Consulta diaria

Primera lectura: Dt 4,1-2.6-8: 
Guarden los mandamientos del Señor
Salmo: 14
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?                       
Segunda lectura: Sant 1,17-18.21b-22.27: 
Practiquen la palabra
Evangelio: Mc 7,1-8.14-15.21-23:       
Dejan el mandamiento de Dios

 

1 En aquel tiempo se acercaron a Jesús un grupo de fariseos y algunos letrados venidos de Jerusalén.
2 Vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavárselas
3 porque los fariseos y los judíos, en general, no comen sin antes lavarse cuidadosamente las manos, observando la tradición de sus mayores;
4 y si vuelven del mercado, no comen si no se lavan totalmente; y observan otras muchas reglas tradicionales, como el lavado de copas, jarras y ollas y mesas.
5 De modo que los fariseos y los letrados le preguntaron: ¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los mayores, sino que comen con manos impuras?
6 Les respondió: Qué bien profetizó Isaías de la hipocresía de ustedes cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí;
7 el culto que me dan es inútil, ya que la doctrina que enseñan son preceptos humanos.
8 Ustedes descuidan el mandato de Dios y mantienen la tradición de los hombres.
14 Llamando de nuevo a la gente, les dijo: Escuchen todos y entiendan.
15 No hay nada afuera del hombre que, al entrar en él, pueda contaminarlo. Lo que lo hace impuro, es lo que sale de él.
21 De dentro, del corazón del hombre salen los malos pensamientos, fornicación, robos, asesinatos,
22 adulterios, codicia, malicia, fraude, desenfreno, envidia, blasfemia, arrogancia, desatino.
23 Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al hombre.


Comentário

 

El cumplimiento de la ley es un imperativo para todo miembro del pueblo de Israel. La ley es la garantía de la identidad nacional, de la práctica de la justicia en las relaciones cotidianas, de la convivencia en paz y armonía y de un estado de abundancia y bienestar para todo el pueblo. Pero también es el sello tangible e indeleble de la fidelidad absoluta del pueblo hacia Yahvé, el Dios que los liberó de la esclavitud del imperio Egipcio y les acompañó en la búsqueda de una tierra de libertad y de paz.

El salmo 14 precisa en qué consiste dicha fidelidad a la ley que sella la alianza entre Dios y su pueblo. Rectitud, honradez, respeto, solidaridad, justicia, verdad, libertad… valores fundamentales que sostienen la ley. Es verdad, una ley sin unos valores fundamentales se convierte en un instrumento de dominación y opresión. Solo los que asumen estos valores esenciales para la convivencia, pacífica, armónica y comunitaria pueden “habitar en la casa del Señor” es decir, formar parte del pacto de fidelidad y coherencia con Dios.

Santiago subraya el verdadero sentido de la experiencia de fe del seguidor de Jesús. La Palabra de Dios es para meditarla, comprenderla, asimilarla y practicarla. La Palabra se constituye en la nueva ley que inspira y orienta la vida cristiana. Y coloca tres aspectos centrales de la fe: solidarizarse con las víctimas de las estructuras injustas de este mundo (huérfanos y viudas = excluidos, explotados y marginados de la sociedad); y no dejarse manchar con las impurezas del mundo, es decir, la corrupción, la injusticia y la violencia. Para Santiago, en eso consiste la vivencia de la auténtica religión.

Jesús vuelve a centrar en el corazón la autenticidad de la ley y la alianza. Es la vivencia profunda de los valores espirituales, morales y humanos asumida desde lo más hondo del corazón lo que vale delante de los ojos de Dios. Queda, pues, claro que la auténtica fe no consiste en tradiciones religiosas, práctica de piedad, costumbres devocionales sino en el ejercicio permanente de la justicia, paz, solidaridad y comunión con los hermanos y, a través de ellos, con el Señor de la vida. ¿Cuáles son los valores esenciales, fundamentales, que orientan tu vida de creyente? ¿Cómo los vives?