Consulta diaria

Primera lectura: Gén 2,18-24: 
Y serán los dos uno solo
Salmo: 127:
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo
Segunda lectura: Heb 2,9-11: 
El santificador y el santificado tienen el mismo origen
Evangelio: Mc 10,2-16:
Lo que Dios unió, no lo separe el hombre

 

2 En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron a Jesús: ¿Puede un hombre separarse de su mujer?
Les contestó: ¿Qué les mandó Moisés?
4 Respondieron: Moisés permitió escribir el acta de divorcio y separarse.
Jesús les dijo: Porque son duros de corazón Moisés escribió ese precepto.
6 Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer,
7 y por eso abandona un hombre a su padre y a su madre, se une a su mujer
8 y los dos se hacen una sola carne. De suerte que ya no son dos, sino una sola carne.
Así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
10 Una vez en casa, los discípulos le preguntaron de nuevo acerca de aquello.
11 Él les dijo: El que se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio contra la primera.
12 Si ella se divorcia del marido y se casa con otro, comete adulterio.
13 Le traían niños para que los tocara, y los discípulos los reprendían.
14 Jesús, al verlo, se enojó y dijo: Dejen que los niños se acerquen a mí; no se lo impidan, porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
15 Les aseguro, el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
16 Y los acariciaba y bendecía imponiendo las manos sobre ellos.


Comentário

 


No es buena la soledad. La mejor compañía es la conformada por el dinamismo: varón-mujer. Es un compartir la misma igualdad, la radical dignidad de los dos, en diálogo con las diferencias enriquecedoras de lo femenino y lo masculino. Esa si es una relación que hace exclamar a Adam: es hueso de mis huesos y carne de mi carne. La humanidad sigue soñando como Adán en esa relación, en ese intercambio, en ese proyecto común de mujeres y varones todavía lejos de haber conseguido esa igualdad radical. Esa es la felicidad que buscamos en este mundo todavía machista y patriarcal y que el salmo 127 nos presenta como un cuadro de felicidad. Habrá momentos difíciles pero la familia que busca al Señor y sigue su proyecto encontrará felicidad. Serán dichosos, les irá bien. Y será dichosa la humanidad.

A esa felicidad plena nos conduce la carta a los Hebreos: a soñar en esa nueva humanidad. A soñar en Jesús como conductor del nuevo pueblo de Dios por el camino de la salvación, como Sacerdote de la nueva alianza, Como santificador con su sangre derramada en la cruz. Ha sido la humanidad de Jesús sometida a la kénosis, a la pequeñez, la que ha hecho posible y visible su entrega total, y la que nos ha conquistado esa nueva humanidad.

El evangelio nos dice que esta conquista de Jesús está en marcha, pero que es un proceso, hay fracasos, hay casuística donde vemos que todavía no se cumple. Los fariseos quieren quedarse tranquilos con la casuística, con las normas de Moisés solo para resolver los fracasos, que son solo de un lado, los fallos de las mujeres y no las de los varones. Esa alianza de Dios con la raza humana y que tiene en el matrimonio como su símbolo histórico más expresivo, está amenazado, está en crisis en el mundo de hoy.

La Ley mosaica quiso arreglarlo con el permiso del divorcio en algunos casos. Pero la respuesta de Jesús va al fondo. Moisés se vio forzado a hacer una concesión por la dureza del corazón. El sueño, el proyecto es que varón-mujer formen una sola carne, un solo proyecto de vida. Este es el reto de nuestra época: seguir manteniendo el proyecto original del Génesis y de Jesús con respecto al matrimonio y la familia y al mismo tiempo discernir cada caso con el dinamismo evangélico de la compasión y la misericordia.