Consulta diaria

Primera lectura: 1Tim 2,1-8: 
Dios quiere que todos se salven
Salmo: 27:
Bendito el Señor que escuchó mi voz suplicante
Evangelio: Lc 7,1-10: 
No he visto tanta fe en Israel

24ª Semana Ordinario Juan Crisóstomo (407)

 
1 En aquel tiempo, cuando concluyó Jesús su discurso al pueblo, Jesús entró en Cafarnaún.
2 Un centurión tenía un sirviente a quien estimaba mucho, que estaba enfermo, a punto de morir.
3 Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos judíos notables a pedirle que fuese a sanar a su sirviente.
4 Se presentaron a Jesús y le rogaban insistentemente, alegando que se merecía ese favor:
5 Ama a nuestra nación y él mismo nos ha construido la sinagoga.
6 Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: Señor, no te molestes; no soy digno de que entres bajo mi techo.
7 Por eso yo tampoco me consideré digno de acercarme a ti. Pronuncia una palabra y mi muchacho quedará sano.
8 Porque también yo tengo un superior y soldados a mis órdenes. Si le digo a éste que vaya, va; al otro que venga, viene; a mi sirviente que haga esto, y lo hace.
9 Al oírlo, Jesús se admiró y volviéndose dijo a la gente que le seguía: Una fe semejante no la he encontrado ni en Israel.
10 Cuando los enviados volvieron a casa, encontraron sano al sirviente.

 
Comentario

En publicaciones de internet, como los "memes", se hace referencia constante al hecho religioso. Algunos dejan entrever de forma pintoresca que no necesariamente profesar una religión te hace mejor persona. Pareciera que el bien y el amor no dependen absolutamente de creer en Dios o de profesar una religión. En el evangelio hay un fenómeno parecido en la petición que el centurión hace a Jesús. Tras el amplio discurso de las bienaventuranzas, Jesús entra a Cafarnaún y ahí se presenta un grupo de ancianos que interceden por un centurión que tiene a un servidor enfermo. Lo sorprendente del relato es la fe de este hombre que con humildad reconoce a Jesús como su Señor. Este centurión, si bien, goza de empatía con el judaísmo, no tiene nada que ver con Jesús, pero enseña a través de su confesión, que la fe es más grande que la de muchos creyentes judíos. Dios siempre nos sorprende y muchas veces obra en las personas que menos lo esperamos, incluso fuera de los espacios religiosos o institucionales.