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En misión Samaritana

Una de las grandes enseñanzas del Concilio Vaticano II, si la expresión es válida, ha sido la de afirmar que la Iglesia, para cumplir fielmente su misión, tiene "el deber permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio.

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Una de las grandes enseñanzas del Concilio Vaticano II, si la expresión es válida, ha sido la de afirmar que la Iglesia, para cumplir fielmente su misión, tiene "el deber permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, de manera acomodada a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relación mutua entre ambas" (GS 4). La realidad, para nosotros evangelizadores, es punto de partida y de llegada, es motivo de gozo y de esperanza, es fuente de dolor y de tristeza, de entrega y de consuelo. Es "lugar teológico".

En la metodología latinoamericana no basta con leer la realidad e interpretarla, que es un paso fundamental, se precisa iluminarla con la Palabra de Dios y discernir creativamente caminos de solución, respuestas concretas y realizables de tal manera que al transformar la realidad, se perciban señales del Reino, signos de "sanación" del mundo herido. Formas visibles de una manera nueva de vivir, de pensar y de actuar. Lo ha dicho con claridad el Papa: "Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y de dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla"

Será interesante y enriquecedor si, en pequeños grupos, pudiéramos compartir de qué manera nos afecta la globalización, cómo abordamos los pluralismos culturales y religiosos en lo cotidiano y constatar de qué manera el testimonio de nuestras comunidades contribuye a la armonía de nuestro mundo ... y finalmente, si la Vida no está remitiendo a la Palabra y la Palabra está iluminando nuestra vida.

No podemos concluir estas líneas sin agradecer a Dios, al Espíritu Santo, este Año dedicado a la Vida Consagrada y el "alegre" ministerio del Papa Francisco, en su aniversario como Pastor, que constantemente nos invita a salir de los templos y vivir la experiencia de la fraternidad-sororidad y de la solidaridad en la oración constante que sostiene el compromiso con la Vida. Estamos convencidos que el Evangelio se vive y se contagia con la alegría, la entrega y la sonrisa!!!

P. Alejandro Quezada CMF.

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