Consulta diaria

Primera lectura: Éx 24,3-8: 
Esta es la alianza que hace el Señor
Salmo: 115
Alzaré la copa de salvación, invocando el nombre del Señor
Segunda lectura: Heb 9,11-15: 
La sangre de Cristo los purificará
Evangelio: Mc 14,12-16.22-26: 
Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre

12 El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, le dijeron los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
13 Él envió a dos discípulos encargándoles: Vayan a la ciudad y les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Síganlo
14 y donde entre, digan al dueño de casa: Dice el Maestro que dónde está la sala en la que va a comer la cena de Pascua con sus discípulos.
15 Él les mostrará un salón en el piso superior, preparado con divanes. Preparen allí la cena.
16 Salieron los discípulos, se dirigieron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
22 Mientras cenaban, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo.
23 Y tomando la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y bebieron todos de ella.
24 Les dijo: Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos.
25 Les aseguro que no volveré a beber el fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios.
26 Después cantaron los salmos y salieron hacia el monte de los Olivos.


Comentário

Fiesta del cuerpo y sangre de Jesús y de todos los cuerpos, incluido el cuerpo de la Madre Tierra. Fiesta de comunión con Jesús de Nazaret y con todos los seres vivos. Fiesta de la vida. Quienes celebramos el Cuerpo de Cristo nos comprometemos a respetar como sagrado el cuerpo de las y los demás. A sentir como propios el hambre, las injusticias, los olvidos, los maltratos hechos cualquier ser humano.
La Eucaristía no es algo que se adora, es Alguien a quien se ama y se sigue. Está ligada a la encarnación, al cuerpo de Jesús que se formó en el vientre de María. El que supo de sed y hambre, de abrazos y apretones fuertes de manos, el que se fatigó caminando por las aldeas de Galilea, el que sufrió la muerte en la cruz y la venció en su resurrección. Y la sangre de Jesús, la que engrosaba las venas de sus manos y de su cuello, cuando trabajaba duramente con troncos y piedras, la que le enrojecía el rostro cuando se indignaba ante las hipocresías, que le hervía en las venas cuando se enfrentaba a la injusticia, que le hacía palpitar el corazón cuando hablaba del Reino, esa es la sangre derramada en la Cruz y ofrecida en la Eucaristía. Por eso la Eucaristía está profundamente ligada a la vida de Jesús. No se puede separar la Eucaristía de todo lo que Jesús hizo y dijo para inaugurar una sociedad más justa y hermana, más igualitaria y verdadera.
En la celebración de la Eucaristía en las primitivas comunidades cristianas, se sentaron por primera vez el amo y el esclavo en la misma mesa y comieron el mismo pan. El cuerpo y la sangre de Cristo es también su comunidad, esa comunidad de hombres y mujeres que se aman como hermanos, hacen viva la memoria de Jesús de Nazaret y creen en esa sociedad de igualdad y justicia que Jesús inauguró para ser sal y luz del mundo. Iglesia cuerpo, casa de puertas abiertas y mesa compartida. Humanidad Cuerpo de Jesús. Corpus Christi, fiesta de la vida y la memoria en la que no sólo recordamos sino que nos comprometemos, con las acciones liberadoras de Jesús en favor de los más pobres y vulnerables, en favor de la igualdad de la mujer, en favor de los enfermos y desvalidos. Que cada celebración eucarística modele nuestras vidas al estilo de Jesús.