Consulta diaria

Primera lectura: 1Cor 2,10b-16: 
Humanamente, no capta lo que es el Espíritu
Salmo: 144
El Señor es justo en todos sus caminos           
Evangelio: Lc 4,31-37:         
Los espíritus inmundos le obedecen

 

En aquel tiempo,
31 bajó Jesús a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente.
32 Estaban asombrados de su enseñanza porque hablaba con autoridad.
33 Había en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, que se puso a gritar:
34 ¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡el Consagrado de Dios!
35 Jesús le increpó diciendo: ¡Calla y sal de él! El demonio lo arrojó al medio y salió de él sin hacerle daño.
36 Se quedaron todos desconcertados y comentaban entre sí: ¿Qué significa esto? Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.
37 Su fama se difundió por toda la región.


Comentário

 

Jesús se revela con autoridad frente al poder del mal que destruye la vida y la dignidad de las personas. Eso significa estar endemoniado. Es estar alienado por un espíritu que anula la conciencia de la persona o del grupo. Curiosamente la acción ocurre al interior de la sinagoga, lugar de estudio y oración de las Escrituras, y en día sábado dedicado al culto divino. Esto indica que es la sinagoga como estructura socio-religiosa la que está endemoniada. Es decir, que no genera actos de humanización de las personas y de la comunidad. Por eso los demonios confrontan a Jesús. Lo conocen pero no lo soportan porque les descubre la ineficacia de su acción, les desenmascara sus intenciones ocultas: alienar y explotar al pueblo desde las instituciones religiosas. Jesús habla y actúa con autoridad, es decir, con coherencia de vida. Su palabra libera, salva, humaniza y sus acciones corroboran la eficacia de su palabra. Por eso puede derrotar las fuerzas del mal y devolver la paz y la vida a las personas. ¿De qué males o “demonios” necesitamos liberarnos hoy?