Consulta diaria

Primera lectura: Jeremías 23,1-6: 
Reuniré a mis ovejas y les daré pastores
Salmo: 2:
El Señor es mi pastor, nada me falta 
Segunda lectura: Efesios 2,13-18: 
Él es nuestra paz
Evangelio: Marcos 6,30-34: 
Andaban como ovejas sin pastor

16o Ordinario Sinforosa y sus siete hijos mártires (s. II)

30 En aquel tiempo los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
31 Él les dijo: Vengan ustedes solos, a un paraje despoblado, a descansar un rato. Porque los que iban y venían eran tantos, que no les quedaba tiempo ni para comer.
32 Así que se fueron solos en barca a un paraje despoblado.
33 Pero muchos los vieron marcharse y se dieron cuenta. De todos los poblados fueron corriendo a pie hasta allá y se les adelantaron.
34 Al desembarcar, vio un gran gentío y se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas.
 
 
Comentario

La imagen que Jesús vio es la de “unas ovejas sin pastor”, que describe a un pueblo abandonado y falto de guía. La misión del pastor está en guiar o “conducir al rebaño a buenos pastos”, como nos dice el salmo, llevar esperanza y cuidar ellas, que están en medio de “cañadas oscuras” y “fuentes revueltas”. Esta imagen del pastor y el cuidado de los rebaños no refleja a los pastores de Israel, que son descritos y denunciados por el profeta como perversos y descuidados de su pueblo. Ante ello surge la propuesta de Dios de “un pastor” dispuesto a dar la vida por sus ovejas, que toma lo mejor de David, pastor de su pueblo y Jesús, el pastor supremo.

También el mundo de hoy está amenazado por lobos que quieren destruir los rebaños, representados en la fuerza del reino de la muerte que nos divide y nos dispersa. Lo describe la carta a los Efesios con otra imagen “muros que nos separan”, un mundo lleno de odios y separaciones discriminatorias, un mundo que oprime basado en leyes y mandamientos perversos que nos hacen sentir superiores a los otros. El sueño de Jesús, y también será el sueño de Pablo, es derribar esos muros y es eso exactamente lo que hace “con su cuerpo derriba los muros” haciendo las paces y creando un solo nuevo ser humano reconciliado y unido, dando muerte al odio para que nazca el Reino.

Jesús busca un día de retiro con los discípulos queriendo descansar y estar solo con ellos, apartados de la gente, pero esto es imposible. La gente tiene hambre del mensaje, de escuchar a Jesús. Lo persiguen a todos los lugares, les interesa escucharle porque viene a ofrecer esperanza y salvación en un mundo vacío. Corren detrás de su voz y su agua, como ovejas detrás de su pastor. La respuesta de Jesús será “se puso a enseñarles”.

Lo más profundo no son las palabras que enseña, sino su misma persona, que ellos entiendan su sueño por un reino diferente. Hay muchos y muchas, Mons. Romero y otros mártires, que han perseguido el sueño de Jesús y han tenido que dar la vida, como el pastor. Este sueño de Jesús ratifica nuestro compromiso por el reino y sus luchas.

Dar la vida como el pastor, como Jesús, con la esperanza puesta en la vida que nos ofrece. Vida nueva para los que son vulnerables a los ataques de los lobos de hoy. ¿Somos signos de la armonía del reino? ¿Cuáles son hoy los muros que nos dividen, y cómo los superamos?