Consulta diaria

Primera lectura: 1Tes 4,9-11: 
Dios les enseñó a amarse
Salmo: 97:
El Señor llega para regir los pueblos con rectitud
Evangelio: Mt 25,14-30: 
Has sido fiel, pasa al banquete

21ª Semana Ordinario Junípero Serra (1784) Agustín (430)

 
14 El aquel tiempo Jesús les contó a sus discípulos esta parábola: Un hombre que partía al extranjero; antes llamó a sus sirvientes y les encomendó sus posesiones.
15 A uno le dio cinco bolsas de oro, a otro dos, a otro una; a cada uno según su capacidad. Y se fue.
16 Inmediatamente el que había recibido cinco bolsas de oro negoció con ellas y ganó otras cinco.
17 Lo mismo el que había recibido dos bolsas de oro, ganó otras dos.
18 El que había recibido una bolsa de oro fue, hizo un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.
19 Pasado mucho tiempo se presentó el señor… El que había recibido cinco bolsas de oro le presentó otras…
21 Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor…
22 Se acercó el que había recibido dos bolsas de oro, le presentó otras dos…
23 Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor…
24 Se acercó también el que había recibido una bolsa de oro y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que cosechas donde no has sembrado y reúnes donde no has esparcido.
25 Como tenía miedo, enterré tu bolsa de oro; aquí tienes lo tuyo.
26 Su señor le respondió: Sirviente indigno y perezoso…
28 Quítenle la bolsa de oro y dénsela al que tiene diez.
29 Porque… al que no tiene se le quitará aun lo que tiene.
30 Al sirviente inútil expúlsenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
 
Comentario

El Señor nos ha revestido con un “capital divino” (bolsas de oro), según nuestras capacidades, para hacerlo producir hasta que el Señor nos pida cuentas del uso que hayamos hecho de ello. Debemos recordar que no somos dueños de nuestra vida sino sólo administradores de sus dones. Los frutos que demos en la vida revelan nuestros dones. Por esta razón, aquellos talentos que nos rehusamos a desarrollar o “enterrar” y no dan fruto no los merecemos, porque ocultarlos es como insultar o reírse de quien nos los dio. Es claro que, enterrarlos por pereza o apatía, es una traición a la confianza que el Señor, dador de todos los dones, ha puesto en nosotros.

La justicia exige que aquellos dones sean dados a otros que cumplan con la intención del donante. Dios nos ha dado muchos dones para que construyamos con ellos el Reino. Dios espera frutos no apariencias.

¿Cuáles son mis dones, los conozco y los pongo a trabajar?