Nuestro Editorial

¿Cómo hacer que esta pascua tenga acentos diferentes en nuestras vidas? Siendo una fiesta litúrgica especialmente importante para todos, procuremos que no termine en la celebración de la resurrección de Jesús, hagamos que esta culminación del proceso de cuaresma y pascua marque un nuevo comienzo, un nuevo proyecto de vida personal. Hagamos de esta dinámica un proceso transformador personal y comunitario.

En este camino encontramos desafíos urgentes. Uno de ellos es el que propone el Papa Francisco en la Encíclica Laudato Si: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar…” (LS 13). ¿Sería posible proponernos vivir una “pascua ecológica”?

El triduo pascual comienza con el lavatorio de los pies (Jn 13,14). Jesús nos muestra que es posible revertir el orden establecido cuando no se ajusta al proyecto de vida. El servicio entre unos y otros, la gratuidad de nuestra entrega hace posible una resistencia a un sistema que todo lo mercantiliza. Dice el Papa: “Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo… hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos… se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración” (LS 202).

Reflexionemos estas palabras a la luz del texto del Viernes Santo (Jn 18 y 19) Jesús prisionero, Pedro siguiendo de lejos y una mujer que le pregunta: “¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre?". Somos hoy, el discipulado de “ese hombre” o en el camino de nuestro seguimiento se ha ido desfigurando? Es preciso tomar conciencia y reorientar nuestra práctica discipular.

En el anuncio de Pascua (Mc 16,6) aparece el consuelo para las mujeres discípulas: “No se asusten; ustedes buscan a Jesús… ha resucitado, no está aquí…” Es el anuncio de esperanza para quienes estamos en el discipulado permanente y encontramos a diario situaciones de muerte. Y, cuando la muerte parece haberlo vencido todo: “... no todo está perdido, porque los seres humanos… pueden volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan…” (LS 205).

Reorientemos nuestro discipulado ofreciendo nuestro corazón a este proyecto de la vida haciéndonos eco de las palabras del Papa Francisco cuándo dice: “… la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior… Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” (LS 217)

Finalmente, podemos asumir este compromiso: Mi vocación cristiana es hoy ser “protector de la obra de Dios”, ¡La esencia para vivir nuestra “pascua ecológica”!

Alejandro Quezada, cmf

Diario Bíblico