Consulta diaria

Primera lectura: 1Sm 8,4-7.21-22a: 
Gritarán contra el rey. Dios no les responderá
Salmo: 89:
«Cantaré eternamente tus misericordias, Señor»
Evangelio: Mc 2,1-12: 
El Hijo del Hombre puede perdonar pecados

1a Semana Ordinario Félix de Nola (260) 

 
1 Volvió Jesús a Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa.
2 Se reunieron tantos, que no quedaba espacio ni a la puerta. Y les exponía el mensaje.
3 Llegaron unos llevando un paralítico entre cuatro;
4 y, como no lograban acercárselo, por el gentío, levantaron el techo encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico.
5 Viendo Jesús su fe, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
6 Había allí sentados unos letrados que discurrían en su interior:
7 «¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?».
8 Jesús, adivinando lo que pensaban, les dice: «¿Por qué están pensando eso?
9 ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico que se le perdonan los pecados o decirle que cargue con la camilla y comience a caminar?
10 Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados –dice al paralítico–:
11 “yo te lo mando, levántate, carga con la camilla y vete a casa”».
12 Se levantó de inmediato, cargó su camilla y salió delante de todos. De modo que todos se asombraron y glorificaban a Dios diciendo: «Nunca vimos cosa semejante».
 
Comentario 

La petición de un rey por parte del pueblo puede estar viciada por la razón de fondo que Dios deja ver: «No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por Rey». Y es que aceptar a Dios por Rey significa ajustar nuestro corazón, mente y voluntad a construir un mundo para todas las personas y no sólo para unos pocos que excluyen y privan de los bienes a las mayorías empobrecidas.

Esta es la forma de vivir de los poderosos, de muchos políticos y empresarios inescrupulosos, de muchas personas en general. Cuando el poder se emplea para dominar lo único que genera es muerte. Pero estamos convencidos de que, si acogieran a Jesús en su corazón, igual que Él, podrían decirle a la sociedad y al mundo entero: «carga con la camilla y vete a casa» y, así, dignificar la vida. Quizá sea esta la misión más urgente hoy, la de evidenciar el fracaso del “poder”, sin perder nosotros el rumbo, sosteniéndonos en la comunidad de fe.