Consulta diaria

Primera lectura: 1Cor 15,1-11: 
Esto es lo que predicamos
Salmo: 117:
Den gracias al Señor porque es bueno
Evangelio: Lc 7,36-50: 
Sus pecados están perdonados

 

36 En aquel tiempo, un fariseo lo invitó a comer. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa.
37 En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra,
38 se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra.
39 Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora.
40 Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Contestó: Dilo, maestro.
41 Le dijo: Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta.
42 Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más?
43 Contestó Simón: Supongo que aquél a quien más le perdonó. Le replicó: Has juzgado correctamente.
44 Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello.
45 Tú no me diste el beso de saludo; desde que entré, ella no ha cesado de besarme los pies.
46 Tú no me ungiste la cabeza con perfume; ella me ha ungido los pies con mirra.
47 Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró. Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra.
48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
49 Los invitados empezaron a decirse entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona pecados?
50 Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

Comentario

 

Esta escena resalta a una mujer que encuentra a un hombre capaz de perdonar. Ella intuye que Jesús trasparenta la bondad de Dios y por eso se arriesga a entrar a casa del fariseo para ponerse a sus pies y ser desbordada por ese torrente de amor que trasmite aquel profeta no reconocido por los anfitriones. Jesús sabe dónde está la llaga social y permite que la mujer toque sus pies y de este modo eleva su dignidad de ser humano, porque ella se abrió a la realidad de la salvación ofrecida.

Jesús, es el profeta esperado, y en esta escena se cuestiona su misión liberadora. El fariseo ve el mal como un estigma que se debe atacar con toda la fuerza de la ley de Moisés. Sin embargo, Jesús piensa en la fuerza del bien para sanar lo que está dañado, en el bien que tiene poder de purificar y salvar lo que está perdido, lo que está marginado.

¿Estoy entrando en esa dinámica del Reino que acontece?