Consulta diaria

Primera lectura: Dn 7,9-10.13-14: 
Vi a un anciano con vestido blanco
Salmo: 95
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierraVi a un anciano con vestido blanco
Segunda lectura: 2Pe 1,16-19: 
Oímos esta voz del cielo
Evangelio: Mt 17,1-9: 
Su rostro resplandecía como el sol

18a Semana Ordinario Transfiguración del Señor

1 En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada.
2 Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz.
3 De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
4 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió una voz que decía: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Escúchenlo.
6 Al oírlo, los discípulos cayeron boca abajo temblando de mucho miedo.
7 Jesús se acercó, los tocó y les dijo: ¡Levántense, no tengan miedo!
8 Cuando levantaron la vista, sólo vieron a Jesús.
9 Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó: No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Comentario

 

Hoy la Iglesia celebra la Transfiguración del Señor. En el evangelio, se nos narra que Pedro, Santiago y Juan vieron la divinidad de Jesús en la montaña, lugar del encuentro con Dios. La divinidad se ha manifestado en la profecía (Elías) y en la liberación del pueblo (Moisés). Ahora Jesús manifiesta la plenitud de la comunicación de Dios con su pueblo. En la transfiguración se descubre la llamada del discípulo a bajar de la montaña, a no quedarse con lo cómodo de la experiencia de fe, sino a enfrentar las exigencias del seguimiento de Jesús.

En la Transfiguración del Señor hay un itinerario de fe, subir a la montaña, encontrarnos con Dios por medio de la Palabra para divisar la belleza de la creación, las luchas de los pueblos y los sufrimientos de las ciudades. No podemos omitir bajar de la montaña, enfrentar las realidades humanas con la fuerza de Dios, con el compromiso permanente de escuchar a Jesús, el hijo amado.

¿Cómo es la Transfiguración motivo de alegría y de compromiso en nuestro discipulado?