Consulta diaria

Primera lectura: 1Re 17,7-16: 
El cántaro de harina no se vació
Salmo: 4
Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro
Evangelio: Mt 5,13-16: 
Ustedes son sal y luz

13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se le devolverá su sabor? Sólo sirve para tirarla y que la pise la gente.
14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte.
15 No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa.
16 Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.


Comentário

La sal sirve para salar la comida, conservar, dar sabor, pero no para salarse a sí misma. La luz ilumina el camino, los pasos, la casa, pero no se ilumina a sí misma. La fe no es propiedad privada de quien la ha recibido como don, sino para ser vivida como testimonio de amor a Dios y a los hermanos. La comunidad cristiana es un regalo de Dios a la humanidad a la que debe contagiar el sabor del Reino y a la que debe iluminar con los valores del evangelio. Una fe vivida como consumidores finales nos hace perder de vista el sentido profundo de nuestro bautismo: hacer presente el amor salvador de Dios ofrecido a la humanidad en Jesús de Nazaret. El destinatario final de nuestra fe y de nuestro testimonio es Dios mismo. Poder devolver amor al Dios bondad y misericordia que nos amó primero. Que seamos seguidores de Jesús, discípulos y discípulas del Reino, para que la humanidad entera sepa que tiene un Padre que la ama y que en Él toda la vida, la historia, la creación entera, tienen sentido.