Consulta diaria

Primera lectura: Job 19,21-27: 
Sé que mi Defensor está vivo
Salmo: 26:
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida
Evangelio: Lc 10,1-12:
Su paz descansará sobre ellos

 

1 En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos [en dos], a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir.
2 Les decía: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha.
3 Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos.
No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie.
5 Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa.
6 Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes.
7 Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa.
8 Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan.
9 Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes.
10 Si entran en una ciudad y no los reciben, salgan a las calles y digan:
11 Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y se lo devolvemos. Con todo, sepan que ha llegado el reino de Dios.
12 Les digo que aquel día la suerte de Sodoma será menos rigurosa que la de aquella ciudad.


Comentário

 

Los misioneros del evangelio anuncian el reinado de Dios. No van buscando prosélitos, anuncian ese modelo de mundo que Dios quiere. Por ese motivo su método de trabajo, sus vidas y su testimonio, son el primer anuncio. Su estilo de vida va a provocar el contagio y va a ser una invitación irresistible para abrazar este nuevo camino. Tener corazón de pobre, no apoyarse en el poder y la riqueza que son los ídolos que hacen sufrir a los millones de inocentes del mundo. Porque buscar seguridades es contradecir el mensaje.

La pobreza no significa desprecio de los bienes maravillosos que Dios nos ha regalado. Es todo lo contrario: la oferta del mensajero del reino es invitarnos a participar en un banquete de abundancia, la pobreza del misionero del reino es una expresión de libertad y de gratuidad. Porque el evangelio no se impone, se ofrece. Y la gran tarea es curar y predicar, liberar y anunciar la sorprendente noticia de un Dios Padre-Madre. Negarse, a decir “no” a la palabra es autoexcluirse de esa oferta de felicidad total.