Consulta diaria

Primera lectura: Is 35,4-7a: 
Los oídos del sordo se abrirán
Salmo: 145
Alaba, alma mía, al Señor
Segunda lectura: Sant 2,1-5: 
¿No ha elegido Dios a los pobres para heredarles el reino?
Evangelio:
Mc 7,31-37: 
Hizo oír a los sordos y hablar a los mudos

 

31 En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis.
32 Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él.
33 Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva;
34 levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Effatá, que significa ábrete.
35 Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente.
36 Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban.
37 Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.


Comentário

 

Isaías predice, prepara, nos da un avance del proyecto evangelizador de Dios en las prácticas evangélicas de Jesús. Dios está decidido a eliminar la cobardía del corazón. Las cegueras se curarán, las sorderas desaparecerán, las parálisis humanas serán eliminadas. Es el preanuncio de una humanidad libre, feliz, que escucha a Dios hablando en los signos de los tiempos, que ve la realidad del oprimido, que vence toda timidez y cobardía. El salmo convierte en oración esta bella noticia de un Dios que hace justicia a los oprimidos, y que defiende a los huérfanos y a las viudas. ¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres como protagonistas de este nuevo mundo que Jesús llama el Reino? Es lo que expresa Santiago denunciando el culto cuando este se desvincula del oprimido. Los valores del mundo son el dinero, el poder, el prestigio. Las comunidades de Jesús son alternativas. Y por eso las expresiones de culto deben ser proféticas y no escandalosas reproduciendo en los mismos ritos el esquema de mundo injusto donde al oprimido es despreciado.

Las comunidades de Jesús deben dar testimonio donde los oprimidos, los ciegos, los sordos, los pobres andrajosos sean los predilectos de nuestras liturgias. Eso es lo que nos enseña Jesús en el evangelio, quien con su palabra poderosa hace huir las cegueras, las sorderas y las parálisis. Su palabra y su oración: un Jesús que mira al cielo y suspira una oración. Así su palabra queda cargada de fuerza creadora como al origen del universo. Un Jesús que no solo cura la sordera y la mudez físicas, sino también por dentro. Por eso separa al sordomudo de la muchedumbre y dialoga con él en secreto. Y le aconseja no publicarlo superficialmente como una propaganda equivocada de sólo éxito pastoral y de una simple fama del mensajero.

Advertencia difícil para el que ha sido curado, pero un buen aviso para ensanchar el concepto de Mesías de Jesús, y de profeta del reino. Lo que importa es la vida recuperada de los sufrientes de dolencias físicas y dolencias interiores. Jesús está cumpliendo la profecía de Isaías. Aquí hay alguien que hace hablar a los mudos y oír a los sordos, capaz de levantar a los oprimidos del mundo para convertirlos en oyentes del secreto del reino y constructores, voceros, del mismo en una humanidad sorda y muda, a pesar de tanto desarrollo.