Consulta diaria

Primera lectura: Lam 2,2.10-14.18-19: 
Grita al Señor, laméntate, Sión
Salmo: 73
No olvides sin remedio a la vida de tus pobres
Evangelio: Mt 8,5-17: 
Vendrán de oriente y occidente

5 Al entrar en Cafarnaún, un centurión se acercó a Jesús y le suplicó:
6 Señor, mi muchacho está postrado en casa, paralítico, y sufre terriblemente.
7 Le dijo: Yo iré a sanarlo.
8 Pero el centurión le replicó: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas una palabra y mi muchacho quedará sano…
10 Al oírlo, Jesús se admiró y dijo a los que le seguían: Les aseguro, que no he encontrado una fe semejante en ningún israelita.
11 Les digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.
12 Mientras que los ciudadanos del reino serán expulsados a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
13 Al centurión, Jesús le dijo: Ve y que suceda como has creído. En aquel instante el muchacho quedó sano.
14 Entrando Jesús en casa de Pedro, vio a su suegra acostada con fiebre.
15 La tomó de la mano, y se le pasó la fiebre; entonces ella se levantó y se puso a servirle.
16 Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él con una palabra expulsaba los demonios, y todos los enfermos sanaban.
17 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.


Comentário

Si algo nos enseñan los evangelios sobre el ministerio de Jesús es que él estuvo en los escenarios donde la vida reclamaba sus derechos, anhelaba dignificación y justicia. Este movimiento existencial del Maestro fue posible no sólo por su fe en Dios, la coherencia de sus palabras y la autoridad de sus acciones, sino por su reacción ante la fe, las palabras y las situaciones de los agobiados y los oprimidos por el poder político y religioso. Las narraciones del evangelio de hoy de la curación del hijo del centurión y de la suegra de Pedro evocan este moverse a compasión de Jesús. La fe recíproca, la palabra compartida y el gesto interhumano tienen que ser acontecimientos de humanización. Reivindiquemos la palabra como lo expresa el poeta venezolano Rafael Cadenas en su poesía: “Que cada palabra, lleve lo que dice. Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido. […] Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas”. ¿Tu vida es “palabra y experiencia de Dios”?