Consulta diaria

Primera lectura: 1Jn 2,12-17: 
Amen a Dios, no al mundo
Salmo: 95:
Alégrese el cielo y goce la tierra
Evangelio: Lc 2,36-40: 
El Niño crecía y se fortalecía

6o Día de la Octava de Navidad Juan Ma. Bocardo, fundador (1884)

 
36 En aquel tiempo había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años,
37 desde entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos.
38 Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.
39 Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba.
 
 
Comentario 

Jesús crecía y se fortalecía como un ser humano normal. Dios se iba manifestando en su vida, en su manera de ser y de actuar. La encarnación de Dios, en la persona de Jesús, nunca le generó ventajas. Por eso el Evangelio jamás presentó a Jesús como un superhombre, sino como un hombre normal, que iba haciendo su proceso existencial.

Él mismo sintió que Dios lo iba acompañando en el proceso de su vida, pero que le permitía ser libre en sus niveles más profundos. Dios estaba con él, no para librarlo de los problemas, ni para impedir que su pie tropezara, sino para ser el sostén y la fuerza en su vida.

La propuesta o invitación que hace la encarnación a un creyente, es a que asuma la vida humana con seriedad y responsabilidad, con total libertad; a fin de que, todo cuanto haga y viva, sea desde la experiencia de profunda humanidad que Dios suscita en el corazón de quienes siguen a Jesús de Nazaret.