Consulta diaria

Primera lectura: Is 50,4-9: 
Ofrecí la espalda
Salmo: 68:
Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor
Evangelio: Mt 26,14-25: 
¿Dónde quieres que preparemos la Pascua?

MIÉRCOLES SANTO Benjamín (S. V).

14 En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, se dirigió a los sumos sacerdotes
15 y les propuso: ¿Qué me dan si lo entrego a ustedes? Ellos se pusieron de acuerdo en treinta monedas de plata.
16 Desde aquel momento buscaba una ocasión para entregarlo.
17 El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
18 Él les contestó: Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: El maestro dice: mi hora está próxima; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos.
19 Los discípulos prepararon la cena de Pascua siguiendo las instrucciones de Jesús.
20 Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
21 Mientras comían, les dijo: Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar.
22 Muy tristes, empezaron a preguntarle uno por uno: ¿Soy yo, Señor?
23 Él contestó: El que se ha servido de la misma fuente que yo, ése me entregará.
24 El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquél por quien el Hijo del Hombre será entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
25 Le dijo Judas, el traidor: ¿Soy yo, maestro? Le respondió Jesús: Tú lo has dicho.

Comentario

Hoy el evangelio nos vuelca sobre la entrega que Jesús padeció a manos de Judas. En el relato de Mateo la traición pone el telón de fondo para la celebración pascual de Jesús con los suyos. Se entrevé una paradoja: mientras en la Pascua se celebra la liberación nacional de la esclavitud, Jesús será apresado para someterlo a la muerte. Es como si él fuera el traidor, un enemigo nacional. Por otra parte, celebrando Jesús con sus allegados, se deja oír esa nota discordante que trae dolor.

La celebración deviene en tristeza e inseguridad para los comensales, cuando el Señor revela la traición al grupo. Entonces, su voz no recoge lo anunciado, sino que lo certifica con tono duro por lo inevitable. El traidor es comensal a su mesa y allí también come el Hijo del Hombre; la entrega está por consumarse.

Las palabras de Jesús cimbran la fe del creyente ante la traición inminente: ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido! Pero Jesús ha entregado su vida para rescatar esa vida también, junto con la tuya y la mía.