Consulta diaria

Primera lectura: Eclesiástico 3,2-6.12-14: 
Sé constante en honrar a tus padres
Salmo: 127:
Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos 
Segunda lectura: Colosenses 3,12-21: 
Sopórtense y perdónense
Evangelio: Lucas 2,41-52: 
Jesús se pierde en el templo

Sagrada Familia Esteban, protomártir (s. I)

 
41 Para la fiesta de Pascua iban los padres de Jesús todos los años a Jerusalén.
42 Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre.
43 Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran.
44 Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos.
45 Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén.
46 Luego de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
47 Y todos los que lo oían estaban maravillados ante su inteligencia y sus respuestas.
48 Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
49 Él replicó: ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre?
50 Ellos no entendieron lo que les dijo.
51 Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
52 Jesús crecía en saber, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.
 
Comentario 

Centrar la mirada en el relato evangélico de este domingo, en el que se celebra la fiesta de “la Sagrada Familia”, tiene que ayudarnos a captar con profundidad el texto evangélico, cuyo mensaje es potente y clarificador para la vida cristiana. Todo el relato del Evangelio de hoy tiene su centro en la pregunta que María hace a Jesús: «¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Y en la respuesta que él le dio con contundencia a su propia Madre: «¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre?». Jesús se reconoce Hijo del Padre. Él redescubre su filiación y en ese reconocimiento rompe con la estructura patriarcal de la sociedad a la que él pertenecía. Esto es una novedad tremenda, que hemos perdido de vista en la vida cristiana.

La respuesta que Jesús da a su madre es constructora de identidad cristiana, dejando en evidencia cuál ha de ser el centro, en la vida de un hombre y de una mujer que se adhieren a la experiencia del Reino y que quieren vivir la aventura del Reino, como criterio de vida. Estar “en las cosas del Padre” es el núcleo de la vida de Jesús de Nazaret.

Nada ni nadie le distrae de ese centro vital. Toda su vida estará regida por ese núcleo fundamental. El Padre es quien ocupa todo el horizonte de Jesús. El Padre es su absoluto. Él vive por el Reino del Padre y vive entregado al Padre del Reino. La experiencia del Padre y del Reino, que vive en su interior, es lo que Jesús expresa siempre en sus acciones y palabras.

¿Qué tiene para decirnos el texto evangélico de hoy? Un bautizado tiene como compromiso existencial «estar en las cosas del Padre». Esto tendría que ser lo fundamental para un seguidor de Jesús. Y “«estar en las cosas del Padre»” equivale a llegar a ser como Jesús, tener los mismos sentimientos de él, optar por lo que él optó y dar la vida por lo que él la dio.

Hoy, más que nunca, se hace urgente vivir una experiencia cristiana en mayor fidelidad al Reino, al Padre del Reino, a Jesús y a su Evangelio. Esta fidelidad hará que se entre en conflicto con las estructuras sociales, culturales y religiosas. Es inevitable ser fiel a Jesús y a lo que él hizo, sin tener conflictividad con la misma religión. ¿Estás dispuesto a vivir en fidelidad al Padre de Jesús y a la propuesta que Jesús hizo, hasta las últimas consecuencias?