Consulta diaria


Primera lectura
: Isaías 42,1-4.6-7:
Miren a mi siervo, a quien prefiero
Salmo: 28:
El Señor bendice a su pueblo con la paz  
Segunda lectura
: Hechos 10,34-38: 
Ungido por la fuerza del Espíritu Santo
Evangelio: Lucas 3,15-16.21-22: 
Jesús también se bautizó

 

15 Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban por dentro si Juan no sería el Mesías,
16 Juan se dirigió a todos: Yo los bautizo con agua; pero viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno para soltarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego.
21 Todo el pueblo se bautizaba y también Jesús se bautizó; y mientras oraba, se abrió el cielo,
22 bajó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma y se escuchó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.


Comentario

 

Los liderazgos que la palabra de Dios convoca se distinguen del resto por un inquebrantable compromiso con el derecho de los pobres y marginados. Los líderes movidos por el Espíritu no pueden sino trabajar por los más desvalidos entre los hijos de Dios. Este tipo de liderazgo es una carencia notable en los países latinoamericanos, ¡por centurias tan cristianizados y tan católicos! Esto precisamente, no es sino el síntoma inequívoco de que el Evangelio no ha echado las raíces profundas que debiera, ni dará los frutos esperados en nuestras sociedades. Padecemos de esquizofrenia entre religión y ética. La coherencia ética con la fe en Cristo es raquítica. La religión se presta a la manipulación y medra con el estatus de corrupción imperante. Nos urge una regeneración, pero con los genes del Evangelio.

La fiesta del día nos hace reflexionar en el liderazgo que Dios quiere para su pueblo, coronado en el Mesías, Cristo Jesús, pero también en el liderazgo de todos y cada uno de los bautizados, gracias al Espíritu Santo que todos hemos recibido. Cada persona bautizada participa del Espíritu de Cristo y hace suya su misión. El bautismo no es como el boleto de entrada a un estadio para contemplar un espectáculo; así viven muchos fieles su participación eclesial, incluso la litúrgica: como si tuvieran la salvación garantizada por haber sido bautizados. En realidad, el bautismo introduce en la alianza con Cristo Jesús para prolongar su quehacer entre los más necesitados; para esto es que recibimos el Espíritu Santo, y para esto es toda la vida sacramental de la Iglesia católica. Los impulsos espirituales que de allí broten serán estériles si no desembocan en servicio a los más necesitados, en todas las esferas de la vida. Se trata de una gran búsqueda y esfuerzo en el que todo el pueblo de Dios tiene que participar.

En la línea del magisterio latinoamericano, la identidad de todo creyente cabe ser comprendida como una de “discípulos misioneros”. No solo en una dirección intimista ni intraeclesial, sino también hacia la transformación de las estructuras económicas, políticas, y culturales en que se verifica la identidad bautismal; por eso llama a sumar la evangelización en la dinámica de la liberación integral, del proceso de humanización, y como reconciliación e inserción social (ver Documento de Aparecida, 358-359).

¿Qué tipo de liderazgos estamos fomentando, y para qué?

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