Consulta diaria


Primera lectura
: Flp 4,10-19: 
Todo lo puedo en aquel que me conforta
Salmo: 111: 
Dichoso quien teme al Señor
Evangelio: Lc 16,9-15: 
¿Quién les confiará lo que vale?

 

9 Enseñó Jesús: Yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se acabe, ellos los reciban en la morada eterna.
10 El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho.
11 Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les confiará el legítimo?
12 Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?
13 Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: porque odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.
14 Los fariseos, que eran muy amigos del dinero, oían todo esto y se burlaban de él.
15 Él les dijo: Ustedes pasan por justos ante los hombres, pero Dios los conoce por dentro. Porque lo que los hombres tienen por grande Dios lo aborrece.


Comentario

 

La generosidad es una virtud encomiada por las culturas y sociedades más diversas. Se le llama caridad, limosna, también solidaridad. Conocemos decenas de refranes que encierran verdades profundas y que empujan a ser generosos: “Quien mucho da, mucho recibe”, “Tarde da quien espera que le pidan”, “Mejor es saber dar que mucho dar”. Jesús busca que los bienes sean compartidos, y Pablo ha experimentado el socorro solidario de los filipenses, a los que encomia su atención. Es preciso educarnos en esta virtud. La generosidad obliga a mirar a alguien en necesidad. Allí anida la oportunidad para la misericordia. El movimiento es hacia la persona, primero, pero simultáneamente a remediar oportunamente la carencia. “No es lo mismo predicar que dar trigo”, reza el dicho. Es preciso dar algo que sea significativo para el necesitado, de otra manera nuestra acción será más autocomplacencia que solidaridad. Hay que abrir el espíritu a la reacción del beneficiado, dejemos que se exprese. Tampoco reprimamos la sensación de bienestar que nos produce ser generosos. Repitamos esto hasta que se nos vuelva habitual y virtuoso.