Consulta diaria

Primera lectura: Isaías 5,1-7: 
La viña del Señor es Israel
Salmo: 79:
La viña del Señor es la casa de Israel 
Segunda lectura: Filipenses 4,6-9: 
La paz de Dios estará con ustedes
Evangelio: Mateo 21,33-43: 
Arrendará la viña a otros

27o ORDINARIO  Francisco de Asís (1226) 

33 En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: Escuchen otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; después la arrendó a unos viñadores y se fue.
34 Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó a sus sirvientes para recoger de los viñadores el fruto que le correspondía.
35 Pero los viñadores agarraron a los sirvientes y a uno lo golpearon, a otro lo mataron, y al tercero lo apedrearon.
36 Envió otros sirvientes, más numerosos que los primeros, y los trataron de igual modo.
37 Finalmente, les envió a su hijo, pensando que respetarían a su hijo.
38 Pero los viñadores, al ver al hijo, comentaron: Es el heredero. Lo matamos y nos quedamos con la herencia.
39 Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.
40 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿cómo tratará a aquellos viñadores?
41 Le respondieron: Acabará con aquellos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen su fruto a su debido tiempo.
42 Jesús les dijo: ¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular; es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro?
43 Por eso les digo que a ustedes les quitarán el reino de Dios y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos.

Comentario

En este mes tan misionero (DOMUND) y tan claretiano (fiesta de San Antonio María Claret) somos invitados estos domingos a descubrir y conocer las características del Reino de Dios para aceptarlo y formar parte de él. El profeta Isaías nos presenta a manera de relato, de una viña y su dueño, la historia entre el Señor y su amado, el pueblo de Israel, a quien ofreció afecto y ternura y tuvo que terminar con severidad y desgracia porque Israel se negó a dar buenos frutos y acabó finalmente siendo exiliado.

El Señor pedía “derecho y justicia” y sólo recibió “asesinatos y lamentos”. Pablo como contraparte en su carta a los Filipenses nos anima a tener profunda confianza en la providencia divina que nos hace rechazar la angustia y la ansiedad. Y con todo esto se nos exhorta entonces a vivir los valores del Reino sabedores de la presencia de Jesús que guarda nuestros corazones y nos ofrecerá su paz. Así se dará el fruto que Dios espera de nosotros.

En el Evangelio, partiendo también de la parábola de la viña, Jesús se enfrenta a las autoridades religiosas de su época. La viña ahora es la Iglesia, somos nosotros. Dios quiere que respondamos con fidelidad y agradecimiento por los dones recibidos y no como los viñadores homicidas infieles y malagradecidos a la alianza pactada con el dueño de la viña. Hoy se nos desea recordar que formar parte del Reino pide acoger a los enviados del Padre y, especialmente, a Jesús, la piedra angular de la nueva construcción. Somos invitados a realizar con urgencia un autoexamen.

¿Somos un pueblo que estamos produciendo frutos del Reino?

“Fruto” es una palabra frecuente en el evangelio de Mateo. La verdadera conversión lleva a un cambio de vida, a una radical obediencia a Dios. El Evangelio es una invitación a promover una “vida convertida”, que podemos resumir en los dos mandamientos de amar a Dios y amar al prójimo. No esperemos a que el Señor busque a otros que “le entreguen los frutos a su tiempo”. Jesús no quiere amenazar a nadie, sino conducir a los que lo escuchan a una verdadera conversión. El Maestro toca directamente al corazón y a la conciencia, provocando una reacción de adhesión o de rechazo.

¿Cómo estás respondiendo a la llamada que Dios te dirige?
¿Estamos produciendo hoy los frutos que responden a la realidad que vivimos?