Consulta diaria

Primera lectura: Job 38,1.12-21; 40,3-5: 
¿Has mandado a la mañana?
Salmo: 138:
Guíame, Señor, por el camino eterno
Evangelio: Lc 10,13-16: 
Quien me rechaza, rechaza al que me envió

 

13 En aquel tiempo Jesús les dijo: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque, si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y Sidón, hace tiempo habrían hecho penitencia vistiéndose humildemente y sentándose sobre cenizas.
14 Y así, el juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para ustedes.
15 Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? Pues caerás hasta el abismo.
16 Y dijo a sus discípulos: El que a ustedes escucha a mí me escucha; el que a ustedes desprecia a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me envió.


Comentário

 

La oferta evangelizadora de Jesús y de los apóstoles no puede ser rechazaba si va acompañada de los milagros del reino. Pero las distracciones de la vida secan el corazón, sellan su capacidad de recibir el agua limpia de la palabra de vida. Las amenazas de Jesús no pueden interpretarse como una condena sin remedio, sino como un aviso para seguir atentos a los signos de los tiempos. Ahora nos toca a nosotros continuar esta tarea bien unidos a Él. Ahora somos la prolongación de la presencia de Jesús.

El verdadero problema es que nosotros no siempre hacemos bien el trabajo, no predicamos acompañando los milagros, los signos del reino con la predicación. El reto es que nuestras vidas, el modelo de comunidades cristianas a las que pertenecemos no son de verdad “milagrosas”, es decir, cargadas de signos del reino, vidas consoladoras del sufrimiento de las personas, vidas proféticas, anunciadoras de otro modelo de sociedad y de trato a la madre tierra. Causa mucha alegría escuchar de labios de Jesús: El que a ustedes escucha a mí me escucha.