Consulta diaria


Primera lectura
: Fil 2,5-11: 
Se humilló, por eso Dios lo exalto
Salmo: 21: 
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Evangelio: Lc 14,15-24: 
Vengan, todo está preparado

 

15 En aquel tiempo, uno de los invitados dijo a Jesús: ¡Dichoso el que se siente al banquete del reino de Dios!
16 Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos.
17 Hacia la hora del banquete envió a su sirviente a decir a los invitados: Vengan, ya todo está preparado.
18 Pero todos, uno tras otro se fueron disculpando. El primero dijo: He comprado un terreno y tengo que ir a examinarlo; te ruego me disculpes.
19 El segundo dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego me disculpes.
20 El tercero dijo: Me acabo de casar y no puedo ir.
21 El sirviente volvió a informar al dueño de casa. Éste, irritado, dijo al sirviente: Sal rápido a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a pobres, mancos, ciegos y cojos.
22 Regresó el sirviente y le dijo: Señor, se ha hecho lo que ordenabas y todavía sobra lugar.
23 El señor dijo al sirviente: Ve a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa.
24 Porque les digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.


Comentario

 

Hoy escuchamos hablar de autoconfianza, como clave para una vida armoniosa y equilibrada. La falta de ella tiene consecuencias deplorables en nuestro desarrollo personal. De una parte, nos conducimos como dependientes permanentes, es decir, incapaces de lograr algo por nosotros mismos, y, de otra, cultivamos una actitud de inferioridad al compararnos con los demás. Lo que conseguimos con esto es una fuente de dolor emocional que desemboca en desequilibrios y frustración. Cuando Pablo pide a los creyentes humillarse como Cristo, no quiere que el cristiano pierda la seguridad en sí mismo, ni que se suma en el dolor, sino que renuncie a ir tras el honor y la gloria propios, sometiéndose a la gloria y honor de Dios. Ese sometimiento a Dios nace de una conciencia clara y libre, que puede estar empañada. Preguntémonos, por ejemplo, si Cristo muerto y resucitado es el ideal de nuestra vida; identifiquemos los ingredientes culturales y mediáticos que son contrarios a la obediencia de Cristo; transformemos los pensamientos y actitudes negativos que alimentamos por otros que nos hagan valorarnos como hijos del mismo Dios.