Consulta diaria

Primera lectura: Jds 17.20b-25:   
Dios puede preservarlos de tropiezos
Salmo: 62
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Evangelio: Mc 11,27-33   
¿Con qué autoridad haces esto?

27 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras caminaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos
28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces eso? ¿Quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?
29 Jesús respondió: Les haré una pregunta, si ustedes me responden yo les diré con qué autoridad lo hago:
30 El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de los hombres? Respóndanme.
31 Ellos discutían entre sí: Si afirmamos que del cielo, nos dirá que, por qué no le creímos.
32 ¿Vamos a decir que de los hombres? Tenían miedo a la gente, porque todos consideraban a Juan un profeta auténtico–.
33 Así que respondieron: No sabemos. Y Jesús les dijo: Entonces yo tampoco les digo con qué autoridad lo hago.


Comentário

Después de haber arrojado a cambistas y vendedores, Jesús paraliza el culto del Templo justo en la fiesta de Pascua, cuando más dinero se recaudaba. Entra en directa confrontación con los jefes y sabe que, con ese gesto profético, se juega la vida. Los dirigentes están resentidos y cuestionan a Jesús preguntando con qué autoridad hace lo que está haciendo. Con la autorización de quién se atreve a poner en cuestión toda la institución de Israel representada en el Templo de Jerusalén. Jesús no responde directamente sino que desenmascara la obstinación de los jefes con otra pregunta: ¿Con qué autoridad actuaba Juan el bautista? ¿Era de Dios o de los hombres? Jesús pide una respuesta clara y sincera, pero los jefes no pueden responder sin autoincriminarse y con toda hipocresía dicen que no lo saben. Jesús entonces, ante su mala voluntad, tampoco responde. Ha demostrado su autoridad, su soberana integridad y autonomía, como siempre. Si nos dejamos interrogar por Jesús hasta el fondo de nuestro corazón, ¿responderemos con sinceridad o con evasivas? ¿Estamos del todo con Jesús o mantenemos nuestras secretas hipocresías?