Consulta diaria

Primera lectura: 2Re 24,8-17: 
Nabucodonosor deportó a Jeconías
Salmo: 78
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre
Evangelio: Mt 7,21-29: 
La casa edificada sobre roca

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
21 No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo.
22 Cuando llegue aquel día, muchos me dirán: ¡Señor, Señor! ¿No hemos profetizado en tu nombre? ¿No hemos expulsado demonios en tu nombre? ¿No hemos hecho milagros en tu nombre?
23 Y yo entonces les declararé: Nunca los conocí; apártense de mí, ustedes que hacen el mal.
24 Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca.
25 Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca.
26 Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre tonto que construyó su casa sobre arena.
27 Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa y ésta se derrumbó. Fue una ruina terrible.
28 Cuando Jesús terminó su discurso, la multitud estaba asombrada de su enseñanza;
29 porque les enseñaba con autoridad, no como sus letrados.


Comentário

Hemos llegado al cierre del Sermón de la Montaña y Jesús culmina sus enseñanzas con un criterio de discernimiento clave para la vida personal y comunitaria: no son los grandes discursos, ni las búsquedas de “milagros” y el prestigio adquirido, los rasgos de una auténtica religiosidad, sino el actuar según a la voluntad de Dios y su justicia. Para la vida cristiana este actuar supone varios rasgos evangélicos. Primero, capacidad para afinar el corazón a la reacción y anhelo de misericordia de los pobres y sufrientes. Segundo, actitud de lucha y pasión por crear condiciones de vida más justas y pacíficas. Tercero, ejercicio de una voluntad libre capaz de actuar movida por la responsabilidad y la solidaridad. Cuarto, cultivo de una fe lúcida y una espiritualidad encarnada que responda a las cuestiones vitales de la vida cotidiana. Quinto, mantener una visión profética atenta a los signos y desafíos de los tiempos. Sexto, donar sangre martirial que no es otra cosa que vivir tan humanamente como él vivió asumiendo con alegría las consecuencias. ¿Toda tu persona trasmite estos rasgos evangélicos?