Consulta diaria


Primera lectura
: Flp 3,3-8a: 
Lo que era ganancia lo consideré pérdida
Salmo: 104: 
Que se alegren los que buscan al Señor
Evangelio: Lc 15,1-10: 
Habrá alegría en el cielo por un pecador convertido

 

1 En aquel tiempo todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar a Jesús.
2 Los fariseos y los doctores murmuraban: Éste recibe a pecadores y come con ellos.
3 Él les contestó con la siguiente parábola:
4 Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla?
5 Al encontrarla, se la echa a los hombros contento,
6 se va a casa, llama a amigos y vecinos y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la oveja perdida.
7 Les digo que, de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten arrepentirse.
8 Si una mujer tiene diez monedas y pierde una, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca con mucho cuidado hasta encontrarla?
9 Al encontrarla, llama a las amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la moneda perdida.
10 Les digo que lo mismo se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepienta.


Comentario

 

El conocimiento supremo de Cristo Jesús es la máxima aspiración de Pablo; lo demás puede asumirse como pérdida. Esas frases paulinas penetran la inteligencia porque transmiten lo que hay en el corazón y están trenzadas en su experiencia de vida. El Apóstol es convincente porque está convencido del Evangelio. Asimismo cada uno de los cristianos hemos de afanarnos por el conocimiento supremo de nuestro Señor, al grado de considerar basura lo demás. Pablo no habla de que ese conocimiento sublime de Cristo sea esotérico o accesible a unos cuantos. Él habla de lo que constata en su propia persona, en dos características: el poder de la resurrección y la solidaridad en sus padecimientos. El sello cristiano distintivo es justamente el de la fe pascual. Los dolores y limitaciones ahora experimentados, no son sino invitación a la gracia de la resurrección. Se quedan inutilizados si no nos transforman en el Resucitado. Hay muchos lugares y muchos corazones que aguardan conocer a Cristo, no en su cruz, sino en la fuerza de su resurrección. Hasta allí hay que llevar el Evangelio.