Consulta diaria


Primera lectura
: 1Cor 3,9c-11.16-17: 
Ustedes son templo de Dios
Salmo: 45: 
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios
Evangelio: Jn 2,13-22: 
Hablaba del templo de su cuerpo

 

13 Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén.
14 Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero sentados.
15 Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas;
16 a los que vendían palomas les dijo: Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado.
17 Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora.
18 Los judíos le dijeron: ¿Qué señal nos presentas para actuar de ese modo?
19 Jesús les contestó: Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré.
20 Los judíos dijeron: Cuarenta y seis años ha llevado la construcción de este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
21 Pero él se refería al santuario de su cuerpo.
22 Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron que había dicho eso y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.


Comentario

 

El ansia de trascendencia que alienta en el ser humano, lo ha llevado a otorgar un carácter diferente a ciertos espacios, tiempos, objetos y personas. Lo otro, lo extraordinario, lo que está más allá de mí y me rebasa se manifiesta en ese ámbito exclusivo, delimitado como sagrado. Los santuarios son eso, espacios exclusivos donde se manifiesta lo trascendente. Si exprimimos el relato de Juan, Jesús reprueba violentamente una sacralidad que hace del mercado su patrón. Lo sacro se constituye con la vigencia de las Escrituras que exigen del templo ser un espacio de encuentro, un lugar donde se activa la memoria discipular al leer y compartir las Escrituras, y donde el cuerpo del Resucitado es el patrón de vida. Esto es todo un programa para nuestras comunidades eclesiales. Pablo, por su parte, aviva la conciencia de que la sacralidad es personal, porque el creyente ha sido cimentado en Cristo resucitado y participa de él, con la recepción de la Buena Nueva y su incorporación a la comunidad de salvación, el templo de Dios. ¿Se manifiesta en nosotros la vida del Resucitado?