Consulta diaria

Primera lectura: Hch 2,36-41: 
Bautícense en nombre de Jesús
Salmo: 32:
La misericordia del Señor llena la tierra
Evangelio: Jn 20,11-18: 
He visto al Señor

En octava de Pascua. Vicente Ferrer (1419)

11 María estaba afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro
12 y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había estado el cadáver de Jesús.
13 Le dicen: Mujer, ¿por qué lloras? María responde: Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció.
15 Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el jardinero, le dice: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.
16 Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: Rabbuni, que significa maestro.
17 Le dice Jesús: Déjame, que todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes, a mi Dios, el Dios de ustedes.
18 María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: He visto al Señor y me ha dicho esto.

Comentario

“Mujer, ¿por qué lloras?”. Es la pregunta que tanto los ángeles como Jesús le hacen a María Magdalena. Ante la inminencia de la muerte y la “desaparición” del cadáver solo queda desconsuelo y desesperanza. Cuántas mujeres en el mundo, en nuestra América lloran desconsoladas ante la desaparición de sus hijos o sus familiares cercanos. María expresa el dolor y la impotencia frente a la muerte. No solo se ha matado el cuerpo. También la esperanza, el amor y la fe. Jesús agrega otra pregunta “¿A quién buscas?”. Es la misma pregunta que resonó en la noche de la traición.

Ahora la respuesta lo ilumina todo. El nombre de María pronunciado en los labios de Jesús expresa una nueva relación. Él es el Maestro que envía a la discípula a anunciar la buena noticia a los hermanos de aquel entonces y de todos los tiempos. Hasta a ti también ha llegado el eco armonioso de aquel envío. ¿En qué circunstancias próximas has escuchado la voz suave y esperanzadora del Resucitado?