La Vida de Jesús expresada con palabras del Antiguo Testamento

José Miguel Celma, cmf
28 de enero del 2015

A propósito del título

Hubo alguien que al ver este título me decía: “No sabía que Jesús usase lentes”. Hay una pequeña equivocación. No es que tomemos prestadas las lentes que usó Jesús; el mismo Jesús metafóricamente se convierte en “los lentes” para poder ver con claridad el significado del AT. Jesús para nosotros es la luz, es la culminación, es la relectura, es el quitar el velo que cubre el significado último del AT, en frase esta última de S. Pablo. Otros hablan de “filtro del agua del AT”

Cuando se inicia el estudio de la Biblia la tentación primera es empezar a leerla por el inicio, el Génesis. Me parece inapropiado. Tampoco se puede leer el Evangelio, y todo el NT, prescindiendo del AT, como si Cristo hubiese caído del cielo, como si Jesús no estuviese enraizado en un tiempo, en un lugar, en una tradición religiosa. Por eso aantes de entrar a estudiar lo que es más importante de nuestra religión, hemos de ver qué presupuestos contribuyeron al surgimiento del evento Jesús y de su mensaje.

Existen hay en día discusiones fuertemente encontradas del significado de la expresión “Palabra de Dios” para todo hecho y doctrina contenida en la Biblia. Por una parte eso es lo que nos enseña la misma Biblia y el Magisterio, pero muchos se sienten escandalizados con los “errores” que hay en el AT, la violencia y exageraciones de todo tipo que en ella se encuentran.

Ante esto surgen descalificaciones mutuas de hereje, sectario, marcionita (Marción negó el valor del AT), no católico… por una parte y por la otra de fanático, fundamentalista, presentación de un Dios monstruo, no respetar la imagen del Padre transmitida por Jesús…

Para comprender la pedagogía de Dios para con su pueblo y ver la novedad del mensaje de Cristo existe un ejemplo aleccionador: La ley del talión. La ley del talión (Lv 24,17-20; Dt 19,21), que se encuentra en el Código de Hamurabi y en las leyes asirias, es de naturaleza social no individual. Al imponer un castigo igual al daño causado, trata de limitar los excesos de la venganza (Gn 4,23-24). De hecho parece que la aplicación de esta regla perdió muy pronto su brutalidad primitiva. Dentro del pueblo israelita estaba prescrito el perdón y Cristo subraya más aun este perdón (En BJ Ex 21,25+)

Es de destacar los dos extremos existentes. En Gn 4,23-24 tenemos el caso de Lámek, nieto de Caín y el mismo Caín. “Dice Lámek…yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. Caín será vengado siete veces, mas Lámek lo será setenta y siete”. En Mat 18,21-22 encontramos el extremo contrario en el caso de Jesús y Pedro, formando paralelo con el Génesis: “Pedro se acercó y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces he de perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces sino hasta setenta y siete veces (A veces con la variante “setenta veces siete”). Tenemos pues: Lámek, venganza 77 – Caín, venganza 7 – Talión – Pedro, perdón 7 – Jesús, perdón 77.

Concilio Vaticano II

Creo que para esclarecernos puede ayudarnos repasar brevemente el Magisterio del Concilio Vaticano II en algunos de los párrafos del Documento “Dei Verbum” y comprender lo que el mensaje de Cristo tiene de ruptura- superación y continuidad.


Nº 12.- “Se debe investigar con atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos. (Géneros literarios). La verdad se propone y expresa ya de una manera ya de otra en los textos de los diferentes géneros”. (Es conveniente leer el número entero)
Nº 15.- “La economía del AT estaba ordenada, sobre todo para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo…. Estos libros, aunque contengan algunas cosas imperfectas y adaptadas a su tiempo, demuestran la verdadera pedagogía de Dios”.
Nº 16.- “El NT está latente en el A y el A está patente en el N (frase tomada de S. Agustín). Los libros del AT adquieren y manifiestan su plena significación en el NT”.
Nº 17.- “La palabra divina… se presenta y manifiesta su vigor, de manera especial, en los escritos del NT”.
Nº 18.- “Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del NT, los Evangelios ocupan con razón el lugar preeminente”.
Nº 19.- (Historicidad) “Los apóstoles ciertamente, después de la resurrección del Señor, predicaron a sus oyentes lo que Él había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban aleccionados por los acontecimientos gloriosos de Cristo” (escogiendo y explicándolos atendiendo a la condición de las iglesias, en forma de proclamación).


Tell, midrash, literalidad

Todo esto nos hace comprender como los Evangelios no son solo y únicamente relatos de la vida de Jesús. Nos sirve una comparación para entender los niveles del Evangelio, lo que ocurre con un “Tell”. Este parece un montículo, pero cuando los arqueólogos empiezan con sumo cuidado a escavar, van viendo que son acumulación de ruinas de diversas épocas. Y para identificar cada una de estas épocas se valen de pequeños detalles.

En el Evangelio podemos distinguir sobre todo cuatro grandes niveles: 1º.- La vida de Jesús, que es la base de todo. 2º.- La comprensión de esta vida a partir de la luz de la resurrección. 3º.- La situación y necesidades de las diferentes comunidades. 4º.- La teología y visión personal de los propios autores.

Además hemos de ser conscientes de cómo se leían las Sagradas Escrituras por los rabinos y doctores de la Ley en tiempos de Jesús. Mucho de esto lo podemos ver en la literatura intertestamentaria y en los escritos de S. Pablo. Había una expresión muy famosa de aquellos tiempos que decía: “La Biblia tiene 70 caras”. La exégesis se aplicaba de modo muy diferente de lo que hacemos ahora.

Conviene recordar el valor de los “midrash”, que son interpretaciones libres de relatos bíblicos antiguos en que se añaden varios detalles. (BJ Sab 16+) Se refiere al estudio interpretativo y actualizado del AT. La identificación de las reglas midráshicas es fundamental para valorar la metodología con que el NT interpretó al A (Diccionario teológico: Midrash)

Para comprender cómo a veces se describe la vida de un personaje de la Biblia con palabras que no hay que entender literalmente sino como bagaje de su mundo religioso – social, fácilmente comprensible con sus coetáneos, será bueno recordar que eso mismo ocurre con mucha frecuencia entre nosotros que estamos acostumbrados a pasajes bíblicos. He aquí algunos ejemplos: “No seas fariseo”. “¿Quién es el Judas del grupo?”. “Tener que ir de Herodes a Pilatos”. “Este señor trabaja en la viña del Señor”. “Francisco es el pastor de la Iglesia Católica”. “¡Que gran cruz me toca llevar!”. “Dios me ha llamado a ser pescador”. “¡Aprovecha todos los talentos que Dios te ha dado!”. “Dios nos pide ser buenos samaritanos”. “Siempre hay una estrella que ilumina nuestro camino”. Ante todos estos ejemplos nadie pensará que se está describiendo la vida de una persona de modo literal. Es más, la gente se pone a reír cuando intentamos hacerlo, pues todos saben de qué se trata. Todo esto nos hará ser prudentes ante la literalidad de los relatos bíblicos cuando lo importante es el significado de esos relatos. Algunos ejemplos: “Echaron a suerte su túnica”. “Era túnica inconsútil”… Esto se puede apreciar sobre todo en los relatos de Infancia de Jesús.


Antiguo Testamento como profecía.

Algunos se preguntan: ¿No tendrían que presentar los autores del NT de manera completamente nueva a Aquel que con el vino nuevo de su mensaje y de su promesa, tenía que hacer explotar los odres del AT? Ciertamente nos damos perfecta cuenta de cómo Jesús va más allá del AT. Pero también quiso una continuidad (“No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”. Mat 5,17) y progresivamente fue haciendo comprender a sus discípulos el carácter profético del AT. Este no solo encerraba un anuncio y una promesa de salvación (y por lo tanto de un salvador), que había de venir, sino que los personajes y los acontecimientos del AT, leídos a la luz de su realización definitiva, se presentan como figuras iluminando a su vez al NT.

Los autores cristianos han insistido en el valor de “tipo” (o de prefiguración) del AT, recordando unas veces que la predicación primitiva de la Resurrección se basaba en una argumentación escrituraria y esbozando otras una comparación entre los acontecimientos de la Historia Sagrada y las realidades cristianas. Por ejemplo el Apocalipsis intenta interpretar la historia de su presente a la luz de la revelación. El libro del Éxodo le parece, con toda naturalidad, una especie de lugar privilegiado para ello.

Ante el gran fracaso de la Pasión y Muerte de Jesús y la experiencia de que Jesús vivía, la comunidad primera se esfuerza en encontrar en sus Escrituras Sagradas todo el significado de la persona de Cristo.

La predicación primitiva tenia interés en demostrar cómo Jesús realizaba las profecías del AT por su descendencia davídica, su misión de profeta, sucesor de Moisés, sus sufrimientos, su papel de piedra rechazada por los constructores y convertida en piedra angular, su resurrección, su exaltación celeste a la diestra de Dios. (BJ Hch 3,14+). La comunidad cristiana, después de la resurrección, mira y remira el AT para encontrar sentido a la vida y muerte de Jesús. Jesús es para ellos el centro y fin de las Escrituras (BJ Jn 5,39c+).

A veces vemos que este hecho se coloca en la boca del mismo Jesús, sobre todo de Jesús resucitado. Veamos algunos casos:
- “Y empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras” (Lc 24,27: discípulos de Emaús)
- “Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla lo que está escrito en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mi’. Y entonces abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras” (Lc 24,44-45: aparición a los discípulos)
- “Felipe entonces, partiendo de este texto (Is 53,7-8) de la Escritura se puso a anunciar la Buena Nueva de Jesús” (Hch 8,35: etíope)
- “Y todos los profetas que desde Samuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días” (Hch 3,34: discurso de Pedro)
- “Mirad que subimos a Jerusalén y se cumplirá todo lo que los profetas escribieron sobre el Hijo del hombre” (Lc 18,31: 3er anuncio de la Pasión)
- “Vosotros investigáis las Escrituras ya que creéis tener en ellas Vida Eterna; ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn 5,39: contra los judíos)
- “Pero el Paráclito, el Espíritu que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14,26: última cena)
- “Sobre esta salvación investigaron e indagaron los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros, procurando descubrir a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo que estaba en ellos cuando les predecía los sufrimientos destinados a Cristo y las glorias que le seguirían” (I Pe 1,10-11)
- “Pero se embotaron sus inteligencias. En efecto hasta el día de hoy perdura ese mismo velo en la lectura del AT. El velo no se ha levantado pues solo en Cristo desaparece” (2Cor 3,14: midrash del velo de Moisés)
- “El fin de la ley es Cristo” (Rm 10,4)
- “Mira, ha triunfado el León de la tribu de Judá, Retoño de David. El podrá abrir el libro de los 7 sellos” (Ap 5,5: algunos ven en esto que solo Cristo puede abrir el sentido profundo de todo el AT cuyo sentido permanece sellado hasta la llegada de Cristo).


Con los lentes de Jesús en todo el NT

Esta tendencia a ver el AT con los lentes de Jesús se encuentra en todos los autores del NT, pero hay algunos en que aparece con más claridad. Entre los sinópticos destacamos a Mateo por su trasfondo judío, Evangelio escrito para judeocristianos. En él encontramos en más de 10 ocasiones las citas explicitas con la expresión: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había anunciado el Señor por el profeta…” (Mt 1,22; 2,15. 17. 23…). Tiene el deseo de presentar a Jesús como el nuevo Moisés. De ahí los cinco discursos (referencia a Pentateuco), salvado de la muerte planeada por un rey, salido de Egipto, importancia del monte, el repetitivo “Habéis oído… pero yo os digo”…

Otro Evangelio con claro sabor judío es el de Juan. Entre otras cosas, da mucha importancia a las fiestas, símbolos y costumbres judíos para hacerlas desaparecer en la persona de Cristo: Templo (2,13-22), Vid (15,1ss), Pastor (c. 10), Maná (6,31ss), Agua en la fiesta de las Tiendas (7,37), Luz en la fiesta de las tiendas (8,12), Purificación con el agua (2,1-12), Pascua (6,4), Pentecostés (5,1), Dedicación (10, 22-36), Cordero (19,36), Sábado (5,9), Descendencia (8,37)… Muchos ven todo el Evangelio de Juan en su totalidad fundado en una tipología del AT.

Las cartas de. Pablo. En cuanto nosotros sabemos, Pablo fue el primer pensador cristiano de envergadura, el que con su genial interpretación de la revelación judía a la luz de la culminación en Cristo, puede legitimar la pretensión cristiana de ser el nuevo y definitivo pueblo de Dios y de llevar un comportamiento en consecuencia. Con frecuencia usa argumentos escriturarios siguiendo la metodología rabínica, un poco desconcertante para nosotros, usando textos diversos por la sola presencia de una palabra. Usa con frecuencia el sentido “típico” o alegórico (Gal 4,21-31: las dos mujeres de Abraham) de los libros sagrados. Este sentido, si bien superaba la conciencia clara de los autores inspirados, no por eso es menos escriturístico, pues lo quiso Dios, autor de toda la Escritura. Ordenado a la instrucción de los cristianos, los autores del NT lo han deducido a menudo. Pablo lo inculca en repetidas ocasiones (1Cor 9,9s; Rm 4,23ss; 5,14; 15,4…) (BJ 1Cor 10,6+). En 2Cor 3,7-18 (El velo de Moisés) tenemos un midrash de Ex 34.

Otro texto del NT que todo él se funda en una tipología del AT es la carta a los Hebreos. Solo un ejemplo: Jesús es sacerdote eterno según el orden de Melquisedec (Cf Heb 7,17; Sl 110,4; Gn 14,17). La eternidad del sacerdocio de Cristo no se toma de la eternidad del sacerdocio de Melquisedec (sin padre ni genealogía). El argumento más bien sigue otro orden: Dado que el sacerdocio de Cristo es eterno por su resurrección, se busca en las Escrituras alguna metáfora que haga ver cómo unos ojos iluminados pueden descubrir en el AT las realidades del NT. La eternidad del sacerdocio de Cristo es una de las realidades que tienen una misteriosa raíz en los acontecimientos inexplicables del pasado (“Como piedras vivas” cmf p. 118).

El último libro de la Biblia Cristiana, el Apocalipsis, parece una continua cita. Es el libro del NT que remite con más frecuencia al AT. Está completamente saturado de sus citas textuales y contextuales. De sus 404 versículos 278 aluden con referencias explícitas al AT, sin contar con las múltiples reminiscencias y evocaciones. Tiene 518 citas del AT, 90 solo de Daniel. El Apocalipsis está literalmente inmerso en el AT. Parece como si el autor se supiese de memoria el AT. Pero es el que menos cita expresamente, pues no se limita a copiar o reproducir pasajes sino a parafrasearlos y recrearlos con su peculiar estilo. Se presenta como una relectura cristiana de todo el AT. Para confortar a los cristianos perseguidos acude a categorías bíblicas de la Providencia de Dios, visibilizada en la promesas y narraciones del AT, hechas cumplimiento de una vez por todas con la presencia de Cristo que las lleva a termino, realizándolas mediante el misterio de su muerte y resurrección (“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva” EBC p. 35-36)


¿Los profetas predicen el porvenir?

Ante todo este cúmulo de citas del AT en el NT, hecho que podemos fácilmente constatar en nuestras biblias con solo mirar al lado de los textos o en las notas, nos podemos preguntar: ¿Anunciaron los profetas el porvenir? ¿Los profetas hablaron de Jesús? ¿Se les reveló quien sería Jesús?

Para muchos hoy profecía significa predicción. Se piensa que el profeta, inspirado por Dios, anuncia de antemano lo que va a suceder. A veces es verdad, cuando profetizan un acontecimiento próximo, para acreditar su palabra. Así Isaías al anunciar el nacimiento de un hijo al rey Ajaz (Is 7,14). Pero la mayoría de las veces, los profetas no hacen más que anunciar con imágenes simbólicas, bastante imprecisas, el sentido global de la acción de Dios (La condena o la salvación). Pues lo que ven no es tanto el porvenir cuanto el presente. Iluminados por su fe en Dios, ven con lucidez las consecuencias del presente y anuncian las dificultades que nacerán inevitablemente de las injusticias actuales y de la falta de confianza en Dios.

Los oráculos de los profetas no tienen nada que ver con las predicciones de Nostradamus o de los videntes. En este sentido los profetas de Israel no son adivinos como los que había en los pueblos vecinos. Por lo demás la adivinación estaba prohibida (Dt 18,9-15: “No ha de haber en medio de ti nadie… que practique la adivinación, la astrología, la hechicería, la magia. ningún encantador, ni quien consulte espectros o adivinos, ni evocador de muertos. Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahveh, tu Dios… Yahveh tu Dios te suscitará de en medio de ti, de entre tus hermanos, un profeta como yo (habla Moisés) a él escucharás”)

Algunos autores de apocalipsis pretenderán anunciar la sucesión de los imperios futuros que dominarán a Israel (por ejemplo Dn 10-11). Pensemos que la apocalipsis es hija de la profecía. Pero se sabe que estos textos fueron escritos después de los hechos que hablan y además ya no son realmente profecías. Daniel no pertenece al grupo de los profetas. Está catalogado en la biblia hebrea no entre los nebiim (profetas) sino entre los ketubim (escritos). El autor del libro escribe entre el año 167 al 164 a C., haciéndose pasar por un deportado de Nabucodonosor el año 606 a C.. Por la historia sabe lo que había ocurrido entre el 606 hasta el 164 a C. con más exactitud según se aproxima la fecha en que realmente se escribe ese libro.

El lector del Evangelio ha podido observar la formula de Mateo “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había anunciado el Señor por el profeta…”. No se trata de creer que la vida de Jesús estuviera “programada”, sino que Mateo hace esta lectura cristiana de los profetas. Tras los hechos, descubre armonías, correspondencias entre tal oráculo y tal evento de la vida o del mensaje de Jesús. Familiarizados con las escrituras los primeros cristianos hicieron una relectura de aquellas palabras de los profetas que iluminaban su fe. Como los judíos, ellos estaban persuadidos de que las profecías no pasan nunca, porque “permanece para siempre la Palabra de Dios” (Is 40,8). Para los cristianos de los primeros siglos, todo el AT es una inmensa “profecía” de Jesús, sobre todo Isaías y los Salmos. (Cf, “Itinerario por el AT” de Service Biblique ‘Evangile et Vie’ p. 88)


En la vida de Jesús

La acumulación de citas para comprender, interpretar y describir la vida de Jesús se encuentra en todas la fases de su vida. En cada una de ella tiene una proyección especial.

Infancia. Esta etapa, por ser la más desconocida por los autores del NT y la comunidad primera, es la más propicia a interpretaciones teológicas o teologúmenos. Recordemos además cómo en todas las culturas existe ese proyectar al inicio lo que será propio de la vida posterior de un famoso personaje (Origine stories).

Ya nos extraña que ni el Evangelio más antiguo (Marcos) y el más tardío (Juan), ni en los escritos de Pablo digan nada de la infancia de Jesús, y los dos Evangelios que nos dicen algo lo hagan de modo tan diferente el uno del otro.

Hacia los años 75-85, cuando Mt y Lc se redactaron, se recogieron una serie de reflexiones teológicas sobre Cristo, realizadas por diferentes comunidades en forma de relatos de la infancia de Jesús. Se da por descontado que Mt 1-2 y Lc 1-2 no obedecen a un interés cronístico, sino que quieren servir a la predicación y justificación de la fe. La infancia de Jesús se pensó y se escribió a la luz de la teología y de la fe que tuvieron origen en torno a su muerte y resurrección.

Se escribieron con un lenguaje “derásico”. Son “midrasim hagádicos”. La reflexión sobre la Escritura y la actualización del mensaje bíblico en función de la situación presente de la comunidad, da lugar al “midrash”. En el ambiente sinagogal había una continua concordia de textos que se iban transformando y adaptando. Los cristianos, nacidos en ese ambiente, encontraron natural que a Jesús niño se aplicasen los relatos de infancia del judaísmo.


En Mateo podemos ver diferentes pasos:

- Genealogía (1,1-17) Quiere situar socialmente a Jesús dentro del pueblo de Abraham y apoyar las pretensiones mesiánicas de la comunidad cristiana.
- Concepción (1,18-25) Es todo parafrasear el texto de Is 7,14: “He aquí que una joven…” Isaías se refiere al hijo del rey Ajaz.
- Visita de los magos (2,1-12) Lo importante es la cita de Miqueas (5,1: “Y tu Belén…”, que recuerda el origen del rey David) y 2Sm (5,2: “Tu apacentarás a mi pueblo Israel…”, que también habla de David)
- Huida a Egipto (2,13-15) Se cita a Oseas (11,1: “De Egipto llamé a mi hijo”. Este hijo en Oseas es el pueblo de Israel)
- Exterminio de los niños (2,16-18) Se cita a Jeremías (31,15: “Un clamor se oye en Ramá…” Jeremías está pensando en las tribus del Norte masacrados por Asiria, descendientes de los hijos de Raquel.)
- Instalación en Nazaret (2,19-23) Es una cita confusa: “Será llamado Nazareo”, puede ser de Is 11.1 (“neser” = vástago); de Is 42,6 ó 49,6 (“nasur” = resto); o de Jue 13,5.7 (“nasir” = consagrado)

Toda la historia del intento de asesinar al niño Jesús por parte del rey y su liberación nos recuerda la infancia de Moisés perseguido por el Faraón. Existe un midrash de Moisés niño del siglo I, que nos habla también de la presencia de unos magos. El sueño de S Jose y la visión del Ángel del Señor nos recuerda a Gn 16,7-13 y Ex 3,2.

En la venida de los magos, la huida a Egipto, la matanza de los inocentes, el establecimiento en Nazaret, no estamos ante hechos históricos sino ante reflexiones teológicas bajo forma de midrashes (Venida de magos: Is 60,6 ; 66,18ss; Sl 71,10-11. Estrella: Num 24,16). Mateo 1-2 nos presenta en una perspectiva pascual los grandes temas que después desarrollará en su Evangelio: Jesús de Nazaret es el verdadero Mesías, hijo de Abraham, descendiente de David, nuevo Moisés, criatura del Espíritu que ahora en el punto culminante de la Historia conducirá al pueblo a la patria definitiva.

Lucas es el segundo Evangelio que nos cuenta la infancia de Jesús.

- La anunciación a Maria (1,16-38) Nos recuerda muchas de las vocaciones de personajes importantes del AT: Ismael (Gn 16,7-14); Isaac (Gn 17,15-22 y 18,9-15); Sansón (Jue 13,2-23). Y tenemos del NT a Juan Bautista (Lc 1,8-23). Es de destacar en el anuncio del nacimientos de estos personajes el modo extraordinario de la intervención divina; nacen de madre estéril. Es de destacar también la vocación de Gedeón (Jue 6,11-26) para comparar con la vocación de María. Lc 1,26-38 es un relato de vocación en forma de anuncio de nacimiento.

- Maria guardaba en su corazón nos recuerda a Dt 4,9, la función social de la memoria (Sl 78,3-4; Tb 12,7-11; Jl 1,2-3). La memoria bíblica tiene una dimensión comunitaria que asegura un mutuo enriquecimiento, un lazo continuo y fecundo entre generaciones creyentes. La memoria bíblica desarrolla una actividad actualizante. María, plenamente insertada en su pueblo, es la heredera de la memoria bíblica.

- Los himnos. Es de destacar en Lc 1-2 los cuatro himnos que se insertan en él: Magnificat (1,46-55), Benedictus (1,68-79), Nunc dimitis (2,29-32), y Canto de los Ángeles (2,14). En los dos primeros casos nos encontramos con posibles canticos de los “Pobres de Yahveh” que Lucas pone en boca de María y de Zacarías. Todos ellos son unos mosaicos de citas del AT. Algunos ejemplos: Magnificat: 1Sm 2, 1-11; Is 29,19; 61,10; 41,8-9; Ha 3,18; Gn 30,13; 12,3; 13,15; 22,18; Sl 103,1; 11,9; 103,17; 89,11; 107,9; 98,3; Jb 12.19; 5,11. Benedictus: Sl 41,14; 72,18; 111,9; 105.8-9; 106,45; Is 40,3; 9,1; 42,7; 11,6; Lv 26,42; Mi 7,20; Gn 22,16-18; Ml 3,1; Za 3,9;Jr 6,14). Nunc dimitis: Is 52,10; 46,13; 42,6; 49,6. Canto de los Angeles: Ez 3,12;

- Presentación, purificación. También nos hace falta mirar al AT para comprender estos ritos en el Templo (Lv 12,2-4; 5,7; 12,8; Ex 13,2.11; 30,22; Is 40,1; 42,1), las peregrinaciones a Jerusalén, la mayoría de edad y sus obligaciones…

Ministerio de Jesús. Serían muchos los textos. Nos fijamos solo en algunos:

- Discurso programático. En Lc 4,16-30 (en la sinagoga de Nazaret) tenemos un resumen de la actividad de Jesús y de los temas más importantes de todo el Evangelio de Lucas. Su centro es la cita de Is 61,1-2 sin olvidarnos de 1Re 17,1-9 (viuda de Sarepta), 2Re 5,14 (Naaman), So 2,3 (anawim) y el uso que hace Jesús de la Escritura para actualizarla en su persona (Lc 14,21: “Esta Escritura que acabáis de oír, se ha cumplido hoy”)

El discurso programático que Lucas coloca en la sinagoga de Nazaret en Mateo es el primero de los cinco grandes discursos de su Evangelio: el discurso del monte (Mt 5-7). Ya es sintomático el hecho de tener cinco discursos, (como los cinco libros del Pentateuco supuestamente atribuidos a Moisés), el hablar con insistencia del monte (como el Sinaí del nuevo Moisés), el número de Bienaventuranzas, nueve con una doble (como los 10 mandamientos de la Nueva Alianza)… Pero sobre todo nos habla del AT su fórmula “Habéis oído… pero yo os digo”. Jesús da a su enseñanza y a su modo de actuar una forma nueva y definitiva en la que se realiza en plenitud aquello hacia lo que la ley conducía. Cuando Jesús dice: “Yo os digo” inicia un nuevo período, un nuevo sentido de las cosas desde la lectura honda de toda la Ley, los Salmos y los Profetas.

- Milagros. Sin querer bajar más a detalles, que exceden este estudio, podemos ver del ministerio de Jesús sus milagros y sus parábolas. Hay dos textos simbólicos respecto a los milagros. Uno es Lc 7,22: “Id a contar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven…” Estas palabras son para garantizar a los discípulos del Bautista que “Él es el que ha de venir”. Sus milagros hacen referencia al AT y a la esperanza más profunda del pueblo (Is 26,19; 35,5-6; 42,7; 61,1), recordada también en Lc 14,25-27 (Elías y Eliseo hacedores de milagros) y en Lc 11.20 (“Si expulso los demonios es que ha llegado el Reino de Dios”)

Otro texto simbólico con respecto a los milagros es Mat 8,16-17: “Al atardecer le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra y curó a todos los enfermos para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías (Is 53,4: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades”). Para Isaías el Siervo “toma” sobre si nuestros dolores con su propio sufrimiento expiador. Mateo considera que Jesús los “tomó” quitándolos con sus curaciones milagrosas. Esta interpretación, en apariencia forzada, contiene en realidad una profunda verdad teológica: Si Jesús, el Siervo, puede aliviar a los hombres de sus males corporales, que son la consecuencia y la pena del pecado, es porque ha venido a tomar sobre sí la expiación de los pecados (BJ Mt 8,17+)

- Parábolas. En cuanto a las parábolas tenemos en el tercer discurso de Jesús en Mateo, (el discurso parabólico) una explicación con clara referencia al AT. En Mt 13,14-15 se cita a Is 6,9-10 para explicar porqué Jesús habla en parábolas, algo difícil de entender, es “porque se ha endurecido el corazón de este pueblo”, y no llegan a comprender y convertirse.

Otro texto en este mismo discurso es Mt 13,34-35 que cita el Salmo 78,2 considerándolo un oráculo profético: “Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que está oculto desde la creación del mundo”.

Pasión. Llama la atención a cualquier lector de los Evangelios el lugar tan destacado que en ellos ocupa la presencia de los Relatos de Pasión (RP). No era de esperar tanta insistencia en las escenas dolorosas de la Pasión. Esta podría haber sido relegada a la sombra. Pero muy pronto la Pasión ha merecido una atención y reflexión especial. Fruto de esta honda reflexión han sido los RP y otros escritos del NT. Y son las Escrituras las que dan fundamento a esta reflexión. Los Evangelios no son meras recopilaciones de recuerdos históricos. Cada Evangelio tiene su orientación y aporta un mensaje.

En los RP los detalles importantes se dan lacónicamente (“lo crucificaron”), en cambio otros detalles se dan de manera más entretenida, porque los encuentran anticipados en los Salmos y en los Profetas. Los RP no son historias biográficas sino teología en forma narrativa y el AT era la fuente teológica única de su tiempo. Tienen una intención apologética de los primeros cristianos que necesitan justificar la figura de Jesús, sobre todo su muerte escandalosa, contra los judíos.

Concretando más, vemos como la fuente más importante de la reflexión teológica la tenemos en los “Cantos del Siervo de Yahveh” de Isaías (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-11; 52,13-53,12) y en los Salmos que hablan del justo perseguido. El más citado de entre los cánticos del Siervo es el cuarto, Is 52,13-53,12 (Fl 2,9; Ef 1,20-21; Jn 12,12; Mt 27,29-31; Jn 19,5; Rm 15,21; Jn12,38; Rm 10,16; Mt 8,17; Hb 2,10; 2Cor 5,21; Ga 3,13; Rm 4,25; 1Pe 2,23-25; Mat 26,63; Jn 1,29; Mat 27,38; Mt 27, 60).

En la relectura de los Salmos podemos destacar las siguientes citas: Sl 22,2 (Mt 27,46; Mc 15,34), 22,8 (Mt 27,39; Mc 15,29; Lc 23.35), 22.9 (Mt 27,43), 22,19 (Mt 27,35; Mc 15,24; Lc 23,34), Sl 41 (Mc 14,18), Sl 42 (Mc 14.34), Sl 69 (Mc 15, 23.26). El más citado es pues el Salmo 22.

También otros profetas y otros escritos son citados: Jeremías, sobre todo en sus confesiones: 11,18 (en Hch. 1,24; Ap 2,23); 15,10 (en Lc 2,34); 18,18 . Zacarías 13,7 (en Mc 14,27: heriré al Pastor); 12,10 (en Jn 19,37: El traspasado); 11,12-13 (en Mt 27,9-10: Treinta monedas). Sabiduría 2,18-20 (en Mt 27,43; 26, 67-68); Exodo 12,46 (en Jn 19, 36). Genesis 37-50: Toda la historia de José, vendido por sus hermanos y que causa la salvación del pueblo se puede ver como tipo de Jesús.

Resurrección. La resurrección de Jesús constituye el centro de nuestra fe. Es un hecho real pero no “historia”, aunque sucede en la historia. Se expresará en géneros literarios diferentes: apocalíptico, apologético, polémico, histórico, epifánico… El hecho de la resurrección no se narra directamente, se “proclama” en revelación divina.

Los cristianos se dieron cuenta que la experiencia del resucitado era demasiado rica como para que pudiese expresarse mediante una única fórmula: “Cristo ha resucitado”. Utilizaron varias imágenes para expresar los distintos matices de esa su experiencia. Si la muerte en la cruz era el fracaso total, que mejor sería olvidarlo, con la resurrección todo cambia.

El mayor número de citas y referencias al AT sobre la Resurrección las encontramos en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas. En concreto las tenemos en los seis “Kerigmas” (Primero: Hch 2,14-39, Segundo: 3,12-36. Tercero: 4,9-12. Cuarto: 5,29-32. Quinto: 10,34-43. Sexto: 13,16-41).

Con referencia a cada uno de estos relatos de Kerigma podemos encontrar las siguientes citas veterotestamentarias: Al Primero: Jl 3,1-5; Sl 16,8-11; Sl 110,,1; Is 2,2. Al Segundo: Ex 3,6.15; Is 53,11-12; Lv 23,29; Dt 18,15; Gn 12,3; Is 52,13. Al Tercero: Sl 118,22; Jer 20,6. Al Cuarto: Sl 118,16. Al Quinto: Dt 10,17; Gn 2,6; Is 52,7; Is 61,1 Al Sexto: Ex 1,7; Is 1,2; Ex 3-15; Dt 1,31; Dt 7,1; Gn 15.13; Ex 12.40ss; 1Sm 8-10; Sl 89,21; Is 13.14; Is 40,28; Ml 3,1-2; Sl 2,7; Is 53,3; Sl 16,10; Ha 1,5.

Como se puede ver es Isaías y son los Salmos los libros que más dan para comprender la Resurrección de Jesús. Todas esas citas serán las que más pie dieron a las comunidades cristianas primeras para los títulos mesiánicos a Jesús. Alguno de ellos los examinaremos después.

Temas importantes del Nuevo Testamento

Reino de Dios. Sabemos que este tema está indisolublemente unido al Jesús histórico. La realeza de Dios sobre el pueblo elegido y a través de él sobre el mundo es el tema central de la predicación de Jesús, como lo era el del ideal teocrático del AT. Implica un Reino de “santos” cuyo Rey verdadero será Dios, porque su Reinado será aceptado por ellos con conocimiento y amor. Esta realeza, comprometida por la rebelión del pecado, debe ser restablecida por una intervención soberana de Dios y de su Mesías. Es esta intervención la que Jesús, después del Bautista anuncia como inminente y la realiza, no por medio de un triunfo bélico y nacionalista, como esperaba la gente, sino de una manera enteramente espiritual como Hijo del hombre y Siervo (BJ Mat 4,17+)

En el anuncio de la primera de las alegorías de Daniel (ver BJ Dn 2,28+) todos los imperios terrestres se derrumbarán para ceder su puesto a un Reino nuevo y eterno, porque está fundado en Dios (Dn 2,44). Esta visión se repetirá en la visión de las bestias y del Hijo del hombre a quien el Anciano le entrega el imperio, honor, y reino que no pasará jamás (Dn 7)

El libro de la consolación de Isaías (c. 40-55) es un evangelio, pues anuncia la Buena Noticia. Los mensajeros que acuden al país y los vigías que los divisan anuncian la alegría, es decir, la inauguración de un Reino personal de Yahveh en Siòn. La razón es la promesa hecha realidad en el grito jubiloso: “Ya reina tu Dios” (Is 52,7). Este reino que va a reemplazar al de los reinos terrestres ha sido anunciado hace ya mucho tiempo por los profetas: Is 43,15; Jer 3,17; 8,19; Ez 20,33; 3,11-16; Mi 2,13; 4,7; So 3,15. Y lo exaltan los “Salmos del Reino”: Sl 47; 93; 96; 97; 98; 99; 145; 146; (BJ Is 52,7+)

En la parte más tardía y apocalíptica de Zacarías, en su c. 14, sale con frecuencia la expresión: “Y será Yahveh Rey” (v 9.16.17) en el ambiente de combate escatológico, Dios será todo en todos. En el versículo 16 se celebra a Yahveh Rey en la fiesta de las Tiendas. Se elige sin duda esta fiesta porque en ella se celebraba la realeza de Yahveh (BJ Dn 14,16+)

No olvidemos que en Za 9,9 se nos presenta al rey humilde y montado en un asno que se usará para interpretar la entrada de Jesús a Jerusalén. Recordemos como en el libro primero de Samuel (1Sm 8-12) se hallan las dos corrientes pro y anti monarquía. La gran personalidad de David conciliará el aspecto religioso y profano de la monarquía de Israel. El ideal ya no lo alcanzarán los sucesores y David quedará como la figura del rey futuro por quien Dios obrará la salvación de su pueblo. Relacionado con esto están los títulos de Mesías, Pastor y otros, tan relacionados con Jesús y que veremos después.

Iglesia. El termino semítico Qahal, traducido al griego por Ekklesia, significa asamblea y se encuentra con frecuencia en el AT para designar a la comunidad del pueblo elegido, especialmente en el desierto (Dt 4,10; Hch 7,38) Algunos círculos judíos que se creían el resto de Israel, como los esenios de Qumran, denominaban así a su agrupación. Al recoger este término Jesús designa a la comunidad mesiánica, cuya nueva Alianza va Él a fundar con la efusión de su sangre; y al usarlo como paralelo de Reino de los Cielos indica que esta comunidad escatológica empezará ya en la tierra con la sociedad organizada cuyo jefe instituye. (BJ Mt 16,18b+).

El termino Iglesia, tomado del AT para designar a la comunidad mesiánica, ha adquirido con el desarrollo cristiano un significado cada vez más amplio: Primero, la Iglesia madre de Jerusalén; luego las Iglesias particulares de Judea y de la gentilidad, sus asambleas y sus locales; finalmente la Iglesia en su universalidad teológica, su personalidad de Cuerpo y Esposa de Cristo y su plenitud cósmica (BJ Hch 5,11+).

Recuérdese a este respecto la expresión “reunión sagrada” (Ex 12,16; Lv 23,3; Nm 29,1) y “los santos” (Lv 17; Ex 19,6; Dn 7,18), que fue la designación ordinaria de los cristianos, primero en Palestina luego en todas las Iglesias.

Alianza. Muy relacionado con el tema Iglesia, pueblo elegido, está el tema Alianza. Este tema tan presente, sobre todo en la institución de la Eucaristía (Mt 26,28; Mc 14,24; Lc 2,20; 1Cor 11,25), recorre de una manera u otra todo el AT, con el significado de pacto de amistad entre Dios y su pueblo, como ocurría en aquella sociedad.

A veces es un compromiso gratuito de Dios con sus elegidos. Tenemos la alianza con Noé y con toda la creación; el signo es el arco iris (Gn 6,18; 9,9); con Abraham y sus descendientes cuyo signo es la circuncisión (Gn 15 y17); con Moisés y el pueblo de Israel con la obediencia de la Ley como contrapartida (Ex 19,5; 24,7-8); con David y su descendencia (2Sm 7,14). Y se está a la espera de la “nueva alianza” concluida en la plenitud de los tiempos (Jer 31,31; Ez 36,25-28; Is 55,3; Is 59,21; Is 62,8).

En Mateo y Marcos está más presente la Alianza del Sinaí con la sangre del cordero. En Lucas y primera Corintios está la idea de la Alianza nueva y eterna y su relación con el “Siervo de Yahveh.

Eucaristía. Íntimamente unido al tema de la Alianza está el de la Eucaristía. Esta también está plenamente enraizada en el AT, tanto en su relación con el maná (Jn 6,31 = Ex 16,1), la comida de Pascua (Mt 26,17 = Ex 12,1; 23,14), la reunión sagrada (Hch 20.7 = Ex 12,16), la liturgia de la palabra (Lc 4,16s = Neh 8.3), como sobre todo en los ritos de los sacrificios.

Entre todos los sacrificios destaca por su simbolismo neotestamentario “el sacrificio de comunión”. El sacrificio llamado de comunión, en que la victima es compartida entre Dios y el oferente, está atestiguada en Canaán, pero el sacrificio israelita se distingue de él por el antiguo rito de la sangre. Es un banquete sagrado: Las partes más vitales de la victima se ofrecen a Dios y se queman en el altar, una parte elegida se concede a los sacerdotes y el resto es consumido por los fieles. En la época antigua este tipo de sacrificio era el más frecuente y constituía el rito central de las fiestas, expresando ante todo la comunidad de vida, la relación de alianza y de amistad entre el fiel y su Dios. (BJ Lv 3+). Es lo que encontramos en Ex 24,3-11.

Hablábamos del rito de la sangre. La sangre se consideraba como la sede del principio vital y de ahí su papel de primer orden en el ritual de los sacrificios y las alianzas. En Ex 24,6-8 se nos explica ese rito realizado en el Sinaí. Moisés, intermediario entre Yahveh y el pueblo, los une simbólicamente derramando sobre el altar, que representa a Yahveh, y luego sobre el pueblo, la sangre de una misma victima. De este modo el pacto es ratificado por la sangre, como la Nueva Alianza lo será por la sangre de Cristo (BJ Ex 24,8+)

Templo. El templo era para el pueblo el lugar de la presencia de Dios, como primero fue la tienda de la reunión (Ex 25-31). Su presencia está en gran parte del AT. Pero en el Ap 21,22 se nos dice que “en la nueva Jerusalén no vi Santuario alguno en ella”. El santuario en el que Dios residía en el corazón de la Jerusalén terrestre, ha desaparecido. El cuerpo de Cristo inmolado y resucitado es ahora el lugar de culto espiritual nuevo (BJ Ap 21,22 +).

En bastantes textos vemos este mismo significado: Culto en espíritu y en verdad (Jn 4,21s), el lugar de la presencia divina (Jn 1,14), el templo espiritual de donde manan ríos de agua viva (Jn 7,37s; 19,34), pero sobre todo en la purificación del Templo (Jn 2,21: “El hablaba del santuario de su cuerpo”). Se trata pues de uno de los principales símbolos joánicos.

Ese mismo sentido lo tenemos en el relato de la expulsión de los mercaderes en los otros evangelios y el la acusación a Jesús en el Sanedrín (Mt 26,61) y el anuncio de la destrucción de Jerusalén (Lc 19,44). En Pablo la comunidad cristiana sucede al Templo de Jerusalén y el Espíritu que mora en ella da una nueva identidad a la presencia de Dios en medio del pueblo santo (BJ Rm 12,1+) En Hch 6.13-14 también a Esteban se le acusó lo mismo que a Jesús: “Este hombre no para de hablar contra el Lugar Santo… pues le hemos oído decir que Jesús destruiría este Lugar”

No podemos olvidar en este respecto a Jer 7,1ss en su invectiva contra el Templo. El Templo, santificado por la presencia de Yahveh (1Re 8,10s) podía parecer como inviolable y el fracaso de Senaquerib el 701 a C había puesto en claro la protección de Yahveh sobre la ciudad santa. De ahí la presunción de que indudablemente volvería a actuar la misma protección. Jeremías va a escandalizar al pueblo afirmando, después de Miqueas (3,12), que una confianza así era ilusoria. Dios puede abandonar su Templo. Ezequiel verá así mismo que la Gloria de Yahveh abandona su Santuario (Ez 11,23) (BJ Jer 7,1b+). No podemos olvidar tampoco el gran impacto de la destrucción del Templo de Salomón el año 587 a C (2Re 25,9)

Evangelio. Esta palabra está tan unida al NT que parecería que nace con él. Falsamente identificamos a veces esta palabra con unos escritos o un género literario. Así al inicio del Evangelio de Marcos leemos: “Comienzo del evangelio de (=que es) Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc 1,1). Pero aquí no se habla del libro; este significado no está nunca en el NT. Se habla de la Buena Noticia que es Jesucristo.

La Buena Noticia, que es lo que significa la palabra griega “euangelion”, es la venida del Reino. Preparada ya en el AT (Is 40,9; 52,7; 61,1) es anunciada por Jesús. Esta Buena Noticia, primero predicada y luego poco a poco escrita, ha quedado fijada en nuestras cuatro Evangelios canónicos (BJ Mc 1,1+)

En Lucas no aparece más que como verbo, no como sustantivo; en primer lugar en las palabras de Gabriel a Zacarías (Lc 1,19: “He sido enviado a hablarte y a anunciarte la Buena Noticia”). Otras 9 veces aparece en este Evangelio y 15 en los Hch, las más de las veces a propósito de la Buena Noticia del Reino. (BJ Lc 1,19+) (Ver los textos aludidos antes en el tema Reino). En el NT tenemos diferentes expresiones con respecto al Evangelio: Evangelio de Dios, Evangelio de Cristo, Evangelio de Pablo, Evangelio de salvación… pero siempre con el mismo significado: Dios, el origen; Cristo, la realización; Pablo, el proclamador; salvación, el contenido.

Pobres. En intima relación con el anuncio del Evangelio, Buena Noticia, tenemos el tema de los pobres. Is 61,1, hecho propio por Jesús en Lc 4,16s, nos habla de la unción del Espíritu para proclamar la Buena Noticia a los pobres. Los pobres tienen gran importancia en al Biblia. Si la lectura sapiencial tiende a considerar la pobreza como efecto de la pereza (Pr 10,4; pero ver también con sentido diverso Pr 14,21; 18,12), los profetas saben que los pobres son ante todo los oprimidos. Reclaman justicia para los débiles y pequeños. El Deuteronomio, siguiendo a Ex 22,20-26; 23,6, les hace eco con su legislación humanitaria (Dt 24,10ss).

En Sofonías el vocabulario de la pobreza toma un colorido moral y escatológico. Los anawim (=Pobres) son, en una palabra, los israelitas sumisos a la voluntad divina. A los pobres es a quienes será enviado el Mesías (Is 61,1: 11,4; Sl 72,12). El mismo será humilde y manso, renunciando al boato de los reyes históricos (Za 9,9) y será incluso oprimido (Is 53,4; Sl 22,25) (BJ So 2,3+).

Los pobres de Yahveh descritos en Sofonías son pobres, confiados en Dios, alegres y protagonistas de la salvación de Dios. Serán la posteridad espiritual de Jeremías que invita a cantar a Yahveh: “Cantad a Yahveh, alabad a Yahveh, porque ha salvado la vida de un pobrecillo de la mano de los malhechores”(Jer 20,13), “Juzgó la causa del cuitado y pobrecillo” (Jer 22,16a).

En Mt 11,29 se nos ponen los epítetos clásicos de los pobres del AT, “manso y humilde de corazón”. Jesús reivindica su actitud religiosa y se considera autorizado para hacerse su maestro de sabiduría como estaba anunciado del Siervo de Yahveh. De hecho es para ellos para quienes ha anunciado las Bienaventuranzas (Mt 5,3) y otras instrucciones de su Buena Noticia (BJ Mt 11,29+)

En Mt 11,25s y paralelos se expresa cómo el misterio de Dios es revelado a los “pequeños”. Jesús es ejemplo de pobreza (Lc 2,7; Mt 8,20) y de humildad (Mt 11,29; 20,28; 21,5; Jn 13,12; 2Cor 8,9; Fl 2,7s). Él se identifica con los pequeños y los desdichados (Mt 25,45) (BJ Mt 5,3+)

Si leemos atentamente el Evangelio de Lucas tenemos la sensación de que es el Evangelio de los pobres. En él se intensifican todos los rasgos de los pobres, y la preocupación de Jesús por ellos. Él es el que pone en boca de María el himno de los Anawim. No podemos tampoco olvidar la preferencia que tienen los pobres en la carta de Santiago (2,1-7).

El sábado. Un tema de gran importancia para comprender las actuaciones de Jesús y su confrontación con los fariseos es el tema del Sábado. Lo tenemos en Mc 2,27s (arrancar espigas en sábado. El Hijo del hombre es Señor del Sábado), Mt 12,9-14 (curación del hombre de la mano seca), Lc 13,14 (curación de la mujer encorvada), Lc 14,1-6 (curación del hidrópico), Jn 5,1-18 (enfermo de Betesda), Jn 7,19-24 (quieren matar a Jesús), Jn 9 (ciego de nacimiento)…

Jesús afirma que ninguna institución divina, como la del descanso sabático, tiene un valor absoluto, que debe subordinarse a la necesidad o a la caridad, y que él mismo tiene poder de interpretar con autoridad la ley mosaica. Los rabinos admitían dispensar de la ley del sábado, pero por sus escrúpulos las restringían lo más posible (BJ Mt 12,8+).

El nombre de sábado es relacionado explícitamente por la biblia (Ex 16.29-30; 23,12; 34,21) con una raíz que significa “cesar”, descansar. Es un día de reposo semanal consagrado a Yahveh que descansó el séptimo día de la creación (Gn 2.2-3). A este motivo religioso se añade una preocupación humanitaria (Ex 23.12; Dt 5,14). La institución del sábado es muy antigua pero su observancia cobró especial importancia a partir del destierro y se convirtió en un distintivo de Judaísmo (Neh 13,15-22, 1Mac 2.32-41). El espíritu legalista transformó la alegría de ese día en un agobio del que Jesús liberó a sus discípulos (BJ Ex 20,8+). Otro tema paralelo es el del año sabático que no tocamos aquí.

Hay otros temas posibles de estudiar y compartir: Oración (Padre Nuestro), Discipulado, Fiestas, Perdón…


Títulos de Jesús

Todos los títulos que se aplican a Jesús tienen una base en el AT, aunque alguno esté también relacionado con el culto imperial de su tiempo. Examinaremos algunos de estos títulos en su relación con el AT.

Mesías, Cristo, Ungido. Los tres títulos significan lo mismo en hebreo, griego y castellano. (Jn 1,41: “Hemos encontrado al Mesías, que quiere decir Cristo”) A veces este título ha quedado como si fuera el nombre propio de Jesús y de Él el nombre de sus seguidores (Hch 11,26: “Los discípulos recibieron el nombre de cristianos”), sobre todo en las cartas de S. Pablo. Ya el Evangelio más antiguo, Marcos, empieza con ese título aplicado a Jesús (Mc 1,1)

Este titulo es el más destacado en el NT pero no el más usado en el Evangelio- Parece como que haya cierto reparo en ser usado por Jesús. Tenemos lo que se ha llamado “Secreto mesiánico” fuertemente destacado en Marcos. A los demonios (Mc 1,25.34; 3,12), como a los favorecidos de algún milagro (Mc 1,44; 5,43; 7,36; 8,26) y hasta a los apóstoles (Mc 8,30; 9,9) Jesús impone, respecto a su identidad mesiánica, una consigna de silencio que no se levantará hasta después de su muerte. Como la gente se hacia por entonces, respecto al Mesías una idea nacionalista y bélica muy distinta de la que Jesús quería encarnar, se veía obligado a usar de mucha prudencia, al menos dentro de Israel, para evitar molestos errores sobre su misión. Parece que esta fue una actitud histórica de Jesús, no tesis artificial inventada por Marcos. Solo que Marcos la ha convertido en tema de su preferencia. (BJ Mc 1,34+).

En Jn 6,15 vemos que la multitud, saciada en la multiplicación de los panes, intenta tomarlo por la fuerza para hacerlo rey. A esto responde Jesús huyendo al monte, después de mandar embarcarse a sus discípulos y dispersar a la gente. Nos podemos imaginar el peligro que esto suponía, sabiendo la historia de tantos pretendientes mesías, machacados por las fuerzas romanas (Hch 5,35-37: Gamaliel pone dos ejemplos en la sesión del Sanedrín, Teudas y Judas el galileo, parece del tiempo del nacimiento de Jesús). Tenemos conocimiento de otros mesías o cristos en la primera y segunda guerra de los judíos contra los romanos. La gente llamaba con ese título a todo aquel convertido en salteador por ser desposeído de su tierra, cuando tenía éxito en asaltar a los cobradores de impuestos.

En este ambiente podemos entender mejor la oposición de Pedro a Jesús después de proclamarlo como el Cristo y que Jesús anunciase su pasión (Mt 16,27: “Tomándole a parte Pedro se puso a reprenderlo diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá esto!’”). Solo ante el Sanedrín Jesús, renunciando en ese instante supremo a su consigna de “secreto mesiánico” reconoce categóricamente que él es el Mesías (Mt 26,64). Este título de Mesías o Cristo se aplicaba ante todo a aquel que ha recibido una unción real (Sl 2.2). Jesús al recibir el Espíritu es “ungido” como rey sobre el nuevo pueblo de Dios (1Sm 16.14; Jc 3,10). Esto es lo que la voz celeste le declara citando Sl 2,7, completado con Is 32,1, en el Bautismo(Mc 1,9). Y lo que el mismo Jesús proclama en al sinagoga de Nazaret aplicándose el texto de Is 61,1-2: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido” (Lc 4,18).

En los textos históricos antiguos, la unción se reserva para el rey (1Sm 10,1s; 16,1s; 1 Re 1,39; 2Re 9,6; 11,12) Esta unción confiere al rey carácter sagrado, es el “ungido del Yahveh”, Este título, aplicado con frecuencia por los salmos a David y a su dinastía, se ha convertido en título por excelencia del futuro rey, el Mesías, de quien David era tipo, y el NT se lo otorga a Jesús. Un hombre de Dios: Profeta (1Re 19,16) o sacerdote (1Sm 9,26) era el que ungía al rey.

Posteriormente se ungiría a los sacerdotes. No perece que se les confiriese la unción antes de la época persa. Los textos sacerdotales antiguos la reservaban para el Sumo Sacerdote (Ex 29,7.29; Lv 4,3.5.16; 8,12). Luego se aplicó a todos los sacerdotes (Ex 30,30; 28,41; 40,15; Lv 7,36; 10,7; Nm 3,3) (BJ Ex 30,22+)

Por último tenemos un texto extraño en el que el que se unge es un profeta (1Re 19,16: “Y a Eliseo… lo ungirás como profeta en tu lugar”). Según los comentaristas la unción no se daba a los profetas. Ese término impropio se trae aquí por el paralelismo con la unción al rey que se le encarga a Elías (BJ 1Re 19,16b+). Pero también Is 61,1 (:”Me ha ungido Yahveh”) parece hablar también de la unción del profeta, más cuando este texto parece ser como la narración de la vocación del TritoIsaías, pero estamos ya lejos del significado material de ungir, ya a la vuelta del exilio. Se ha espiritualizado este concepto.

En el tiempo de Jesús existía la espera del Mesías para cumplir la profecía de Natán (2Sm 7,12). El claroscuro de la profecía deja entrever un descendiente privilegiado en quien Dios se complacerá. Es el primer eslabón de la profecías sobre el Mesías, hijo de David, la primera expresión del mesianismo real. Cada rey de la dinastía davídica será una imagen imperfecta del rey ideal futuro. Hch 2,30 aplicará el texto a Cristo. (BJ 2Sm7+). Si se ungía al rey, al sacerdote y al profeta no es de extrañar que junto al mesianismo real estuviese el sacerdotal y el profético. La comunidad esenia de Qumran esperaba dos Mesías: el real y el sacerdotal. Esto nos recuerda a Za 4.14: “Estos son los dos ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra”. Los dos ungidos (hijos del aceite) son Josué que representa el poder espiritual y Zorobabel el poder temporal. El primero tiene la unción sacerdotal y el segundo recibirá, como se esperaba, la unción real. (BJ Za 4,14+). Por esto esté título de Mesías está tan relacionado al título de Sacerdote, de Profeta, de Rey, de Rey de Israel, de Hijo de David e incluso al de Hijo de Dios, como veremos después.

Hijo del hombre. Nos encontramos ante un título con las características contrarias al de Mesías - Cristo. Es el de Hijo del hombre. Así como el de Mesías – Cristo fue usado sobre todo por la comunidad cristiana primera y rechazado por Jesús, este de Hijo del hombre es normal en los labios de Jesús, pero desapareció enseguida entre los cristianos.

Este título, que solo aparece en los Evangelios, excepto Hch 7,56; Ap 1,13; 14,14, Jesús se lo dio ciertamente a si mismo y con predilección, ya para referirse a sus humillaciones (Mt 8,20; 11,19; 20,28), sobre todo en la pasión (Mt 17,22), ya para anunciar su triunfo escatológico de la resurrección (Mt 17,9), de venida gloriosa (Mt 24,10) y de juicio (Mt 25,31).

Este título, de sabor arameo, que primitivamente significaba “hombre” (Ez 2,1) atraía la atención, por su forma peculiar, sobre la humildad de su condición humana pero al mismo tiempo aplicado por Dn 7,13 y después de él por la apocalíptica judía (Henoc) al personaje trascendente, de origen celeste, que recibía de Dios el Reino escatológico, sugería de forma misteriosa pero suficientemente clara el verdadero carácter de su mesianismo Debería disipar cualquier equivoco la declaración explícita de Jesús ante el Sanedrín (Mt 26,64: “Veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir en la nubes del cielo”. Ver Sl 110,1: “Oráculo de Yahveh a mi Señor, siéntate a mi derecha” ) (BJ Mt 8,20+).

En Juan el título denota una insistencia en la humildad de Jesús, aunque su origen divino, señalado con fuerza (3,13; 6,62), es el que motiva los actos en los que anticipa las prerrogativas escatológicas (5,26-29; 6,27.53; 9,35). Concretamente en Jn 3,14: “Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre”. El Hijo del hombre debe ser “levantado” a la vez alzado en la cruz e introducido de nuevo en la gloria del Padre. Para ser salvado el creyente habrá de “mirar” a Cristo “levantado” en la cruz (BJ Jn 3,14+). La expresión Hijo del hombre, aplicada por Dios a su profeta, es peculiar de Ezequiel y subraya la distancia entre Dios y el hombre. Solo en Dn 7,13 llegará a ser un título mesiánico que recogerá Jesús. El arameo “bar nasa”, como el hebreo “ben Adam” equivale ante todo a hombre (Sl 8,5). En Ezequiel Dios llama así al profeta. Pero la expresión en Dn 7,13 tiene un sentido especial, eminente, por el que se designa a un hombre que supera misteriosamente la condición humana.

Tiene sentido personal, como atestiguan los antiguos textos judíos apocalípticos inspirados en el texto de Daniel, así como también la interpretación rabínica contante y sobre todo el uso que de él hace Jesús aplicándolo a sí mismo. Pero también tiene el sentido colectivo basado en el v. 18 y 22, en que el Hijo del hombre se identifica con los Santos del Altísimo. Pero el sentido colectivo, igualmente mesiánico, prolonga el sentido personal, ya que el Hijo del hombre es a la vez la cabeza, el representante y el modelo del pueblo de los Santos. Algunos piensan que las palabras se refieren a los Macabeos. (BJ Dn 7,13+)

Hijo de Dios. Ante este título lo primero que nos viene a la mente es la segunda persona de la Sma. Trinidad. Pero esto es fruto de una teología posterior que fue formándose no necesariamente de este título bíblico del AT. El título bíblico de Hijo de Dios no expresa necesariamente una filiación de naturaleza, sino que puede indicar simplemente una filiación adoptiva resultante de una elección divina que establece entre Dios y su criatura relaciones de intimidad particular.

Así este título es aplicado a los ángeles o seres misteriosos superiores que forman la corte de Yahveh (Jb 1,6; Sl 29,1; 82,1; 87,7), al pueblo elegido (Ex 4,22; Sb 18,13), a los israelitas (Dt 14,1; Os 2,1), a los príncipes y jueces (Sl 82,6). Por eso cuando se dice del Rey Mesías (1Cro 17,13; Sl 2,7; 89,27) no exige que este sea más que humano, y no es necesario suponer más en el pensamiento de Satán (Mt 4,3.6), de los endemoniados (Mc 3,11; 5,7; Lc 4,41), a forciori del centurión (Mc 15,19). Incluso las palabras del Bautismo Mt 3,17) y de la Transfiguración (Mt 17,5) no implicarían de suyo más que el favor especial otorgado al Mesías Siervo; y la pregunta del Sumo Sacerdote (Mt 26,63) no perece que va más allá de esta significación mesiánica. Este título queda abierto en otros pasajes a la significación más elevada de una filiación propiamente dicha. Los discípulos no tuvieron clara conciencia de ello en vida de Jesús, aunque los textos de Mt 14,33 y 16,16, al añadir esta expresión al texto más primitivo de Marcos reflejan sin duda una fe más evolucionada que fueron adquiriendo después de la Pascua (BJ Mt 4,3+; Mc 1,1c+). En la profecía de Natán (2Sm 7,14: “Yo seré para él Padre y el será para mi hijo” que es la formula clásica de adopción) se ve cómo los reyes son adoptados por Dios como hijos. Eso mismo expresan los salmos 2,7 y 110,3, salmos de entronización real.

Siervo (de Yahveh). Recordemos lo que hemos dicho antes sobre el uso del AT en la Pasión y Resurrección de Jesús y como los cristianos reconocieron en Jesús al misterioso Siervo de Yahveh de los cantos de Isaías, sobre todo del cuarto (Is 52,13-53,12) (Mt 12,17s). Vemos cómo se le cita en Hch 3,13 (“El Dios de nuestros padres ha glorificado a su Siervo Jesús”), 3,26 (“Para vosotros ha resucitado Dios a su Siervo”), 4,27 (“Con tu Santo Siervo Jesús a quien has ungido”), 4,30 (“Señales y prodigios por tu Santo Siervo Jesús”). Tenemos otras alusiones en Rm 4,25; 8,32; Ga 2,20; Ef 5,2.25; Hch 7,52.

Los pasajes de los cantos del Siervo en Isaías son de los más estudiados del AT y no hay acuerdo ni en cuanto a su origen ni en cuanto a su significación. Parece muy probable la atribución de los tres primeros al segundo Isaías y el cuarto a uno de sus discípulos. Se discute mucho la identidad del Siervo. A menudo se ha visto en él la imagen de la comunidad de Israel. Pero los rasgos individuales están demasiado marcados por lo que los exégetas reconocen en el Siervo a un personaje histórico del pasado o del presente. La opinión más atrayente es la que identifica al Siervo con el mismo Segundo Isaías; el cuarto cántico habría sido añadido después de su muerte.

El Siervo es el mediador de la salvación futura y esto justifica la interpretación mesiánica, que, incluso una parte de la tradición judía, ha dado a estos pasajes, excepto en el aspecto del dolor.

Recordemos otros textos del AT en que sale este título, aplicado a Moisés (Ex 14,31; Jos 1,1; Dt 34,5), a Josué ( Jo 24,29), a David (Sl 18,1; 89,4.21; 78,70), a los ángeles (Jb4,18), al mismo Job como intercesor (Jb 42,8) y las veces que se le da a Isaac este título.

No podemos olvidar que en griego la misma palabra “país” significa Hijo y Siervo y cómo en textos del NT se intercambian estos términos como en Mt 3,17 en que la cita de Is 42,1. “Este es mi siervo… en quien se complace mi alma”, se convierte en “Este es mi hijo en quien me complazco”. Esta noción de siervo incluye más bien una relación de confianza y amor que no de amo a esclavo. (NBJ Is 41,8+)

Cordero. Otro doble significado en relación con el título Siervo, pero ahora en el idioma arameo, es la de la palabra “talya” que se puede traducir por Siervo y por Cordero. Este título lo vemos sobre todo en la tradición joánica. En Jn 1,29 se nos dice de Jesús: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Como el Siervo de Yahveh, del que se habla en Is 42,1-4 y al que alude Jn 1,34, él quita el pecado gracias a la enseñanza que nos da. Pero algunos han pensado que el término cordero era una mala traducción del original hebreo que significa también siervo.

La tradición joánica conoce posiblemente la interpretación targúmica del sacrificio de Isaac: “Atado sobre el monte, como un cordero sobre el altar (Gn 22,2.6-9) y ve en Isaac una figura de Cristo (Jn 8,56; 9,31.42); él es el verdadero Cordero Pascual que por su muerte quita el pecado del mundo. A esta asimilación de Jesús con el Cordero Pascual hace referencia 1Cor 5,7: “Porque el Cordero Pascual, Cristo, ha sido inmolado”

En Jn 19,36 (“no se le quebrará hueso alguno”) tenemos la fusión de Sl 34,21 que describe la protección divina sobre el justo perseguido y Ex 12,46 que es una prescripción pascual. (NBJ Jn 1,28+; 19,36+; 18,28+). No podemos olvidar tampoco toda la importancia que le da el Apocalipsis al Cordero. En el Apocalipsis se le dará a Cristo el titulo de Cordero unas 30 veces (5,6.12;8,1; 15,3; 21,9…). Es el Cordero que ha sido inmolado para la salvación del pueblo elegido. Lleva las huellas de su sacrificio, pero está de pie triunfante, vencedor de la muerte y por eso asociado a Dios como dueño de toda la humanidad (NBJ Ap 5,6ª+). Las bodas del Cordero simbolizarán el establecimiento del Reino celestial que será descrito en 21,9ss.

Señor. Casi como contrapunto al título de Siervo es el de Señor. Tenemos la aplicación que hace Mt 22,44 al Sl 110,1: “Dijo Yahveh a mi Señor, siéntate a mi derecha”. Lo mismo hace Hch 2,34-36 cuando Pedro señala: “Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado”

Para comprender este título de Señor aplicado a Jesús es fundamental ver el himno de Fl 2,6-11. “Toma la condición de esclavo”: este modo de existencia a la luz de la alusión a Is 53,12 solo puede ser el del humillado Siervo paciente de Yahveh. Nótese el contraste con Señor del v.9, de modo velado: “Pero Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre”. El nombre es el de Señor. Es un título que Cristo consigue por su Pasión y Resurrección. Ya claramente eso mismo está patente en el v 11: “Toda lengua confiese que Cristo es el Señor para gloria de Dios Padre”. Es la profesión de fe esencial del cristianismo: “Porque si confiesas que Jesús es el Señor…” (Rm 10,9). “Nadie puede decir: Jesús es Señor si no lo hace movido por el Espíritu Santo” (1Cor 12,3). “Vivid según Cristo Jesús, el Señor, tal como lo habéis recibido” (Col 2,6)

Este título de Jesús resucitado Lucas lo concede a Jesús desde su vida terrena con más frecuencia que Mateo y Marcos. Un primer ejemplo lo tenemos en Lc 1,43 cuando Isabel saluda a María de este modo: “Como así viene a visitarme la madre de mi Señor”. Ver otros casos en 7,13; 10,1.39.41; 11,39 etc. Este título en el AT estaba reservado para Dios. El término “Kyrios” traduce, por lo común en los LXX, el nombre de Yahveh. El traductor de Ben Sirac lo emplea con mucha frecuencia, incluso para traducir los otros nombres divinos (BJ Si 1,1+) Y ese uso pasa al NT cuando cita el AT. El Sl 110,1 dice :”Oráculo de Yahveh a mi Señor” y Mt 22,44 dice: “Dijo el Señor a mi Señor”. Refiere la tendencia a no pronunciar el nombre de Yahveh por respeto y miedo a profanarlo y se sustituye por “Adonay· (Señor), Poder, Presencia, Gloria, Cielos… o por la pasiva divina. No entramos a tratar todo el trasfondo del culto al emperador divinizado, al que se le llamaba con ese título. De seguro que también influiría en la comunidad cristiana primitiva para darle a Jesús este título.

Profeta. Desde hacía tiempo en la época de Jesús, el pueblo de Israel pensaba que Dios había dejado de hablar ya por los profetas. Pero ya con el Bautista pensaba que el cielo se había abierto de nuevo y sobre todo con un Jesús crítico y consolador.

El título de Profeta es reivindicado por Jesús de manera velada (Mt 13,57: “Un profeta solo carece de prestigio en su patria y entre los suyos”; Lc 13,33: ”Conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén”). Pero la gente se lo otorga claramente (Mt 16,14; 21,11.46; Mc 6,15; Lc 7,16.39; 24,19; Jn 4,19; 9,17). Tenía valor mesiánico.

Pues el Espíritu, extinguido desde Malaquías, debía reaparecer, según esperaba el judaísmo, como señal de la era mesiánica o en la persona de Elías (Mt 17,10-11) o en la forma de efusión general del Espíritu (Hch 2,17-18.32). De hecho muchos (falsos) profetas se presentaron en tiempos de Jesús (Mt 24,11.24). Juan el Bautista fue, sí, verdadero profeta pero a título de precursor con el espíritu de Elías y él mismo negó (Jn 1,24s) ser “El Profeta” que había anunciado Moisés (Dt 18,15) (BJ Mt 16,14+)

En Dt 18,18, en el discurso de Moisés, se nos da el mensaje recibido de Yahveh: “Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos, un Profeta semejante a ti; pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que yo le mande”. Paralelamente a la institución de la realeza de que habla Dt 17,14-20 se trata aquí de la institución del profetismo que Moisés atribuye a Yahveh con ocasión de la teofanía del Sinaí. Pedro en su primer discurso de Hch 3,22-23, cita este texto y lo aplica a Cristo. En Hch 7,37 se pone esta misma cita y su aplicación en boca de Esteban.

Apoyados en este texto del Deuteronomio los judíos esperaban al Mesías como un nuevo Moisés, el Profeta por excelencia (Nm 12,7+), que renovaría centuplicados los prodigios del Éxodo. De ahí la pregunta que los judíos hacen al Bautista: “¿Eres tu el Profeta?” (Jn 1,21). En el Evangelio de Juan las discusiones de Jesús con los judíos se hacen porque los cristianos presentan a Jesús como nuevo Moisés: Jn3,14: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto…”; 6,14: “Este es el verdadero Profeta que iba a venir al mundo”; 6,30-31.58: “Nuestros padres tomaron el maná. No fue Moisés quien les dio el pan del cielo…”; 7,40-45: “Muchos de los presentes que habían oído estas palabras comentaban: ‘Este es el verdadero Profeta’”; 9,28-29: “Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios pero este no sabemos de donde es. Tu serás discípulo de ese hombre, nosotros somos discípulos de Moisés”. Este pensamiento de Juan como nuevo Moisés está fuertemente enraizado en el Evangelio de Mateo como ya hemos expuesto anteriormente.

El Justo. Unido al título de Hijo de Dios, aplicado a los israelitas, pronto se nota la tendencia a reservarla para solo los justos (Sl 18,18). El libro de la Sabiduría con frecuencia asigna este título de Justo al pueblo fiel, muchas veces perseguido, pero siempre protegido de Dios (Sb 2,12: “Tendamos lazos al Justo que nos fastidia”; 2,16: “Proclama dichosa la muerte de los Justos”; 2,18: “Si el Justo es hijo de Dios Él lo asistirá (ver Sl 22,9; Mt 4,3; 27,43); 3,1: “Las almas de los Justos están en manos de Dios”; 3,7: “El Justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso”; 5,15: “Los Justos en cambio viven eternamente”.

No he encontrado en el AT este título con sentido mesiánico pero el concepto de Justo aparece con frecuencia, sobre todo en el libro de la Sabiduría, como hemos visto, y en muchos Salmos en que se encuentra la confianza en Dios de parte del Justo y en los momentos de persecución (Sl 22; 37…) Como Justo se presenta a Job (Jb 1,1). Habacuc en 2,4 nos habla de que “El Justo vivirá por su fidelidad”. Este texto es citado por Pablo en Ga 3,11. Es la fidelidad a Dios, es decir, a su palabra y a su voluntad, lo que caracteriza al Justo y le garantiza aquí abajo ya la seguridad y la vida. Es la conformidad completa del pensamiento, de la acción con la voluntad divina, tal como esta se halla en los preceptos de la Ley y en la voz de la conciencia (BJ Sb 1,1+) Y nos dice Is 53,11 que el Justo justificará a muchos.

En el NT aparece ya como título aplicado a Cristo: “Vosotros renegasteis del Santo y del Justo “ (Hch 3,14); “Ellos mataron a los que anunciaban de antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros habéis traicionado y asesinado” (Hch 7,52); “Para que veas al Justo y escuches la voz de sus labios” (Hch 22,14); “No te metas con ese Justo”, en palabras de la mujer de Pilatos (Mt 27,19); “Ciertamente este era Justo”, en palabras del centurión (Lc 23,47); “Cristo murió una sola vez por los pecadores, el Justo por los injustos” (1Pe 3,18); “Pero si uno peca, tenemos a uno que aboga ante el Padre a Jesucristo, el Justo” (1Jn 2,1)

El Santo. Junto al título de Justo en Hch 3,14 se nos presenta el de Santo y se nos presenta con frecuencia este nuevo título en todo el NT. Jesús es el Santo de Dios, es el Siervo Santo de Dios, el Santo por excelencia. Él es el enviado y elegido, es el consagrado y unido a Él, de modo eminente. Siendo Dios el Santo por excelencia, todo lo que con Él se relaciona es Santo.

Aquí traemos algunos de los textos del NT: “Contra tu Santo Siervo Jesús a quien has ungido” (Hch 4,27); “Señales y prodigios por el nombre de su Santo Siervo Jesús” (Hch 4,30); “No permitirás que tu Santo experimente la corrupción” (Hch 2,27 en que se cita Sl 16,10, aunque aquí el texto dice “mi amigo”. Ya tenía pues una aplicación mesiánica en el judaísmo); “Por eso el que ha de nacer será Santo” (Lc 1,35); “Se que eres el Santo de Dios” en boca de los demonios (Lc 4,34; Mc 1,27); “Y nosotros creemos y sabemos que tu eres el Santo de Dios” (Jn 6,69); “Esto dice el Santo, el Veraz” (Ap 3,7).

La santidad es uno de los atributos esenciales del Dios de Israel (Lv 11,44-45; 19,2;20,7.26; 31,8; 22,32). La primera idea es la de la separación, de inaccesibilidad, de una trascendencia que inspira religioso temor. Esa santidad se comunica a lo que está cerca de Dios o le está consagrado: los lugares, los tiempos, el arca, las personas especialmente los sacerdotes (BJ Lv 17+). La santidad es el tema central de la predicación de Isaías, que con frecuencia llama a Yahveh “el Santo de Israel”. Esta santidad de Dios exige que también el hombre esté santificado, es decir separado de lo profano, purificado del pecado y que participe de la justicia de Dios (BJ Is 6,3+). Isaías repite la palabra Santo tres veces seguidas, como una forma de superlativo. Eso es lo que encontramos también en la liturgia de Ap 4,8 y en nuestras Eucaristías.

En Lv 11,44-45; 19,2 con frecuencia se dice: “Sed santos como yo Yahveh soy Santo”. Estas citas en el NT cambian la palabra Santo por “Sed perfectos…” (Mt 5,48); “Sed compasivos…” (Lc 6,36); “Sed puros…” (1Jn 3,3). Solo 1Pe 1,15-16 cita con exactitud: “Así como el que os llamó es Santo, así también vosotros sed Santos”.

Jefe, Juez. En Hch 3,15 nos encontramos con una expresión que se sigue cantando en la Secuencia de la misa de Pascua: “Dux vitae mortuus regnat vivus” (El jefe de la vida muerto, reina vivo). El texto nos habla de “Matasteis al Jefe que conduce a la vida”. Parecido título de Jefe se da en Hch 7,27.35 a Moisés, figura de Cristo. Allí Jefe va unido a Juez: “¿Quién te ha nombrado Jefe y Juez sobre nosotros?”, que hace referencia a Ex 2.14. También nos recuerda a Ex 3,10: “Para que saques a mi pueblo”

Si lo relacionamos con Juez encontramos algunos textos en el NT: “Constituido Juez de vivos y muertos” (Hch 10,42); “Ha fijado el día en que va a juzgar a los muertos con justicia” (Hch 17,31); “El Padre no juzga a nadie sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo” (Jn 5,12); “Y le ha dado el poder de juzgar porque es el Hijo del hombre” (Jn 5,17; “Ha de venir a juzgar a vivos y muertos” (2Tm 4,1); “Darán cuenta a quien esté a punto de juzgar a vivos y muertos” (1Pe 4,5).

Como trasfondo de este título de Juez podemos ver todo el libro de los Jueces. A los Jueces “mayores” los suscita Dios para librar al pueblo de la opresión, son Jefes carismáticos y salvadores. Los Jueces “menores” evidentemente ejercen su cargo, pero es difícil concretar sus atribuciones. Juzgar incluye la administración de la justicia pero la rebasa. El mismo verbo significa “gobernar”, y Juez es sinónimo de Jefe. El régimen de Jueces fue a nivel de ciudad o distrito, entre el gobierno tribal y la monarquía (BJ Jc 3,7+). Este sentido de Juez me ha hecho unirlo al de Jefe.

El texto de 1Cor 6,2 (“¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo”, con Cristo, Juez soberano), nos introduce en otro tema interesante para estudiar: Los títulos de Cristo aplicados a los cristianos.

Pastor. Íntimamente unido al título de Jefe y Juez podemos ver el título de Pastor. Este título está ampliamente usado en el NT. Muchas veces tanto en el AT como en el NT en relación a las ovejas descarriadas: “Nuestro Señor Jesucristo el gran Pastor de las ovejas” (Hb 13,20); “Erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y guardián de vuestras almas” (1Pe 2,25); “Al ver a la multitud sintió compasión de ella, porque estaban como ovejas son pastor” (Mt 9,36); “Dirigíos a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 10,6); “No he sido enviado mas que a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 14,24). Tenemos la parábola de la oveja descarriada en Mt 18,12-14 y Lc 15,4-7, con la preocupación de Dios de que nadie se pierda y de la alegría de encontrarla de nuevo.

Este concepto de la oveja perdida la tenemos expresada en todo el AT: “Todos nosotros como ovejas errábamos” (Is 53,5-6), “Para que no quede la comunidad de Yahveh como rebaño sin pastor” (Nm 27,17); “He visto a todo Israel disperso por los montes como ovejas sin pastor”(1Re 22,17); “Tu los llevarás como rebaño sin pastor” (Jdt 11,19); “Me he descarriado como oveja perdida. Ven en busca de tu siervo” (Sl 119,176); “Aquel día yo recogeré la oveja perdida, reuniré a la perseguida” (Mi 2,12; 4,6). La imagen de Rey - Pastor es antigua en el patrimonio literario de Oriente. Jeremías la aplicó a los reyes de Israel, para censurarlos de haber cumplido mal sus funciones (Jer 2,8; 10,21; 23,1-2) y pasa a anunciar que Dios daría a su pueblo nuevos Pastores que lo apacentaran en justicia (Jer 3,15; 23,4) y entre esos Pastores un “Germen” (Jer 23,5-6), el Mesías.

Ezequiel recoge en el capítulo 34 el tema de Jer 27,1-6, que más tarde volverá a utilizar Za 11,4-17; 13,7. Echa en cara a los pastores, aquí los reyes y jefes civiles del pueblo, sus crímenes. Yahveh les quitará el rebaño al que maltratan y él mismo se hará Pastor de su pueblo (ver Gn 48,15; 49,24; Is 40,11; Sl 80,2; 95,7; y 23). Se trata del anuncio de una teocracia a la vuelta del destierro. La descripción del reinado de un príncipe y el nombre de David que se le da, sugieren una era mesiánica sobre su pueblo en justicia y paz.. Se encuentra en este texto de Ezequiel el esbozo de la parábola de la oveja perdida de Mt y Lc, y sobre todo de la alegoría del Buen Pastor de Jn 10,11-18 que cotejándolo con Ezequiel aparece como una reivindicación mesiánica de Jesús. El Buen Pastor será finalmente uno de los temas iconográficos más antiguos del cristianismo. (NJ Ez 34+)

En el AT tenemos sobre todo el Salmo 23 en que la solicitud divina por los justos es descrita bajo la imagen del Pastor: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”. También Is 40,11 nos recuerda el mismo cuidado providente de Dios: “Como Pastor pastorea a su rebaño, recoge en brazos a los corderitos, en su seno los lleva y trata con cuidado a las paridas”.

Es de destacar el título de Mayoral que 1Pe 5,4 le da a Jesús, el soberano Pastor, en un ambiente de servicio y para animar a los lideres o ancianos: “Apacentad la grey de Dios que se os ha encomendado” (1Pe 5,1-2), que nos recuerda la despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso: “Tened cuidado… de la grey” (Hch 20,28)

Sacerdote. Ver Mesías sacerdotal examinado antes. Este título lo tenemos casi exclusivamente en la carta a los Hebreos. Melquisedec, rey – sacerdote es una figura profética de Cristo. El silencio insólito de la Escritura (Gn 14) sobre sus antepasados y sus descendientes sugiere que el sacerdocio representado por él es eterno y es superior a los sacerdotes, hijos de Leví. Y la argumentación se apoya principalmente en el Salmo 110,4, cuando el texto atribuye al Rey – Mesías, que no es de la ascendencia levítica, un sacerdocio eterno, anuncia para los tiempos mesiánicos la sustitución del sacerdocio antiguo, considerado ya como inferior (BJ Hb 7,1+; 7,11+).

Tenemos otros pequeños detalles de este título de Sacerdote aplicado a Jesús: “La túnica era sin costura, tejida de una sola pieza”(Jn 19,23). Esto es una posible alusión al sacerdocio de Cristo en la cruz. La vestimenta del Sumo Sacerdote no debía tener costura. Otro detalle lo tenemos en Ap 1,13: “Vestido de una túnica talar”, propia del sacerdote. El Mesías aparece en sus funciones de Juez; uno de sus atributos, el de sacerdote, está descrito por ese símbolo de la larga túnica (BJ Ap 1,13+).

En el Apocalipsis aparece con frecuencia la expresión “Ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para nuestro Dios y Padre” (Ap 1,6; 5,10). Y en Ap 4,4 nos habla de los 24 ancianos que ejecutan su función sacerdotal y real.

Piedra angular. Este parece un título extraño, pero que es muy frecuentemente usado en el AT y en el NT. La cita básica del AT es Sl 118, 22-23: “La piedra que los arquitectos desecharon, en piedra angular se ha convertido; esto ha sido obra de Yahveh, una maravilla a nuestros ojos”. La piedra angular, o clave de bóveda, que puede convertirse en “piedra de escándalo”, es un tema mesiánico que designará a Cristo en el NT (BJ Sl 118,23+).

Dice Is 28,16: “He aquí que yo pongo por fundamento en Sion una piedra elegida, angular, preciosa y fundamental, el que tenga fe en ella no vacilará”. En el tárgum de este texto se aplicaba al Rey – Mesías. El Salmo 118, 22-23 es citado expresamente en Mt 21,42, puesto en boca de Jesús en la parábola de los viñadores; en Hch 4,11 en el discurso de Pedro en el Sanedrín y en 1Pe 2,6-7. En este último caso une el Salmo 118, 22-23 con Is 28,6 completado este último con Is 8,16: “En piedra de tropiezo y roca de escandalo”.

Piedra angular y piedra de escándalo están a veces unidos en los textos citados: “Tropezará contra la piedra de tropiezo, como dice la escritura: ‘He aquí que pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de escandalo, mas el que crea en él no será confundido (Rm 9,33). En Mt 16.18 se nos dice de Pedro: “Yo te digo que tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Pero en Mt 13,23 Jesús le dice a Pedro: “Tu eres escándalo (piedra de tropiezo) para mi”

Como ocurre con otros títulos mesiánicos, el significado pasa a los apóstoles y a los cristianos: “Edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda la edificación, bien trabada, se eleva hasta formar un templo santo en el Señor” (Ef 2,20); “Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo” (1Cor 3,10-11); “Las murallas de la ciudad se asientan sobre doce piedras” (Ap 21,14)

Primogénito. En Col 1,15, se expone en forma díptica la primacía de Cristo; primero en el orden de la creación: “Primogénito de toda creación”; segundo en orden de la re-creación sobrenatural que es la redención: “Primogénito de entre los muertos”. Es primogénito de la creación con una primacía de excelencia y de causalidad, más que de tiempo. En Rm 8,29 Pablo nos dice: “Los predestinó a ser la imagen de su hijo, para que fuera Él el Primogénito entre muchos hermanos”. Y en 1Cor 15,20: “Cristo resucitó de entre los muertos, como primicia de los que durmieron”. Ap 1,15 saluda: “De parte de Jesucristo… el Primogénito de entre los muertos”. Lc 2,7 recalca: “María dio a luz a su Primogénito” y en 2,23 recuerda la norma de Ex 13,2.11 “Todo varón Primogénito será consagrado al Señor”.

Según los más antiguos códigos de Israel los primogénitos de los hombres y de los animales pertenecen a Dios. Los textos de Ex 13 vinculan esta consagración a la salida de Egipto y a la decima plaga, la matanza de los primogénitos. Los levitas son consagrados a Dios en sustitución de los primogénitos de Israel (BJ Ex 13,11+) Todos sabemos como en las culturas antiguas se da una importancia muy grande a los primogénitos, aunque en la Biblia vemos cómo con frecuencia se introduce el tema del menor preferido al primogénito, con lo que se manifiesta la libre elección de Dios, su desdén de las grandezas terrestres y su predilección por los humildes. Este tema se repite a menudo en el Génesis: Isaac preferido a Ismael; Jacob a Esaú; Raquel a Lía, lo mismo que a los hijos de esta. Y esto ocurre en toda la Biblia: David preferido a sus hermanos (1Sm 16,12); Salomón preferido a Adonías (1Re 2,15) etc (BJ Gn 4,5+). En algún caso se pierde la primogenitura por algún delito (Rubén en Gn 49,4).

En Za 12,10 tenemos el famoso texto del “Traspasado”, que será citado por Jn 19,37 y Ap 1,7. La muerte del traspasado se sitúa en un contexto escatológico: levantamiento del asedio de Jerusalén, duelo nacional y apertura de una fuente saludable. Allí aparece esta expresión: “Le llorarán amargamente, como se llora amargamente a un Primogénito”. En la realización de la salvación intervendrán, pues, un sufrimiento y una muerte misteriosa. Es un paralelo de la figura del Siervo de Yahveh de Isaías (BJ Za 12,10+)

Novio o Esposo. En Jn 3,29 tenemos un título que nos puede parecer extraño aplicado a Jesús. El Evangelista pone en boca del Bautista estas palabras. “El que tiene a la novia es el novio, pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio” (BJ Jn 3,29)

La imagen nupcial se aplica en el AT a las relaciones de Dios con Israel (Os 1,2). Jesús se las apropia en Mt 9,15: “¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les arrebatarán al novio, entonces ayunarán”. En Mt 22,1ss tenemos la parábola de los invitados a la boda: “El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebra el banquete de bodas de su hijo”; y en Mt 25,1ss “Las diez vírgenes que con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio”.

Lo tenemos también repetido en Ef 5,23-32, en que se establece un paralelismo entre el matrimonio humano y la unión de Cristo con su Iglesia y en 2Cor 11,2: “Os tengo desposados con un solo esposo, para presentaros cual casta virgen a Cristo”. Pablo , el amigo del novio, le presenta a la novia.

Las bodas del cordero, Ap 19,7 y 21,2, se han inaugurado ya con la alegría mesiánica en Jn 3,29 y en 2,1-11. Este último texto de las bodas de Caná tiene todos los rasgos de que ya se ha llegado a las bodas de Dios con la humanidad. Dios es representado en Jesús y la humanidad creyente en María: “Haced lo que Él os diga” y consecuencia de eso es la “inundación” de vino prometida por los profetas como expresión de la alegría máxima.

Desde Os 2 el amor de Yahveh a su pueblo estaba representado por el amor del esposo a la esposa (Jer 2,1-7; 3; 31,22; 51,1; Is 49,14-21; 50,1-10; 62,4-5;Ez 16; 23) (BJ 2Cor 11,2+) Oseas es el primero en representar bajo la imagen conyugal las relaciones de Yahveh con su pueblo, en la línea simbólica de la misma vida de Oseas. Antes (Ex 34,15-16) ya se veía la idolatría como una prostitución. Después de él el tema será recogido por los profetas Is 1,21; Jer 2,2; 3.1; 3,6-12. Ezequiel desarrolla el tema en dos grandes alegorías en los capítulos 16 y 23. La segunda parte de Isaías presentará la restauración de Israel como la reconciliación de la esposa infiel (50,1; 54,6-7; e Is 62,4-5)

Quizás hayan de verse también las relaciones de Yahveh con Israel bajo las imágenes nupciales del Cantar de los Cantares y del Salmo 45. En el NT al representar en Jesús la era mesiánica, como era de nupcias y sobre todo al manifestarse a si mismo como el novio, muestra que la alianza nupcial entre Yahveh y su pueblo se realiza plenamente en su persona. San Pablo utilizará también este tema que se recoge finalmente en el Apocalipsis. (BJ Os 1,2+)

Sabiduría, Palabra. La idea de la Sabiduría personificada, simple artificio literario en Pr 14,1 se desarrolló en Israel a partir del destierro, cuando el politeísmo dejó de ser una amenaza para la verdadera religión. Aunque en Jb 28 y Ba 3,9-4,4 la Sabiduría aparece como un bien deseable, exterior a Dios y al hombre, en Pr 1,20-23; 3,16-19; 8; y 9 se nos presenta como una persona. En Pr 8,22ss ella misma revela su origen (creada antes de toda criatura), así como la parte activa que toma en al creación y el papel que desempeña ante los hombres para llevarlos a Dios. No obstante en todos los textos en que la Sabiduría aparece personificada, como en otros pasajes la Palabra, es difícil de distinguir lo que hay de artificio poético, de expresión de viejas concepciones religiosas o de intuición de nuevas revelaciones.

Finalmente Sap 7,22-81 da la impresión de que la Sabiduría, “emanación de la Gloria del Omnipotente”, participa de la naturaleza divina, pero los términos abstractos que la describen convienen en un atributo divino tanto como una hipóstasis distinta.

La doctrina de la Sabiduría, así esbozada en el AT, será recogida por el NT donde se realizará un nuevo y decisivo progreso al aplicarse a la persona de Cristo. Jesús es designado como Sabiduría y Sabiduría de Dios (Mt 11,19; Lc 11,49; Mt 23,34-36; 1Cor 1,24-30). Cristo, al igual que la Sabiduría participa en al creación y conservación del mundo (Col 1,16-17), en la protección de Israel (1Cor 10,4). Finalmente el Prólogo de Juan atribuye al Verbo rasgos de la Sabiduría creadora, y todo el Evangelio joánico presenta a Cristo como la Sabiduría de Dios (Jn 6,35+). Así se explica que la tradición cristiana haya reconocido a Cristo en la Sabiduría del AT (BJ Pr 8,22+). En Jn 6,35 Jesús, como la Sabiduría (Pr 9,1), invita a los hombres a su banquete. Para Juan Jesús es la Sabiduría de Dios a la que la tradición bíblica tendía a personificar. Tal convicción se apoya en la enseñanza de Cristo perceptible ya en los sinópticos (Mt 11,19; Lc 11,31), mucho más acentuada en Jn 7,27-29; 8,14; 8,19. Solo Jesús conoce los misterios de Dios y los revela a los hombres (Jn 3,11-12; 3,31-32).

En el NT y gracias al hecho de la encarnación, tocaba a Juan deducir claramente el carácter personal de la Sabiduría, de la Palabra, del Verbo, subsistente y eterno. Pero esta personificación se halla ya preparada en otros pasajes como Hb 1,1-2: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo”. Ap 19,13: “Entonces vi el cielo abierto y había un caballo blanco… viste un manto empapado en sangre y su nombre es ‘Palabra de Dios’”. 1Jn 1,1-2: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y lo que tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Vida”

La Vid. En Jn 15,1 tenemos este título dado a Jesús: “Yo soy la vid verdadera”. Sobre la imagen de la viña conviene ver Jer 2,21: “Yo te había plantado de la cepa selecta, toda entera de simiente legítima; pues, ¿Cómo te has mudado en sarmiento de vid bastarda?” y el canto de mi amigo a su viña de Is 5,1ss. Jesús lo aplica en los sinópticos como parábola del Reino de los Cielos (Mt 20,1-8; 21,28-31; 28,33-34) y hace del fruto de la vid la Eucaristía de la Nueva Alianza. El se proclama a si mismo la verdadera Vid, cuyo fruto, el verdadero Israel, no causará decepción a las esperanzas divinas (BJ Jn 15,1+).

En Is 5 tenemos un poema compuesto por Isaías al comienzo de su ministerio, probablemente basado en alguna canción de vendimia. El tema de la viña de Israel, elegida y luego repudiada ya está en Os 10,1 y lo repite Jeremías (2,21; 5,10; 6,9; 12,10) y Ezequiel (15,1-8; 17,3-10; 19,10-14). También está en Sl 80,9-19. Otros aspectos del tema de la viña están en Dt 32,32-33 y Si 24,17; 5,1

Conclusión

Otros aspectos podríamos examinar para ver cómo mirar el AT con los lentes de Jesús y como la vida de Jesús es expresada con palabras del AT. Este estudio no ha intentado más que introducirnos en el tema. Soy consciente de los fallos y lagunas, pues ha sido realizado solo como inicio de una comprensión mayor de la figura de Jesucristo en el estudio de la Biblia. Espero que sea de provecho.

José Miguel Celma, cmf