Consulta diaria

Primera lectura: Rom 14,7-12: 
Somos del Señor
Salmo: 26: 
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida
Evangelio: Lc 15,1-10: 
Hay alegría por un pecador convertido

 

1 En aquel tiempo todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar a Jesús.
2 Los fariseos y los doctores murmuraban: Éste recibe a pecadores y come con ellos.
3 Él les contestó con la siguiente parábola:
4 Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla?
5 Al encontrarla, se la echa a los hombros contento,
6 se va a casa, llama a amigos y vecinos y les dice: Alégrenseconmigo, porque encontré la oveja perdida.
7 Les digo que, de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten arrepentirse.
8 Si una mujer tiene diez monedas y pierde una, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca con mucho cuidado hasta encontrarla?
9 Al encontrarla, llama a las amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la moneda perdida.
10 Les digo que lo mismo se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepienta.


Comentario

 

Las parábolas revelan la experiencia de Dios que acontece en Jesús. Cada parábola nos señala un rasgo de Dios y su reinado. Hoy leemos las parábolas denominadas “de la misericordia”. Son tres en conjunto: la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo perdido…

Podríamos titularlas como la oveja encontrada, la moneda recuperada y el hijo retornado. Los destinatarios son los publicanos y pecadores, es decir, los impuros o excluidos de las estructuras religiosas vigentes. Pero también están los escribas y fariseos representantes del poder religioso, adversarios de Jesús. Las dos primeras parábolas, la oveja y la moneda perdida y hallada, tienen como protagonista a un hombre y una mujer.

Los dos han perdido algo muy valioso y, aunque tienen muchas más, no escatiman esfuerzos por buscarlas hasta hallarlas. Y luego se alegran con todos. Así es el corazón de Dios. Se afana y busca a cada uno, porque todos, sin exclusión ninguna, son importantes. Y es una experiencia para vivirla y alegrarse con la comunidad.

¿En nuestra comunidad se acoge a los que están “perdidos”?

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