Consulta diaria

Primera lectura: 1Cor 2,1-5: 
Les he anunciado a Cristo
Salmo: 118
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!            
Evangelio: Lc 4,16-30:        
Ningún profeta es aceptado en su patria

 

16 Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura.
17 Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y encontró el texto que dice:
18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos,
19 para proclamar el año de gracia del Señor.
20 Lo cerró, se lo entregó al ayudante y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.
21 Él empezó diciéndoles: Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura.
22 Todos lo aprobaban, y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: Pero, ¿no es éste el hijo de José?
23 Él les contestó: Seguro que me dirán aquel refrán: médico, sánate a ti mismo. Lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún, hazlo aquí, en tu ciudad.
24 Y añadió: Les aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria…
28 Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron.
29 Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, con intención de despeñarlo.
30 Pero él, abriéndose paso entre ellos, se alejó.


Comentário

 

La sinagoga es, para los Judíos, el lugar de reunión de la comunidad para la escucha de la ley y los profetas, la oración y la enseñanza por parte de los rabinos o maestros. Jesús, como buen Judío, entra el sábado en la sinagoga de su pueblo Nazaret. Allí proclama el texto correspondiente al profeta de Isaías en el que se anuncia la intervención liberadora de Dios a favor de su pueblo, los pobres, los encarcelados, los oprimidos y excluidos. Jesús pronuncia la homilía o enseñanza en la cuál resalta tres aspectos: el cumplimiento de la profecía en su propia persona, la incredulidad de su pueblo y la apertura del mensaje de salvación para todos los pueblos de la tierra. Ese fue el motivo por el cual el pueblo se enfureció con Jesús y pretendían matarlo. Siempre los profetas, consagrados por Dios, resultan incómodos para quienes tienen el corazón anclado en una falsa religiosidad que aliena y no libera ni dignifica a los seres humanos. ¿Cómo se ejerce el don de la profecía en tu comunidad de fe?