Consulta diaria

Primera lectura: Núm 21,4-9: 
Los mordidos de serpiente sanarán
Salmo: 77:
No olviden las acciones del Señor
Segunda lectura: Flp 2,6-11: 
Dios lo exaltó sobre todo
Evangelio: Jn 3,13-17: 
El Hijo del hombre será elevado

24ª Semana Ordinario Exaltación de la S. Cruz

 
13 En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre.
14 Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre,
15 para que quien crea en él tenga vida eterna.
16 Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna.
17 Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

 
Comentario

La cruz y muerte de Jesús no fue algo improvisado sino consecuencia de una convicción profunda: la lucha por la justicia. En el contexto de la liturgia de hoy, la cruz no debe destacarse solo como un signo de piedad nada más sino como un signo del compromiso total del amor que Dios tiene para con la humanidad y por lo mismo, impulsarnos a tomar el riesgo de asumir la causa de Jesús.

De esta manera, la cruz ya no es solamente el madero y símbolo de la muerte, ni tampoco el signo de la derrota y del sufrimiento. No, en Jesús la cruz es señal de la fidelidad a Dios y a la humanidad; es la insurrección de la vida ante la muerte.

Es la clara expresión de una firme convicción: “que el mal no tiene la última palabra”. Podemos preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a cargar “la cruz”, solidarizarnos con los crucificados de esta historia, luchar por la justicia y asumir las consecuencias de esta convicción? ¿Contemplamos “la cruz” de Jesús sin hacer absolutamente nada?