Eucaristía, alimento de vida para mi familia, mi comunidad, la sociedad en general. ¡Sé pan partido y compartido!

 

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