Consulta diaria

Primera lectura: Jr 18,1-6: 
Como barro en manos del alfarero
Salmo: 145
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob
Evangelio: Mt 13,47-53: 
Reúnen los peces buenos

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
47 El Reino de los cielos se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie.
48 Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla, y sentándose, reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran.
49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos
50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
51 ¿Lo han entendido todo? Le responden que sí,
52 y él les dijo: Pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.
53 Cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí.


Comentário


El tiempo de Jesús estaba marcado por el exclusivismo y el elitismo, desde los romanos, los mismos griegos y hasta los judíos tenían grupos que ejercían su poder sobre los demás: el control político-militar para Roma, la sabiduría griega y el fanatismo religioso y legalismo del mundo judío creaban en todos esos grupos ciertas exigencias que segregaban y marginaban a otros por no compaginar en sus círculos. Por su parte, Jesús ha venido enseñando que Dios no actúa así, Dios es un Padre que acoge a todos y, en especial, a los marginados de ese tipo de sociedades excluyentes. En consecuencia, la parábola presenta que Dios es como ese pescador que recoge todo tipo de peces; los buenos y los malos, no emplea métodos discriminatorios, en su oferta gratuita de salvación todos pueden ser atrapados en sus redes. Así pues, el evangelio nos detiene en analizar las lógicas y estructuras de este mundo tan desigual y excluyente, para hacer posible un Reino que sea igual para todos, sin distinción. En definitiva, un Reino que sea universal.