Corría el año 1951. Mi hermano de 6 meses había tragado una pequeña cruz metálica de 8 puntas, de esas que se usaban con aceite y en el medio estaba el pabilo para luz de noche. Los médicos lo desahuciaron.

Corría el año 1951. Mi hermano de 6 meses había tragado una pequeña cruz metálica de 8 puntas, de esas que se usaban con aceite y en el medio estaba el pabilo para luz de noche. Los médicos lo desahuciaron. Se lo entregaron a mi madre para que muriese en casa porque no era posible que un bebé pudiese pasar ese metal sin cortarle los intestinos. Mi madre, desolada, emprende en viaje de regreso al pueblo. Una mujer se le acerca en el tren cuando la ve llorar. Mi madre le cuenta el tremendo drama. Esa mujer la consuela y le da una estampa con una reliquia. “Récele con devoción a este santo y verá que todo se arreglará”. Mi madre, mujer de profunda fe, hace una novena a ese nuevo santo. Unos días más tarde, mi hermanito despide sin problemas el metal. Los médicos no se lo explican… Mi hermano, Víctor, tiene ahora 66 años y vive en Argentina.

Pasan unos años y un tímido misionero llega al pueblo y me pregunta si no quiero ir al seminario. Yo tenía 11 años.

Hablan… mi madre le cuenta lo sucedido a mi pequeño hermano. Sí – el ‘santo’ recién canonizado es San Antonio M. Claret y el misionero un Claretiano, muy tímido, recién ordenado sacerdote y haciendo su primera misión.

El seminario fue una experiencia feliz. Pasamos muchas privaciones – hasta hambre, pero éramos felices. Corren los años. Yo termino los estudios teológicos en Washington, D.C, en Estados Unidos y regreso a Argentina para trabajar en pastoral universitaria durante 6 años. Un día recibo una invitación del P. General preguntando si estaba dispuesto a prestar un servicio en Filipinas, ya que sabía inglés.

Llegué a Filipinas a principios de 1978 con un destino de 5 años que luego resultaron 27 años. La realidad de este país, socialmente muy similar a nuestros países de América Latina, me lanzó a un ministerio totalmente nuevo: compartir en Filipinas la experiencia de un modelo nuevo de Iglesia, inspirado en el Vaticano II, y vibrante en ese momento en nuestra América Latina.

Poco a poco fui aprendiendo el oficio de ‘publicaciones’ y fue allí donde tuve interiormente un fuerte encuentro con el P. Claret. Recordé todo el trabajo editorial del P. Claret, con los medios tan pobres del siglo 19, especialmente la “Biblia con manecitas”. Los obstáculos fueron muy grandes… pero uno de los primeros libros que publiqué decía: “Si sabes a dónde vas, el mundo se para y te deja pasar”. No fue fácil. Cuando le presenté el P. Provincial la idea de dedicarme a las publicaciones para hacer puente entre la Iglesia de la base de América Latina y Filipinas, me dijo textualmente: “Recuerda que eres párroco y esa es tu primera obligación; lo que hagas con tu tiempo libre es cosa tuya. Y, segundo, nunca nos pidas dinero, porque no tenemos”. Así nació Claretian Publications en Filipinas. Al cabo de un par de años ya estaba dedicado a tiempo completo a las publicaciones.

Siempre me ha iluminado la intuición del P. Claret: “Válganse de todos los medios posibles para la evangelización”. Publicaciones era un ministerio nuevo… yo no tenía ninguna experiencia… ¡se hizo camino al andar!

Recuerdo que cuando publicamos 160 títulos volvimos la mirada al P. Claret, nuevamente, recordando que con los pobres medios de su tiempo él también había llegado a publicar una cifra similar. Pero seguimos y ya van más de mil títulos.

Luego vino la Biblia: “servidores de la Palabra” – otro rasgo donde el P. Claret nos sirvió de modelo… esa ‘biblia con las manecitas’ nos sirvió de inspiración para llevar la Palabra de Dios al pueblo sencillo. Hemos publicado la Biblia en 12 idiomas y actualmente estamos terminando una nueva traducción al chino moderno, acompañada de comentarios y de una guía para la Lectio Divina para cada capítulo de la Biblia.

Filipinas quedó atrás en 2006 cuando Publicaciones pasó a otras manos y mi nuevo destino me trajo a Macao, pero un trabajo centrado también en publicaciones, pero dirigido especialmente a China continental.

Muchas veces me pregunté: ¿Qué haría el P. Claret en esta inmensa frontera? La ‘Definición del Misionero’ que el P. Claret nos da en su autobiografía nos sirvió de inspiración… ¡todo un manifiesto!

El P. Claret se sirvió de colaboradores para llevar adelante su misión. A lo largo de los años se fueron añadiendo un grupo de personas muy seleccionadas que sintieron la misma pasión por este ministerio. Son un grupo de laicos que inspirados en el carisma claretiano están dedicando sus vidas a este trabajo… consagrados para la misión. Un dicho de Confucio viene a la mente: “Encuentra el trabajo que amas y ese será el último día de tu vida en que trabajes”. Estos colaboradores viven para la misión.

También, con el paso de los años, algunos compañeros de trabajo descubrieron su vocación misionera y hoy son misioneros Claretianos.

China fue y es una experiencia única. Para un extranjero publicar libros religiosos en China es algo inaudito, sin embargo, una voz me decía al oído: ‘nada le arredra al misionero…”. Lo que se hizo en Filipinas—fomentar un nuevo modelo de Iglesia a través de publicaciones, lo estamos haciendo ahora en China – con todos los permisos, naturalmente. Una experiencia que superó expectativas fue el contacto con una imprenta en China, donde desde hace 20 años estamos imprimiendo nuestros libros, especialmente las biblias que luego se envían a muchos países. En Febrero 2017, hubo un acto de reconocimiento en Macao a la labor realizada y asistieron varios dirigentes de la imprenta Amity (600 empleados y solo el 3% son cristianos – es la imprenta más grande del mundo en imprimir biblias). Recojo estas palabras del Director, el Sr. Li:

“Si he hecho algo, ha sido por la influencia de cristianos, gente como tu y otros que contribuyen sus energías, tiempo y dinero para la labor misionera. Aunque todavía no soy cristiano, me da mucha alegría ver salir las Biblias de la imprenta porque sé que la gente las está esperando y les llevará paz a sus corazones lo cual es bueno para una sociedad harmoniosa”.

En estos días se cumplen 60 años de aquel encuentro con un joven sacerdote Claretiano que me preguntó si quería ser misionero. El sueño evangelizador y el celo misionero del P. Claret me han acompañado en todas las etapas de mi vida… y en los planes de Dios, incluso desde que mi pequeño hermano fuera sanado ‘milagrosamente’ por ese santo recién canonizado.



P. Alberto Rossa, CMF
Hong Kong