Consulta diaria

Primera lectura: 1Jn 2,3-11: 
Quien permanece en él, vive como él
Salmo: 95:
Alégrese el cielo, goce la tierra
Evangelio: Lc 2,22-35: 
Mis ojos han visto tu salvación

5o Día de la Octava de Navidad Tomás Becker, obispo y mártir (1170)

 
22 Cuando llegó el día de su purificación,
23 de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor...
25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo.
26 Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor...
28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu sirviente muera en paz
30 porque mis ojos han visto a tu salvación, 31que has dispuesto ante todos los pueblos
32 como luz para iluminar a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel.
33 El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño.
34 Simeón los bendijo y dijo a María, la madre: Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será signo de contradicción
35 y así se manifestarán claramente los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón.
 
 
Comentario 

Es preciso ver con propios ojos la salvación que viene de parte de Dios. Jesús es el portador de la salvación que Dios ofrece a la humanidad entera. Ninguna religión, ningún sistema político, nin- guna cultura o sociedad puede arrogarse el derecho de creerse dueña y depositaria de la salvación. Dios ha dado su promesa definitiva a través de Jesús de Nazaret, de su palabra y de su obra. Es el Templo de Jerusalén el escenario donde se desarrolla todo el tema de la presentación de Jesús.

Será en esa misma ciudad lugar donde Jesús padezca la muerte que le causa el egoísmo del mundo, pero también donde experimente la resurrección. Será también desde Jerusalén que comience a extenderse la semilla de la libertad que Simeón proclamó al ver al pequeño Jesús. Hoy los cristianos tienen la invitación de ser agentes de liberación para el hombre y la mujer. El cristiano está llamado a ser liberador, tal como lo fue Jesús de Nazaret. ¿Estarías dispuesto a experimentarlo?